Al escribir esta columna me encuentro con tres hechos destacados por la prensa chilena, los que sintetizan de un modo elocuente las contradicciones que muestra nuestra realidad actual:
1) Se anuncia la renuncia y reemplazo del Ministro de Educación, Felipe Bulnes -un destacado abogado cuya gestión a cargo de una conflictiva cartera ministerial, fue ampliamente reconocida- por el desgaste personal que le ocasionó un duro año de movilizaciones estudiantiles.
2) La Encuesta de Opinión Pública que elabora el Centro de Estudios Públicos, posiblemente la de mayor impacto político en el país, muestra una nueva caída en la popularidad del presidente Piñera, que alcanzó a un 22% en diciembre pasado, el porcentaje más bajo registrado por un presidente desde el retorno a la democracia en 1990.
Cabe añadir que dicha encuesta muestra también un importante rechazo a los diferentes grupos políticos, lo que en el caso de la coalición opositora se refleja en un índice de aprobación de solo 16% (esta cifra es de 22% para la coalición de gobierno).
3) Las cifras de la actividad productiva sectorial correspondiente al mes de noviembre mostraron un desempeño superior a lo proyectado por los analistas, lo que permite anticipar un mayor crecimiento para el cuarto trimestre del año 2011 y, consecuentemente, para el año completo. De acuerdo a estimaciones recientes del Banco Central, este sería cercano a 6,5%. Para el año 2012 el instituto emisor proyecta un crecimiento del PIB del orden de 4,3%, en consideración a una pérdida importante de dinamismo que se proyecta para la economía mundial, lo que provocaría un deterioro del orden de 7% en los términos de intercambio.
LOS DATOS POLÍTICOS. La renuncia del Ministro Bulnes puede ser un hecho anecdótico dentro del panorama global; sin embargo, refleja en buena medida el estado de ánimo que ha provocado un conjunto de movilizaciones sociales que comenzó con planteamientos en torno a la educación y los desafíos pendientes en esta área, para gradualmente ir dando paso a demandas de cambios profundos en la organización económica y política del país.
De hecho, los líderes del movimiento estudiantil se encuentran elaborando propuestas de reforma tributaria, dentro del marco de una agenda dirigida a elevar la presencia del Estado en la educación. En esta perspectiva, el objetivo ya no es el acceso de los grupos más pobres a la educación y/o la calidad de ésta, sino quién la ofrece, lo que desde mi perspectiva configura un escenario donde es difícil progresar sin infringir costos importantes a la eficiencia global de la economía, con todo lo que ello involucra.
No deja de sorprender el protagonismo que ha alcanzado en la discusión pública, la agenda planteada por los líderes del movimiento estudiantil y del Colegio de Profesores, considerando que el candidato presidencial que adoptó una visión similar a ésta -Jorge Arrate- obtuvo un exiguo porcentaje de votos en la última elección presidencial, en torno a un 5%.
SOBRE LAS CAUSAS. La evaluación de la popularidad del gobierno y del presidente Piñera en particular es compleja. Si bien se pueden discutir los resultados de la Encuesta del CEP, en general estos no son muy diferentes a los que arrojan otras encuestas de opinión pública. Una segunda mirada a dichos resultados hace necesario examinar la profundidad o "dureza" de los mismos, considerando que la tendencia de ésta y otras encuestas, muestra una devaluación aguda en la percepción pública de los diferentes sectores políticos. En otras palabras, no resulta evidente de encuestas como la mencionada, realizar inferencias acerca de lo que podría ocurrir en próximas elecciones parlamentarias y/o presidenciales.
En el caso específico del gobierno, su gestión se ha visto complicada por dos elementos importantes. Una oposición muy dura y por lo tanto poco disponible para buscar acuerdos en temas tan sensibles como el educacional antes mencionado; a ello se agrega una frecuente falta de identidad en las propuestas y planteamientos de las autoridades del gobierno.
A mi juicio, el segundo aspecto es clave puesto que corresponde a aquella parte del problema sobre la que pueden influir más directamente las acciones del gobierno. En concreto, esta hipótesis se refiere a la frecuente "confusión de banderas" que muestran algunas autoridades, las que se manifiestan en una incomprensible confianza en la "mano visible" del gobierno para resolver problemas de asignación de recursos, al tiempo que a menudo se responsabiliza al sistema de economía de mercado de una serie de males sociales, comenzando por una supuesta tendencia al abuso.
Sería imposible discutir en pocas líneas las consecuencias del modelo de economía de mercado aplicado en Chile desde mediados de los setenta, sin embargo parece oportuno precisar dos aspectos esenciales dentro del análisis. Este modelo se adoptó luego del evidente fracaso del modelo de fuerte presencia del Estado en la economía que prevaleció en el país con posterioridad a la Gran Depresión de los años treinta.
El desencuentro creciente entre los resultados que arrojó dicho modelo y las expectativas que alimentó, dio origen a la progresiva intensificación del mismo hasta su colapso, en un cuadro de enormes desequilibrios macroeconómicos. Desde mediados de los setenta, el nivel de vida de los chilenos ha aumentado en forma sustancial, en un marco de importante estabilidad macroeconómica.
De acuerdo con esta perspectiva, los problemas que subsisten en el sector educacional deben ser enfrentados a través de estrategias conducentes a elevar la inversión en el sector y elevar la eficacia con la que son asignados. Plantear que se requiere de una mayor presencia del gobierno en la oferta educacional sería retroceder muchas décadas en el debate. Del mismo modo, si se considera que en algunos mercados se registran prácticas abusivas de sus partícipes, entonces la solución es más competencia, lo que debería conducir a una revisión cuidadosa de la forma en que se encuentra funcionando la institucionalidad de defensa de la competencia, conocida como legislación anti-monopolio. Esta ha sido la estrategia que ha logrado aumentos considerables en el nivel de vida de los chilenos y resulta injustificado entregar señales confusas al respecto.
¿CÓMO VIENE 2012? El año que se inicia, se anticipa complejo para Chile. Por un lado, los líderes de los denominados "movimientos sociales" han anunciado nuevas jornadas de protestas, no obstante las importantes concesiones que ha realizado el gobierno a sus demandas. Por otro lado, el panorama económico internacional se vislumbra agitado, considerando que en la Euro Zona subsiste la necesidad de abordar -de un modo coherente y creíble- los problemas de endeudamiento de la mayoría de sus miembros. La economía norteamericana parece estar evolucionando favorablemente, aunque es prematuro asumir que se encuentra dentro de una sólida senda de recuperación.
Las primeras señales de inquietud frente a la turbulencia externa en la economía chilena han sido episodios puntuales de fuerte demanda por liquidez, en un marco de estrechamiento de la liquidez global, lo que ha provocado una efectiva reacción del Banco Central.
No obstante los problemas que plantea el cuadro externo, los principales desafíos que deberá enfrentar el gobierno de Chile en este año se encuentran en el plano doméstico, donde deberá enfrentar una estructura diversa de demandas. En estas se mezclan el deseo de algunos sectores de lograr mayores beneficios del gobierno a través de los mecanismos de presión, junto con el objetivo de cambiar una estrategia de desarrollo que ha dado muestras contundentes de su efectividad.