Brasil no crece como debería

FABIO GIAMBIAGI, DESDE RIO DE JANEIRO

Brasil vio frustradas tantas veces la recuperación del crecimiento después del Plan Real de 1994, que acabó popularizando la expresión "vuelo de gallina", que es simplemente la versión local del viejo stop and go de la lengua inglesa. La idea es que, como las gallinas, que dan vuelos cortos que no se pueden prolongar, la economía aspiró a volar en 1994, en 1996, en 1999 y en 2002, apenas para caer bajo el efecto de las crisis de 1995, 1997, 2001 y 2003, respectivamente. Cuando a partir de fines de 2003, la economía empezaba a dar muestras de iniciar un proceso bastante intenso de crecimiento, la pregunta de todos era si, como en otras oportunidades, sería un episodio más de ese proceso o si, por el contrario, por primera vez desde los años setenta el país podría ingresar en una senda de crecimiento duradero.

En otra oportunidad, analicé aquí en este mismo espacio la importancia del tema de la ocupación de capacidad, para poder responder a preguntas como la que fue antes planteada. En otras palabras, la respuesta a la cuestión de si Brasil podría crecer a un ritmo sostenido depende de cómo la inversión reaccione al ciclo de negocios, de forma a ampliar el llamado "producto potencial" y generar así la capacidad disponible que pueda ser ocupada mediante la expansión de la demanda.

Paralelamente, sin embargo, es importante complementar ese análisis desglosando las cifras de crecimiento en las categorías económicas tradicionales, de acuerdo a los rubros de producción por el lado de la oferta —en los tres grandes agregados— o por la composición de la demanda, abierta en consumo, inversión y comercio exterior. Es eso lo que haremos en esta nota.

Las cifras para el período 2003 a 2005 se presentan en el cuadro, con datos observados correspondientes al IBGE para los primeros dos años y proyecciones del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) para 2005.

Por el lado de la oferta, lo ocurrido en los últimos dos años y lo que se puede esperar para el año actual permite definir los siguientes rasgos característicos:

el sector agropecuario —que pesa cerca de 10% en la composición del producto— ha tenido un crecimiento relativamente parejo, aunque destacándose el boom de 2004;

la industria —con peso cercano a 35% en el total de la producción— tuvo un pésimo resultado en el 2003, un año espectacular en el 2004 y espera un crecimiento del orden de 4% a 5% este año; y

el sector de servicios —que responde por el restante 55% del PIB— tiende a amortiguar los ciclos, sin sufrir grandes caídas, pero, por otro lado, sin grandes tasas de expansión en las épocas favorables.

A su vez, por el lado de los componentes de la demanda, se nota que:

el consumo privado sufrió un fuerte ajuste, en términos relativos — cayendo o creciendo por debajo del producto— durante dos años consecutivos, esperándose sin embargo que en el 2005 crezca por encima del PIB;

la inversión empezó a recuperarse de modo importante a partir del 2004;

las exportaciones tuvieron dos años de crecimiento notable en el 2003/2004 y deberán crecer menos en el 2005, aunque aún a tasas bastante elevadas; y

las importaciones cayeron durante la corta recesión de 2003, pero tuvieron un crecimiento muy fuerte en el 2004, que debe seguir en el 2005.

En líneas generales, lo que se puede decir es que, a partir de 1999, Brasil pasó por un muy fuerte proceso de ajuste. En seis años, una economía que tenía casi 5% del PIB de déficit en cuenta corriente, fue capaz de convertirse en superavitaria en esa cuenta en 2% del producto en el 2004. En ese proceso, la contraparte de la generación de flujos exportables crecientes fue un consumo deprimido, asociado a la caída de los salarios reales y al aumento de la relación cambio/salario. En los últimos meses, sin embargo, ese proceso da muestras de haber empezado a dar un giro. Primero, porque la apreciación del tipo de cambio cumple el rol exactamente opuesto al que jugó en el pasado, favoreciendo una posible reducción del superávit externo. Segundo, porque los salarios empezaron a recuperarse, siendo lógico que eso afecte a los niveles de consumo. Y tercero, porque el aumento de la inversión trae consigo un crecimiento de las importaciones, que también debería contribuir a deprimir el saldo comercial durante el año.

Todos sabemos en Brasil que la tasa de inversión tiene que aumentar y, después de años consecutivos de restricciones, hay una lógica en descomprimir los niveles de consumo. Por otra parte, no tiene sentido que un país con todas las carencias que tiene Brasil, se convierta estructuralmente en exportador neto de capitales. El secreto del éxito de una estrategia que pasa por reducir paulatinamente el superávit comercial reside entonces en administrar el proceso con la dosis adecuada de moderación. Volver a tener déficit moderados en cuenta corriente, tarde o temprano, es algo que se puede considerar como natural. Sin embargo, volver a generar grandes déficit en ese rubro, puede implicar volver a escribir una historia que casi siempre acaba mal. En medio de ese proceso, encontrar el tipo de cambio "de equilibrio" es el nuevo "deporte" de los economistas brasileños, tarea esa que en general, en cualquier país, suele ser un ejercicio harto difícil de responder con precisión. Especialmente si, como en Brasil, el tipo de cambio oscila entre casi R$ 4,00 y R$ 2,60 en un intervalo de treinta meses....

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