Ante un difícil ajuste que se viene en Argentina

Se impone un ajuste fiscal profundo junto a una política monetaria muy restrictiva y a una unificación de los tipos de cambio múltiples con fuerte devaluación de la moneda

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Cuando se publique esta columna en Economía & Mercado, se habrán conocido ya los resultados de las denominadas elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que se celebran en Argentina el domingo previo. Se trata de comicios para seleccionar los candidatos y fórmulas que competirán en la elección presidencial del 22 de octubre, día en el que también los ciudadanos del país vecino elegirán a la mitad de los diputados nacionales y a un tercio de los senadores. Un mes y medio después, el 10 de diciembre, asumirá el nuevo presidente de la República Argentina.

Los problemas

Desde el inicio de su administración, la situación macroeconómica y social que el nuevo primer mandatario encontrará o confirmará es la de un país que, al mostrar un creciente deterioro, habrá que reconstruirlo con una combinación de políticas que será difícil de encaminar por la magnitud de los cambios a introducir y realizar en las principales variables macroeconómicas. Es que Argentina padece desde hace ya mucho tiempo, los problemas que en el corto plazo se deben corregir para tener bases sólidas para el crecimiento económico: graves desequilibrios de naturaleza interna y también externa.

Entre los primeros se destaca la altísima inflación, 116,5% en los doce meses hasta junio —de las más altas del mundo—, y un nivel de actividad que se estanca con bajo nivel de empleo. El desequilibrio externo se refleja en un nivel de reservas internacionales netas —diferencia entre las que se tienen y las que se deben usar para el pago de obligaciones de corto plazo en moneda extranjera—, que es negativo. Desde el punto de vista macroeconómico, que es donde debe mostrar una tendencia a mejorar para alentar cambios positivos en la situación general, el Presidente que asuma deberá dejar de lado justificativos como la pandemia, la guerra Rusia-Ucrania y la sequía que hoy se mencionan, y emplear políticas “duras” para salir de una crisis que el actual Ministro de Economía y candidato presidencial con alta probabilidad de ser elegido, conoce bien aunque desestima su gravedad.

La corrección de la situación actual, que es difícil mantener y evitar su empeoramiento sin un severo ajuste, debe ser encarada de inmediato por la nueva conducción política y económica, aplicando severas medidas de política fiscal —de gasto público sobre todo—, de política monetaria —ajustando y dando realismo a la tasa de interés de su referencia—, y de política cambiaria, levantando el control de cambios y para así permitir la unificación de la multiplicidad de valores del dólar que existen.

Es conocido y reconocido por todos los probables candidatos presidenciales que la situación fiscal es sumamente deficitaria; el déficit primario del gobierno antes del pago de intereses por su deuda es 2,8% del PIB. Ante la ausencia de financiamiento privado, el desequilibrio financiero se debe cubrir con crédito del Banco Central, es decir, con emisión de dinero, lo que provoca la alta y creciente inflación que se vive desde ya hace mucho tiempo y que no muestra tendencia a la baja, toda vez que se alcanza un acuerdo que luego no se cumple, con el tolerante Fondo Monetario Internacional. En un ridículo mercado de cambios múltiples, con diversos “cepos” que capturan y gravan los ingresos de exportaciones de bienes y de servicios, y que además no permiten el acceso generalizado a las cotizaciones oficiales, la alta emisión de dinero y la inflación provocan un mercado de cambios paralelo en el que la cotización del dólar duplica a la del tipo de cambio —dólar— oficial. Se trata de un mercado de cambios que pese a sus notables y numerosas restricciones, acentuadas mes a mes, tampoco evita las pérdidas de reservas internacionales del Banco Central.

El ajuste

Es por estas consecuencias que debe haber un ajuste fiscal profundo junto a una política monetaria muy restrictiva y a una unificación de los tipos de cambio múltiples con fuerte devaluación de la moneda. Un ajuste que tendrá claras consecuencias sociales temporales si se realiza de inmediato pero que iniciaría una mejora que no se vislumbra manteniendo la combinación de políticas macroeconómicas actuales que vienen empeorando la ya mala situación social. A comienzos de la década de los años ´90 Argentina vivía una situación similar, de déficit fiscal, inflación de tres dígitos y reservas internacionales muy bajas y se logró salir al menos por siete años, con un ajuste significativo llevado adelante por Domingo Cavallo. El retorno al déficit fiscal y al mal manejo cambiario al que llevó el déficit, terminó con una situación que había mejorado sensiblemente.

El gobierno argentino actual ha llegado a un nuevo e increíble acuerdo con los técnicos del FMI para lograr sortear el incumplimiento de su cronograma de pagos, para lo que ha conseguido préstamos transitorios de la misma institución —se le presta para que le pague—, y con otros préstamos proporcionados por el gobierno chino y por la Corporación Andina de Fomento (CAF).

Hoy, como es bien conocido, Uruguay sufre por la inestabilidad macroeconómica argentina. Las exportaciones de bienes caen, el gasto de argentinos por las exportaciones de servicios declina, el consumo de la población del litoral uruguayo se contrae en nuestro país y se realiza en gran medida en el país vecino y el desempleo en los departamentos fronterizos aumenta. No es necesario indicarlo pero sí señalar que difícilmente la situación uruguaya no siga condicionada por la que tendrá una nación que seguirá provocándonos los problemas que ya hoy nos impone si no hace los ajustes necesarios para alcanzar su estabilidad, o que, aun haciéndolos necesitará tiempo para restablecer su normalidad macroeconómica.

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