ANCAP y UTE recuperan oxígeno

JAVIER DE HAEDO

En los últimos años, UTE y ANCAP pasaron por circunstancias complicadas desde el punto de vista financiero, como consecuencia de problemas de precios y/o cantidades. Por un lado, hubo una notoria falta de lluvias en períodos extensos (2006, 2008 y 2009) lo que hizo bajar en forma pronunciada la generación de electricidad por medio de las represas. Al mismo tiempo, el precio del petróleo no paraba de subir, desde los 29 dólares en el promedio de 2003 hasta los 97 en el promedio de 2008, con un máximo de 134 dólares en el promedio de junio de ese año, hasta los 76 dólares de mayo de 2010, que parecen poca cosa, pero que implican un costo equivalente a dos veces y media el que nos resultaba normal sólo hace unos pocos años. Es decir que UTE se quedó sin agua y debió usar petróleo, con el precio en las nubes, además de importar electricidad por hasta un máximo anual de US$ 263 millones el año pasado, cuando lo habitual era poco y nada. Y ANCAP, con el petróleo volando, obviamente también se vio en aprietos.

En el caso de UTE, mientras que en el promedio de 1999 a 2004 destinó US$ 137 millones anuales a "compras de bienes y servicios", en 2008 ese rubro llegó a US$ 1.031 millones. En ANCAP, desde un promedio de US$ 516 millones anuales entre 2001 y 2004 para el mismo rubro, se pasó a un máximo de US$ 2.641 millones en 2008. En ese rubro se incluyen los costos de generación y compra de energía y combustibles en UTE y de petróleo y combustibles en ANCAP.

El denominador común a ambas situaciones también se observa en sus consecuencias. En ambos casos se decidió no trasladar los mayores costos a los precios de los clientes de las empresas, actuando las empresas como amortiguadores de los shocks externos recibidos. La contrapartida de esta decisión fue la acumulación de deudas considerables en ambos casos, además de abatir por completo los superávits financieros que como norma tenían.

La decisión de utilizar a las empresas como amortiguadores de los shocks fue acertada. Los precios de estas empresas deben acompañar las tendencias de los mercados respectivos, pero es conveniente evitar volatilidades de corto plazo. El problema fue que ninguna de las dos empresas se había preparado para enfrentar una situación como la que se vivió, creando de antemano fondos de estabilización de sus precios o cubriéndose de esos riesgos. Y entonces la consecuencia se dio sobre las finanzas de ambas. Lo ideal es contar con un fondo que se nutra de recursos en tiempos buenos para ser utilizados en tiempos adversos o contar con otro tipo de cobertura, de ser posible. En mayo UTE destinó US$ 100 millones a un "Fondo de Estabilización Energética" (FEE), según lo informado por el MEF junto con los datos fiscales de ese mes.

De acuerdo con información de prensa, UTE llegó a acumular unos US$ 900 millones de deudas hasta 2009, mientras que ANCAP llegó a más de US$ 550 millones, sólo con Venezuela. Gran parte de esos montos se debe a las situaciones referidas. En el caso de UTE, de tener un superávit habitual de US$ 138 millones (en 1999 a 2004) se pasó a déficits de 33, 352 y 205 millones en 2006, 2008 y 2009 respectivamente. En ANCAP, de un superávit promedio de US$ 52 millones entre 2001 y 2004, se pasó a un déficit acumulado de US$ 167 millones entre 2006 y mayo de 2010.

UTE se financió en parte en el mercado, en parte con el MEF y en parte con ANCAP. Y ANCAP se financió con Venezuela y le prestó a UTE.

Con relación al polémico crédito venezolano, su mayor parte se ha utilizado en apoyar financieramente a UTE y en financiar los referidos déficits de ANCAP y sólo una fracción menor se ha destinado a inversiones. De hecho, de inversiones anuales de 44 millones entre 2001 y 2004 se pasa apenas a un promedio de 51 millones anuales desde 2005.

Entrando en la coyuntura, el panorama ha venido cambiando en forma extraordinaria. En el caso de UTE, el costo de las "compras de bienes y servicios" bajó de US$ 410 millones en los primeros cinco meses del año pasado a sólo 100 millones entre enero y mayo de este año. Por lo tanto, de un déficit de 113 millones se pasó a un superávit de 281 millones, de los cuales 100 se destinaron al FEE antes referido. No se sabe si antes de eso, como hubiera sido lógico, UTE canceló las deudas asumidas con el MEF y ANCAP. Mientras tanto en ANCAP, entre los primeros cinco meses de 2009 y 2010, el déficit bajó de US$ 77 millones a sólo 12 millones. En realidad la mejoría es mayor dado que ahora desacumuló menos stock de petróleo que en el año pasado.

En este contexto, lo más importante es aprender las lecciones del pasado para no reiterar errores o para poder actuar mejor en forma preventiva. Tanto UTE como ANCAP deben cubrirse de los riesgos que las afectaron en los años pasados. En el caso de ANCAP es sencillo pues existen seguros de precio y de hecho la empresa ya está contratando algunos. En UTE quizá sea más difícil pues está el clima de por medio. En este caso es razonable empezar a crear el FEE, como se está haciendo. Su monto debería situarse en el orden de los US$ 300 millones.

Por otra parte, resulta fundamental que se cancelen las deudas recientemente asumidas por ambas empresas y que se destinaron a sostener tarifas más bajas. Las deudas de estas empresas deben estar vinculadas a inversiones y no a resultado corriente. Por lo tanto, y para que al final del día hayan resultado verdaderos amortiguadores, ahora deben generarse los excedentes que permitan compensar aquellas pérdidas, bajando esas deudas. Eventuales ajustes de sus precios, al alza y a la baja, sólo pueden realizarse teniendo en cuenta esa restricción.

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