El próximo sábado 17 de enero se firmará en Asunción el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE); para el embajador de la UE en Uruguay, es “un puente en una época donde se levantan cada vez más muros”.Petros Mavromichalis llegó en setiembre al país, por lo que admite “no tener mérito alguno en el acuerdo”, aunque considera que las etapas que vienen necesitarán del trabajo diplomático en ambos bloques. Asegura que la postergación de la firma en diciembre “fue un gran disgusto” y que no haberlo asegurado en enero hubiera sido “una enorme oportunidad perdida”. Advierte sobre las expectativas que pueden resultar desmesuradas, ya que “siempre hay perdedores” a los que deberá compensar la política pública, tal cual “el acuerdo” que posibilitó el voto de Italia la semana pasada. Explica los detalles del compromiso “que Francia no pudo acompañar por las presiones de los agricultores” y asume que “hay que entender a los que se opongan en Uruguay, y tratar de ayudarlos”. Espera que en este año ya avance la aprobación parlamentaria “y empiecen a verse los primeros pasos de la desgravación arancelaria”. Mavromichalis subraya que la aplicación de cuotas asegura la protección necesaria a los productos sensibles, de un lado y otro del Atlántico. A continuación, un resumen de la entrevista.
—Pasaron más de 25 años para que se concretara este acuerdo. ¿Era la última chance?
—Entre amigos, entre dos regiones muy afines, nunca es la última chance. Pero hubiera sido, sin dudas, una enorme oportunidad perdida.
—Usted hace cinco meses que está en Uruguay; ¿percibió ese ambiente de tensión, de ansiedad, cuando llegó?
—Sí, desde el primer día percibí una enorme expectativa depositada en este acuerdo. La frase que más he oído aquí es que habrá un antes y un después.
Lo que espero que eso no cause desilusiones, porque cuando uno espera tanto, luego puede decepcionarse. Indudablemente, el retraso del mes de diciembre fue un disgusto para todos. Hay que reconocerlo, pero lo hemos podido corregir en muy poco tiempo. Hemos conseguido esa mayoría calificada de los Estados miembros y ahora vamos hacia adelante.
—¿Qué cambió en 20 días?
—Bueno, para conseguir esto la Comisión Europea ha trabajado mucho, haciendo propuestas, escuchando a los que tenían miedos, intentando resolver esos temores, y lo vamos a seguir haciendo.
Somos una unión democrática de 27 estados miembros, cada uno con una estructura económica diversa y no todos van a ganar de la misma forma con este acuerdo. Entonces hay que acomodar también los recelos de los que tienen miedo de estar del lado de los perdedores.
—En definitiva, es el voto de Italia que da la posibilidad de aprobarlo. ¿Cuál fue la oferta a los países reacios a votar?
—La Comisión ha hecho propuestas muy claras, también en el marco de nuestro próximo presupuesto, que dará medios financieros importantes para el sector agrícola, tanto en apoyos del presupuesto comunitario, destinados a financiar la política agrícola común, como en el marco de este acuerdo, específicamente ayudas para los sectores más afectados, así como una cláusula de salvaguardia, y la seguridad de que habrá controles, que cuando se verifique la utilización de algunos productos que están prohibidos en Europa, no vamos a permitir que entren productos del Mercosur en esas condiciones…
—Se refiere a algunos agrotóxicos…
—Sí, son temores legítimos. Si se le prohíbe a un agricultor europeo utilizar determinado pesticida, no es justo que un competidor del Mercosur lo utilice y compita en esas condiciones. Es justo el reclamo, hay que escuchar a la gente. Es así que se hace en una democracia y eso requiere tiempo. Y sí, felizmente lo hemos conseguido, espero que el Parlamento Europeo lo ratifique.
—¿Cuáles son concretamente las ayudas prometidas?
—Son ayudas que se dispararán ante un perjuicio probado a partir de ingreso de productos con precios demasiado bajos sin que nada lo justifique. Si eso lleva a que el productor pierda ingresos o aumente el desempleo, o haya empresas obligadas a cerrar, el presupuesto público tiene que ayudar en estos casos.
Y las cláusulas de salvaguardia van en la misma línea, incluso podrían determinar que se reimplanten aranceles. Si las importaciones aumentan más que un cierto porcentaje y los precios bajan más allá de un determinado nivel, podría ocurrir eso. Pero espero que no, siempre se puede arreglar con diálogo entre las partes.
—Con esas propuestas lograron el sí de Italia. Con Francia no tuvieron éxito…
—No se logró, y los agricultores en Francia, así como en otros países continúan con preocupaciones, con manifestaciones. Específicamente, hubo un voto en la asamblea nacional francesa indicativo de que todos los partidos estaban en contra del acuerdo, y el gobierno quedó en una situación difícil.
—En cuanto al Parlamento Europeo, hay un número importante de representantes que ya se han manifestado en contra e incluso algún grupo ha planteado judicializar la protesta...
—Puede ser complejo, es verdad. No sé qué les parece ilegal en el acuerdo, que sea contrario a nuestros tratados o principios, pero eso podría quizás retrasar los procedimientos, pero yo no me puedo imaginar que haya algo ilegal en nuestros tratados.
Es importante saber que el Parlamento Europeo no funciona tanto como bloque por país, sino por posicionamiento partidario. Los parlamentarios son elegidos por el pueblo, y se agrupan a nivel de la Unión por su afiliación política o afinidades ideológicas.
Los partidos de la derecha nacionalista y los de la izquierda radical están en contra; pero dentro de los partidos que forman habitualmente una alianza centrista, como pueden ser los dos grupos más grandes, el Partido Popular o los Socialistas, e incluso los Liberales, allí también hay algunos diputados que por cuestiones de afectación de su electorado en cada país, tienen posiciones contrarias. Son un número importante, sin dudas.
—¿Cómo sigue el proceso luego de la aprobación parlamentaria?
— Después del voto positivo del parlamento, la parte comercial del acuerdo, que es conocida como ITA, Interim Trade Agreement en inglés, puede entrar en vigor a título provisional, siempre que la contraparte haya ratificado también. Entrará en vigor entre la UE y cualquiera de los cuatro países que lo ratifique primero en su parlamento. Luego, el acuerdo global, EU-Mercosur Partnership Agreement (EMPA), entrará en vigor cuando todos los Estados miembros hayan ratificado según sus procedimientos constitucionales. Y eso sí que va a tomar años.
Yo espero que este año pueda entrar en vigor la parte comercial y que las dos partes comiencen a ver cambios. Aranceles más bajos o aranceles nulos. Nosotros vamos a eliminar nuestros aranceles en 92% de las líneas arancelarias y el Mercosur el 91%, algunos llevarán 10 o 15 años, en otros serán por cuotas.
—Esas cuotas reservan buena parte del mercado local para los productores de cada bloque…
—Exacto; por ejemplo, lo que el Mercosur va a poder exportar a aranceles más bajos representa hoy un 1 ,5 % del consumo global en Europa.
Como contrapartida, los quesos europeos entrarán con ventajas arancelarias al Mercosur, pero en una cuota de unas 30 .000 toneladas entre los cuatro países. Esas cuestiones hay que dimensionarlas para evitar comentarios negativos sobre le ingreso masivo de productos de un lado u otro.
—Para el caso uruguayo, ¿Qué beneficios destacaría?
—Además del caso más comentado de la carne, con nuevas cuotas y reducción de aranceles, entre las concesiones obtenidas en el acuerdo que son de interés para Uruguay, está la lana, con ingreso libre desde la entrada en vigor. Arroz sin cáscara, con una cuota de 60.000 toneladas también sin arancel, a los 5 años, entre muchos otros.
—En términos generales, ¿qué podemos esperar de Europa?
—Que haya más Europa en Uruguay, en Mercosur, y más Uruguay en Europa. Más inversiones, más comercio, más intercambios, más cooperación, en temas como derechos humanos, derechos laborales, protección del medio ambiente. En momentos en que se alzan muros, nosotros estamos construyendo un puente, reforzando una alianza, una amistad.
—Cuando habla de muros, entiendo que está representando un orden global que ha ido dejando de lado lo institucional, los acuerdos multilaterales…
— Estamos en una época donde las tensiones se han vuelto algo normal, todo muy complicado. En Europa entendemos la importancia del multilateralismo, del imperio de la ley y no de la fuerza. Y yo creo que en América Latina también encontramos la misma postura.
—¿Qué le diría usted a las voces disonantes en Uruguay respecto del Tratado?
—Que los entiendo. En nuestros países también hay temores. Por muchos años se ha barajado la narrativa de que con la globalización ganamos todos. Es verdad, la apertura y la competencia es algo bueno que nos hace más competitivos, que da productos más baratos al consumidor, que ofrece más más oferta, todo esto está bueno. Pero también hay que admitir que hay los que ganan mucho, los que ganan menos y quienes pierden también. Y allí debe estar el papel de los poderes públicos, de ocuparse de compensar a los que van a perder. Y es lo que hemos intentado hacer con estos esfuerzos que han tenido lugar en este último mes. En nuestro caso, poniendo 6.000 millones de euros para ayudarles. Cuando unos ganan y otros pierden, pues hay que compensar un poco al que pierde para buscarle más opciones, ayudarles a ser competitivos, con los recursos generados de los que han ganado más.
Vamos a intentar organizar eventos con exportadores uruguayos, con sectores interesados, para sensibilizarlos a las oportunidades que se abren a partir de ahora y cómo pueden aprovechar ellos también.
—Por otra parte, Europa puso mucho énfasis en la consolidación de un capítulo sobre sostenibilidad…
—Claro, es que el cambio climático es el desafío global por excelencia, que ningún país, ninguna región puede resolver por sí mismo, sólo con la cooperación de todos que vamos a conseguir algo. Entonces, concluir acuerdos que van a agravar la situación en términos de cambio climático, de deforestación, de degradación ambiental, es algo que no sería aceptable para nuestra ciudadanía, ni mucho menos. Eso hay que entenderlo.
Si voy a destruir las forestas, las selvas que son el pulmón del planeta para tener más ganado, para poder exportar más, no es algo deseable y quedó explicito en el acuerdo.
—Hay otros capítulos que tienen con ver con aspectos regulatorios en los que Europa ha logrado avances mayores que el Mercosur...
—Sí, por ejemplo, todas las cuestiones vinculadas con la protección intelectual, también con las denominaciones geográficas. Por otro lado, está el capítulo de compras gubernamentales…
—Ese es un capítulo sensible en un país con empresas públicas de gran escala y que generan mucha demanda en varios sectores locales…
—Es que, quienes dicen que las compras gubernamentales reservadas para empresas locales que generan empleo, les diría, ¿a qué coste? Porque si ofrecen un servicio más caro y de menos calidad, están dañando al contribuyente, al presupuesto nacional. Más competencia, siempre que sea competencia leal, es beneficioso para ambas partes.
—¿Espera que haya un incremento de la inversión europea en Uruguay con este tratado?
— Estoy convencido de que sí, porque invirtiendo en Uruguay uno va a tener acceso a un mercado mucho mayor, que incluye todo el Mercosur. Uruguay es un país bien conectado con sus vecinos, con buena infraestructura, servicios públicos competentes, un sector bancario muy eficiente, donde la ley se respeta, donde no hay grandes cambios en la alternancia de gobiernos, un país moderado, son cosas que a los inversores europeos les gustan.