Viena, un recorrido entre sus clásicos cafés y viñedos

La antigua capital del Imperio austrohúngaro cuenta con expresiones sociales únicas en el mundo que permiten al viajero conocer el verdadero espíritu del vienés.

Viena, Austria.
Viena, Austria.
Foto: Unsplash

Por Igor Galo, especial para Domingo

Recorrer cafeterías y tabernas de vino es un paseo ineludible en la capital austríaca. Descubrir esta forma de socializar, mientras se disfruta de sus monumentos y museos, es la mejor manera de conocer el verdadero espíritu vienés y dos patrimonios mundiales al mismo tiempo.

Dice la leyenda que los primeros granos de café llegaron a Viena en 1683 cuando lo soldados turcos, que habían intentado conquistar la ciudad, se olvidaron algunos sacos en su retirada. Un emisario de la Corte Imperial los descubrió y dos años más tarde se abrió la primera cafetería de la ciudad. Desde entonces, y en especial desde la segunda mitad del siglo XIX, estos locales se han convertido en punto neurálgico de la sociedad vienesa. Políticos, aristócratas, escritores, pintores y todo tipo de artistas pasaban por estos templos del café, no solo para disfrutar de la estimulante bebida, sino para ver y dejarse ver, conversar, leer un periódico o simplemente pasar el tiempo.

El Café Frauenhuer, en pleno distrito central de Viena, conocido no solo por sus bebidas sino también por su Apfelstrudel (tarta de manzana), es el decano de la ciudad. Por sus salones han pasado grandes personalidades en dos siglos de vida y es muy popular entre los turistas. Está muy cerca del Museo de la Música (Haus der Musik), un recinto muy moderno e interactivo para adentrarse en el mundo de la música clásica, otro de los símbolos de Viena.

Los locales más antiguos tuvieron que enfrentar a mediados del siglo XIX la competencia de los modernos y lujosos que se abrieron en torno a la Ringstrasse, la elegante avenida que se construyó en Viena tras derribar las murallas medievales. El Schwarzenberg es el más conocido. Está ubicado en una posición privilegiada, cerca de la sala de conciertos Musikverain, famosa por albergar el concierto de Año Nuevo y que se puede visitar en tours guiados durante todo el año. Está de camino hacia el Museo Belvedere, hogar de la pintura más famosa de Gustav Klimt, El Beso.

Viena Austria
La ciudad de Viena, Austria.
Peter Gugerell

Este maridaje de museos y cafés se extiende con profusión por el centro histórico de la capital austríaca. La Colección Heidi Corten, la última pinacoteca abierta en la ciudad con una interesante colección de Picasso, Chagall, Klein o Bacon, está a cuatro pasos del café Mozart. Este lugar fue lugar de paso de figuras como el escritor Graham Greene, quien escribió aquí su novela El Tercer Hombre, tras la Segunda Guerra Mundial; sus salones conservan el mobiliario de la época.

Otros muchos personajes pasaron también por el famoso Café Central, como el psicoanalista Sigmund Freud y Leon Troski. El actual local, que fue renovado y trasladado tras la Segunda Guerra Mundial, sigue contando con la típica prensa colgada de varillas de madera para que los clientes puedan disfrutar de una lectura sin prisas entre sorbos de café. Una alternativa interesante para el viajero es caminar desde aquí hasta el Museo Beethoven Pasqualatihaus.

Muy populares son también el Café Bel Étage, ubicado en los bajos del hotel Sacher frente a la Ópera y famosa por su tarta homónima; y Demel, a dos pasos del Museo Sissí. Este obrador pastelero fue proveedor de la corte austrohúngara; entre sus clientas estaba la emperatriz más famosa de Europa.

La lista de los cafés históricos y auténticos es interminable, pero merece la pena destacar también el Café Hawelka por su espíritu bohemio y su ubicación cerca de la catedral de San Esteban; así como el Pruckel, que está situado enfrente del MAK, el Museo de Artes Aplicadas de Austria, poco visitado, pero con una colección muy interesante de muebles y objetos de la Austria de los siglos XIX y XX.

Paseos, vinos y Beethoven.

Si la intelectualidad convirtió los cafés del centro de su ciudad en templos sociales del debate y la cultura, otra parte de los vieneses hizo lo propio con los heurigers, una palabra que designa tanto al propio vino joven como a los locales, donde los productores pueden vender el vino que producen ellos mismos desde que un decreto del emperador José II de Austria permitió esta actividad en 1784.

Desde antes de los romanos, las colinas que miran al Danubio eran zonas de producción vitivinícola. En la actualidad, la producción de vinos se mantiene en varios barrios, aunque se concentran principalmente en el distrito 19 (Dobling) y más concretamente en torno al barrio de Grinzing.

Con el paso del tiempo, estos populares puestos de venta han vivido una gran transformación; allí se puede acompañar la bebida con comida típicamente austríaca. Si los restaurantes del centro de Viena destacan por la elegancia, sofisticación y por sus precios algo elevados, los heuriger de la ciudad ofrecen la posibilidad de acercarse a una gastronomía más popular con un precio más asequible.

Cada otoño, con la vendimia comienza este ciclo vitivinícola en el que primero se puede probar el most (mosto de uva sin alcohol), más tarde el Sturm (zumo de uva con poco alcohol) y finalmente el vino del año.

Recorrer los barrios de Grinzing y Svievering de distrito 19 de Viena es un paseo campestre para todos los públicos, a pie o en bicicleta, que también se puede combinar con la visita al Museo de Beethoven que se encuentra en la zona, o el ascenso a la cumbre del Kahlenberg, de 500 metros de altura, que ofrece una de las mejores vistas de Viena.

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