DANIELA BLUTH
Un edificio, un altar, un traje, una imagen... Cada uno de ellos y todos juntos conforman el llamado "patrimonio religioso", sea en Uruguay o en cualquier parte del mundo. Para que una obra integre este grupo tan presente a lo largo y ancho del entramado sobre todo urbano, aunque también rural, "tiene que tener una conexión real con el sentimiento y la ritualidad religiosa, siempre apoyado en la cosmovisión o la mirada religiosa de la vida y del mundo", explica el arquitecto William Rey Ashfield, también doctor en Historia del Arte. Dentro de ese amplio abanico, el valor arquitectónico es uno más, aunque quizá el más visible y fácilmente identificable. De ahí que muchas de estas obras sean reconocidas y valoradas por el público, más allá de la fe religiosa que profesen. De hecho, más de una fue distinguida como Monumento Histórico Nacional.
Sin embargo, Rey señala que en Uruguay este tipo de patrimonio ha sido poco estudiado. "Está todo por hacerse en materia de estudios artístico-históricos. No hay investigación ni análisis. Creo que eso está en la cuenta del debe". El hecho de que Uruguay sea un país donde el Estado es laico sin duda "ha incidido en no mirar adecuadamente".
Las primeras obras religiosas se remontan a la época de la colonia, comenzando con algunos proyectos rurales y de carácter eminentemente privado. "En este período la iglesia jugaba un papel muy importante hasta en el poder político", justifica Rey Ashfield. A mediados del siglo XVIII se levanta el emprendimiento jesuítico conocido como "Calera de las Huérfanas" (su nombre real era Estancia del Río de las Vacas) y el oratorio de la Estancia Narbona, con el cual su propietario (el constructor Juan de Narbona, autor también de la Iglesia del Pilar en Recoleta) no sólo satisfacía una necesidad de la familia sino también la de la gente que trabajaba en el casco. Ambas están ubicadas en el departamento de Colonia.
El siglo XIX es el siglo de las iglesias. Más tarde o más temprano la mayoría de las precarias capillas de las capitales departamentales fueron sustituidas por imponentes edificios con influencias desde barrocas hasta neogóticas. Es el caso de la icónica iglesia de Colonia del Sacramento, en la plaza Manuel de Lobo, donde cuenta la historia que siempre se desarrollaron las actividades de culto del pueblo; o de la Catedral de San José de Mayo, con su imponente presencia coronada con la cúpula azulejada. En Montevideo, se podría decir que en cada barrio nació una iglesia. En ese nuevo escenario, llaman la atención la iglesia Nuestra Señora de Lourdes en la Ciudad Vieja; la iglesia de Reducto sobre la avenida Garibaldi, al lado del Hospital Español; y la Basílica Nuestra Señora de Carmen en la Aguada, cuya fachada neoclásica se alza sobre la avenida Libertador.
En ese momento histórico Montevideo vive un indiscutido proceso de expansión. Además de consolidarse nuevos barrios en lugares alejados al casco antiguo, también hay un crecimiento poblacional altísimo, generado en parte por el fenómeno inmigratorio. "La ciudad crece y los nuevos barrios van reclamando sus parroquias, sus capillas y eso evidentemente genera demanda", explica Rey Ashfield.
A partir de 1950 ese fenómeno se aplaca y la realidad vuelve a cambiar. Según el arquitecto y docente Martín Cobas, es interesante pensar cómo la arquitectura moderna se ha enfrentado a la arquitectura religiosa. "Después de la tradición del siglo XIX, en el siglo XX se reformuló el problema de la arquitectura religiosa no sólo `arquitectónicamente` sino también en las formas de relacionamiento entre arquitectos y comitentes, y en la propia función social de la obra religiosa". A nivel internacional, uno de los ejemplos más claros es el de Le Corbusier, con dos de sus obras más importantes en Francia: la capilla Notre Dame du Haut, en Ronchamp, y el convento de La Tourette.
En Uruguay, salta por sobre los demás el nombre de Eladio Dieste, en cuya obra está muy presente su fuerte tradición jesuita. Ingeniero de formación y con espíritu de arquitecto, Dieste es el responsable de la Iglesia del Cristo Obrero de Atlántida y la iglesia de San Pedro, en Durazno, ambas construidas con la técnica de la cerámica armada y el uso del ladrillo. "Es innegable que el efecto material monolítico de sus obras contribuye a generar un espacio singular y contenido, cuyas variaciones proceden en muchos casos únicamente de sutiles cambios en la textura, del plegado de sus superficies y de algunos acentos de luz", sostiene Cobas.
En 1960, el arquitecto catalán Antonio Bonet comenzó la construcción de la iglesia de Soca utilizando sólo dos materiales: hormigón y vidrios de colores. La obra nunca fue terminada. También en el departamento de Canelones, pero esta vez en Toledo, se levantó el Seminario Arquidiocesano, de Mario Paysée Reyes, un proyecto que originalmente incluía varios edificios además de la capilla. "Uno de los elementos fundamentales de esta y otras obras de Paysée es la incorporación de recursos plásticos en la arquitectura". En el Seminario, esos elementos están presentes en el altorrelieve con inscripciones en la fachada y también en el campanario.
EL ARTE DEL INTERIOR
Junto a sus fachadas, pórticos, torres y cúpulas, las obras religiosas suelen albergar en su interior valiosas piezas de arte, correspondientes o no al período de construcción del edificio. Ejemplo de ello son las dos esculturas de los santos patronos de Montevideo, San Felipe y Santiago, que están en el interior de la Catedral Metropolitana y pertenecen al período colonial. También es destacable el acervo de la Iglesia del Santísimo Sacramento, con un altar de moderno diseño realizado por el arquitecto Antonio Cravotto. Por su parte, la Basílica de San José se luce con los frescos (recientemente restaurados) de Lino Dinetto.
CATEDRAL DE MONTEVIDEO
Tiene sus orígenes en la época colonial, cuando en 1740 se construyó una iglesia de ladrillos en el sitio que hoy ocupa la catedral. La piedra fundamental para el nuevo edificio de estilo neoclásico se colocó en 1790. No hay consenso sobre la autoría de los planos originales. Quedó inaugurada en 1804 y en 1897 obtuvo la categoría de Catedral Metropolitana.
CAPILLA NARBONA
Ubicación: Ruta 21, kilómetro 263 (Colonia).
Hay que ver: Rodeada de ombúes, talas y palos borrachos se alza esta construcción con un diseño en forma de "L" y un patio rodeado por muros que superan el metro de espesor al que se accede mediante un portón de hierro forjado.
IGLESIA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Ubicación: Calle del Gobernador Vasconcellos y Plaza Manuel de Lobo (Colonia).
Hay que ver: La puerta a cuarterones y las jambas de piedra de la época portuguesa valen la pena una pausa. En el interior algunos muros no están revocados lo que permite apreciar las distintas etapas de la construcción.
IGLESIA NUESTRA SRA. DE LOURDES
Ubicación: Paysandú 759 (Montevideo).
Hay que ver: Proyectada por el ingeniero Ignacio Pedralbes, se trata de una obra de estilo ecléctico historicista. Se destaca su fachada, inspirada en el barroco francés y con claras referencias a la Iglesia de la Sorbonne, en París.
IGLESIA DE SOCA
Dirección: Soca, Canelones.
Hay que ver: Actualmente está cerrada al público y sólo se puede apreciar desde el exterior. Sin embargo, uno de sus mayores atractivos es levantar la vista para apreciar el juego que crean sus pequeñas ventanas de colores.
IGLESIA DE SAN CARLOS
Ubicación: Calle Sarandí, frente a Plaza Artigas (Maldonado).
Hay que ver: Dentro de este cuerpo macizo de arquitectura cuasi militar, se destaca un detalle ornamental: el friso ubicado inmediatamente debajo de la última cornisa está realizado con incrustaciones de platos de porcelana inglesa.
CATEDRAL DE SAN JOSÉ
Ubicación: Asamblea esquina 25 de Mayo (San José).
Hay que ver: En la obra ejecutada bajo la batuta del catalán Antonio Fontgibell, se destacan las columnas en mármol de Carrara, los bajorrelieves de Domingo Mora y los frescos que el italiano Lino Dinetto agregó a mediados del siglo XX.
CATEDRAL METROPOLITANA
Dirección: Ituzaingó esq. Sarandí (Montevideo).
Hay que ver: La Iglesia Matriz sufrió varias modificaciones hasta llegar a su aspecto actual. Ícono en el corazón de la Ciudad Vieja, en su interior se destaca el altar mayor, una pieza del siglo XIX de claro estilo neoclásico.
IGLESIA CRISTO OBRERO Y NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
Ubicación: Calle Monseñor Orzali, Ruta 11, kilómetro 164, estación Atlántida (Canelones).
Hay que ver: El manejo de la espacialidad y los acentos de luz, sobre todo desde el óculo cenital y las pequeñas ventanas laterales.