CIENCIA

Desde Venus llegan noticias

Dos prestigiosos astrónomos uruguayos hablan sobre los sorprendentes descubrimientos hechos en la atmósfera del segundo planeta del Sistema Solar y vecino de la Tierra.

Superficie de Venus
Superficie de Venus

Es muy tóxico, huele a ajo y se cree que proviene de la descomposición de materia orgánica. A pesar de estas desagradables connotaciones, el hallazgo de este gas en la atmósfera de Venus ha dejado a los científicos entre perplejos e ilusionados. La presencia de este compuesto constituye lo que los expertos denominan como un biomarcador, una huella que revela o puede revelar la presencia de vida. Algo impensable en la superficie venusina, con condiciones extremas que hacen virtualmente imposible cualquier forma de vida. La temperatura en el planeta vecino a la Tierra suele rondar los 500 grados Celsius y la presión atmosférica es 90 veces mayor que aquí.

Pero las trazas de fosfano o fosfina pueden convertirse en una de las noticias más reveladoras de la exploración espacial de la historia. Aunque no del todo nueva, ya que había sido predicha hace varias décadas por dos célebres astrónomos. En ello coinciden los dos astrónomos uruguayos más prestigiosos consultados por Revista Domingo. No obstante, ambos se mostraron cautos antes de avanzar hipótesis de cualquier tipo. La vida extraterrestre continúa siendo, precisamente, eso: una hipótesis.

No se pueden sacar conclusiones definitivas”, advierte el astrónomo Gonzalo Tancredi, docente e investigador que en este momento preside la Sociedad Latinoamericana de Astronomía.

Tancredi señala que ya han existido hallazgos de biomarcadores en otras atmósferas del Sistema Solar. No obstante, la presencia del fosfano es por demás llamativa. “No hay un mecanismo natural para la formación de esta molécula” que explique su existencia, señala. Y esta es la cuestión que desvela a los científicos: si el fosfano no puede formarse por sí mismo, digamos, y depende de algún tipo de proceso biológico, ¿entonces qué lo produjo?

El primer punto que llena de perplejidad a los investigadores es el planeta en cuestión. “Venus no estaba para nada dentro de los ambientes propicios para la presencia de vida”, dice Tancredi.

Desde hace mucho tiempo se sabe que Venus es uno de los planetas “extremófilos” (con condiciones ambientales extremas) que hacen imposible la gestación de algún tipo de vida.

Se trata de planetas con poca o mucha temperatura (que sería el caso venusiano), con alta salinidad, o alta acidez.

Sin embargo, estas condiciones extremas no son absolutamente determinantes. “Hay formas de vida que se han detectado en la Tierra en condiciones parecidas, pero ni siquiera con tan alto nivel de acidez”, señala Tancredi.

Con los datos conocidos hasta ahora es muy difícil, por no decir imposible, avanzar en mayores conclusiones. La única vía posible es la de enviar una misión no tripulada a inspeccionar directamente “en el terreno”. Algo impensable para la tecnología actual: Venus es lo más parecido al Infierno y ningún dispositivo humano “sobreviviría” lo suficiente.

La posibilidad de alguna forma de vida en Venus no es del todo descabellada. Puede parecerlo si se consideran las condiciones actuales, ¿pero si hubiesen sido distintas?

Sobre este punto llama la atención el astrónomo Julio Ángel Fernández, eminente investigador, catedrático y junto al doctor Rafael Radi uno de los dos miembros uruguayos de la Academia de Ciencias de Estados Unidos.

“La exploración espacial siempre ha tenido como uno de sus objetivos el de encontrar vida actual o fósil”, explica Fernández. Y añade: “En el caso de Venus era un planeta que se lo había dejado de lado por sus condiciones extremas”.

Venus es el segundo planeta en relación al Sol, el sexto en cuanto a tamaño y, al igual que Mercurio, carece de satélites naturales. La cercanía con el Sol hace que su temperatura promedio ronde los 460 grados Celsius y lo convierta en el planeta más caliente del sistema.

“Pero Venus tiene otros dos aspectos interesantes como planeta. El primero es que no siempre fue así y pudo haber tenido algún tipo de vida si se piensa que miles de años atrás tuvo un clima más benigno que el actual”, describe Fernández.

Por esa razón, el astrónomo cree que una misión que pudiera, finalmente, recorrer la superficie venusina tal vez hallara trazas arqueológicas interesantes y por demás reveladoras.

“Por otra parte tiene una atmósfera muy densa, que a 50 kilómetros de altura es casi normal, con respecto a la nuestra”, agrega el científico.

En cuanto a la presencia de fosfano en la atmósfera del planeta, Fernández prefiere no adelantar conclusiones. “Hay que ser muy cauteloso con este tipo de observaciones”, apunta.

“No tenemos la experiencia suficiente para evaluar estos datos, son atendibles, pero todavía es materia especulativa”, añade el académico.

Precisamente, sobre la base de los últimos descubrimientos de la Royal Astronomical Society, algunos ya comenzaron a especular con la posibilidad de algún tipo de vida presente solo en una capa de la atmósfera del planeta.

“En mi opinión sería muy difícil encontrar vida que se forme y se desarrolle en un ambiente gaseoso de atmósfera. La vida, en general, necesita de ambientes más tranquilos, menos cambiantes, como pequeños lagos o superficies de terreno”, razona Fernández.

En cambio, es más optimista con la posibilidad de hallar trazas de vida en Marte que comienza a ser explorado más a fondo. “En Marte hay que seguir buscando, ya que es posible que tenga o haya tenido vida; una de las posibilidades son los lugares subterráneos”, indica.

Pero aparte del planeta rojo hay otros lugares en el Sistema Solar donde los científicos hacen sus apuestas. Algunos de los satélites de Júpiter, como Europa, o de Saturno, como Encelado, han mostrado condiciones adecuadas para albergar algún tipo de forma de vida. También se han observado estas condiciones en el asteroide Ceres que orbita alrededor del Sol y que los astrónomos creen podría deparar alguna noticia en este sentido.

La fosfina en las nubes de Venus fue detectada por primera vez en 2017 por Jane Greaves con el telescopio James Clerk Maxwell (JCMT), que se encuentra en Hawai y pertenece al Observatorio del Este de Asia. Para confirmar los resultados se recurrió a ALMA, el radiotelescopio más grande del mundo, situado en el desierto de Chile, que tiene más sensibilidad. La investigadora británica de la Universidad de Cardiff pasó tres años haciendo comprobaciones junto a un grupo de colegas para confirmar el hallazgo. Ahora está debidamente verificado, pero las preguntas se han multiplicado.

Los satélites de Júpiter y Saturno

“En el Sistema Solar hay dos posibles mundos oceánicos que reúnen algunos de estos requisitos, necesarios para que un lugar sea habitable. Encélado y Europa, dos satélites de Saturno y Júpiter respectivamente, son los candidatos más fiables, según ha revelado la NASA. ‘Nunca hemos estado tan cerca de detectar un lugar con algunos de los ingredientes necesarios para que un entorno sea habitable’, dice Thomas Zurbuchen, un astrofísico de la NASA”, de un artículo de National Geographic sobre los estudios en Encélado y Europa.

El agua salada de Ceres

“El planeta enano Ceres, ubicado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, es un mundo pequeño que ha dado grandes sorpresas. Una serie de nuevas investigaciones a partir de datos de la sonda Dawn de la NASA propone que -a su manera fría y salobre- Ceres es un cuerpo geológicamente activo, con volcanes de hielo y embolsamientos de un océano antiguo que han sobrevivido”, señala un reciente artículo de National Geographic que revela la posibilidad de un líquido salobre en la superficie del planeta enano.

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