Valor agregado" al zapallo, a la frambuesa y al damasco

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Heinz Zirbesegger

En Austria, tú vives para trabajar. Acá, tú trabajas para vivir". El que lo dice, para sorpresa del criollo quejoso promedio, es Heinz Zirbesegger (56). Hace 24 años llegó por primera vez a Uruguay y terminó cambiando de país y de profesión: de ingeniero electrotécnico a agricultor. Su lugar en el mundo son unas seis hectáreas a la altura del kilómetro 91.500 de la ruta 11, "entre Canelones city (sic) y Santa Lucía". Ahí funcionan sus emprendimientos Frambueslandia y Uru-Kurbis. "Kurbis en alemán significa zapallo, ¡Uru-Zapallo no suena a nada!", dice con la seguridad del autodidacta en marketing.

El diferencial, dice, pasa por el "valor agregado" a sus cosechas. A partir de la frambuesa, produce vino frizante, vinagre y "espíritu" (aguardiente). De los zapallos, solo usa las semillas. "Esta es la única fábrica de aceite de semillas de zapallo de América Latina; sirven para ensaladas, pastas y hasta para bañar helados de crema". También las comercializa como snack, cubiertas de chocolate. ¿Mercado? Cruceros y cruceristas, exportación y algunos clientes locales con paladares dispuestos a experimentar. También tiene un pequeño restaurante en su predio, "todo 100% natural". Sus productos solo se venden en unas pocas boutiques gourmet.

Tras años de ensayo y error, ahora apunta al mundo de los damascos; también para buscarle "valor agregado", la receta de Heinz para el éxito.

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