EL PERSONAJE

Valeria Lima: "Yo me subo al escenario y me salvo"

Empezó a cantar de forma profesional a los 6 años. A los 22 ganó "Casting", un programa de talentos, y su vida cambió. Hoy es una de las voces más importantes del tango.

Valeria Lima
Foto: Darwin Borrelli

A veces hay algo que está destinado a suceder. Que espera el momento indicado para surgir y aparece sin decir por qué. Que se aleja pero que siempre vuelve, sin dar más explicación que la de estar hechos para estar juntos. Porque cuando ella se para en el escenario y dice, como susurrando “Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?”, hay algo que sucede en ella y en quienes la escuchan.

Esa es la relación que Valeria Lima (38) ha tenido siempre con el tango, que apareció en su vida de casualidad y se empezó a quedar para demostrarle que aunque a veces no esté, siempre vuelve. Como hoy, por ejemplo, que la artista tiene una cita con el tango y la Banda Sinfónica de Montevideo en Tangazo, el espectáculo que se presenta en el Teatro Solís.

“El tango me ha buscado, me ha perseguido, ha golpeado siempre mi puerta y yo me tuve que quedar ahí, en él, porque por algo se dieron las cosas así”, cuenta la artista. Con más de 30 años de carrera profesional, Valeria es hoy una de las grandes cantantes del tango en Uruguay. Sin embargo, sabe (siempre lo supo) que el uruguayo es un mercado muy chico, que es difícil para los artistas y que cuando una puerta se abre, hay que trabajar el doble y más para que no se cierre. Y para que se abran otras. Así es cómo es ha entendido siempre su profesión, que la acompaña desde antes que Valeria pueda recordarlo.

Disciplina

Nació en Rosario, en el departamento de Colonia. A su infancia, dice, la recuerda siempre cantando. Su papá era maestro y además un gran cantor. Daba clases de canto en el Colegio de Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús a cambio de una beca para su hija. Fue él quien se dio cuenta de que Valeria tenía un talento innato para cantar y no quiso dejarlo pasar. Así que a los 6 años, la mandó a clases de piano y a los 12 era profesora de solfeo y teoría.

Era 1986 y en Rosario y alrededores empezaba a sonar el nombre Darío Lima y su hija Valeria. Ella por entonces era una niña de 6 años que cantaba Los Iracundos, Sandro y Los Fronterizos. Fue entonces que ella cantó profesionalmente por primera vez: contactaron al dúo para dar un show en el antiguo Hotel Brisas del Plata, en la ciudad de Valdense. “Habremos cobrado 20 pesos pero lo recuerdo porque era en un hotel y era la primera vez en mi vida que me quedaba en un hotel; era un lugar a diez kilómetros de mi pueblo, pero mi sensación era que había viajado a Nueva York. Hasta el día de hoy tengo el jabón que me robé del baño. Para mí fue mágico aquello”.

Desde entonces y hasta los 18 años, Valeria no dejó de cantar con su papá. Cuenta que aunque él no sabía de música, tenía un gran talento natural y que tocaba la guitarra de oído. Recuerda que fue el quien le enseñó las cosas básicas y también las más importantes: “Capaz no me enseñó a respirar o cómo se usa el diafragma, pero con él aprendí los pilares. Primero a hacer las cosas bien, a hacer las cosas de forma profesional. Era muy prolijo en su trabajo y muy exigente, una persona difícil. Yo era la que me llevaba mejor con él en mi familia, porque nos unía la música. Y desde esa unión lograba prácticamente todo de él, hasta en sus peores momentos o en nuestros peores momentos de relación. Porque con mi papá yo lo aprendí todo”, dice.

Sin embargo, aunque la relación de Valeria con la música parecía inminente, también le generaba problemas. “En 1986 empezó mi historia con la música y no terminó más. Mi padre se ocupó de meterme en ese lugar y nunca más se detuvo, más allá de muchísimos conflictos que he sabido tener con la música”.

—¿Qué tipo de conflictos?

—Por ejemplo pensar en si yo la elegí, o si me metieron ahí. He pasado por todo eso. La figura de mi padre era una figura muy fuerte. Él detectó que yo podía cantar, que había un don, un talento o lo que sea y no lo iba a dejar escapar por nada del mundo; él dio todo lo poco que tenía para mover mi carrera artística en el departamento de Colonia. Y lo hizo bien. Pero nunca me preguntó si yo quería, realmente. Entonces, pasada la adolescencia aparecieron esos conflictos. Pero bueno, son procesos que hoy a distancia se ven de otra manera. Yo hoy a la música la elijo y hoy la música me salva. Me subo al escenario y me salvo.

El tango apareció en su vida como las cosas que por algún motivo tienen que aparecer: de una forma aparentemente casual, de una manera más o menos improvisada. Valeria tenía 15 años y Rosario era una de las sedes del certamen Buscando a la voz del tango para Japón, organizado por Donato Racciatti. Pero ella no cantaba tango. En su casa no se escuchaba tango y a ella no le interesaba. “Estaba estudiando para mis exámenes de filosofía y al rato viene el inquieto de mi padre y me dice ‘vamos a dar una vuelta por el club (donde se organizaba el certamen), vamos a chusmear a ver quién se presentó’. Pero fue imposible chusmear. Llegamos al club y cuando nos vieron, como ahí nos conocemos todos, nos dijeron que nos anotáramos”. Padre e hija se anotaron y cantaron a dúo el único tango que tenían preparado: Qué tango hay que cantar, de Ruben Juárez y Cacho Castaña. Pasaron a la siguiente etapa, que era para solistas. Después de haberse preparado un mes junto a su padre para cantar Madreselva, Valeria ganó el concurso y las puertas del mundo del tango empezaron a abrirse. Se vinculó con tangueros, empezó a cantar en diferentes lugares de Montevideo aún viviendo en Rosario y trabajó un tiempo dando shows en el café Sorocabana.

Todo eso, hasta que llegó Casting, el programa de talentos de Canal 12 del que resultó ganadora y que cambió su vida. Valeria tenía entonces 22 años. “Más allá de lo que pasaba en el estudio y de lo que me pasaba a mí personalmente, el fenómeno que se generó con Casting fue una locura. Nosotros que éramos del interior, cuando nos íbamos los sábados de tardecita juntos después de grabar para Tres Cruces a tomar el ómnibus, no podíamos caminar, nos pedían fotos, autógrafos, charlábamos con la prensa, nos llegaban cartas de todo el país, dibujos de niños que nos mandaban por el correo. Yo a esas cosas no las voy a olvidar nunca en mi vida”, dice Valeria y se emociona. “Yo creo que muchos compañeros que eran grandes artistas las olvidaron. Yo llegué ahí con un camino recorrido y sabiendo que quería seguir en esto, pero también que este es un país muy chico, es un mercado muy chico y es muy difícil abrir puertas, y una vez que se abren hay que hacer todo para mantenerlas abiertas. Hay que remar mucho, por esa razón me vine de Colonia a Montevideo. Porque hacer esto no es solamente subirse a un escenario y cantar. Tenés que marcar presencia, meterte de lleno e involucrarte desde muchos lugares. Yo creo que por desconocimiento, algunos de mis compañeros creyeron por haber salido en la televisión ya estaba todo dicho, y que el teléfono iba a sonar. Y no. El teléfono no sonaba. El mío no suena si yo no me muevo y hago algo para que suene”.

Después de la revolución de la tele, Valeria empezó a trabajar más que antes y su voz de a poco se fue convirtiendo en una de las voces del tango en Uruguay. Grabó tres discos, Valeria Lima (2004), Libre (2008) y Setiembre (2014). Abrió la Escuela de Artes Valeria Lima junto a su pareja, el pianista Franco Polimeni, llenó sola la sala grande del Teatro Solís y cantó junto a los músicos más destacados del tango nacional. Sin embargo, cree que a Uruguay aún le falta mucho trabajo por hacer en el tango. “Fue declarado Patrimonio de la Humanidad y no pasó más nada. Cuando hablo de que no pasó más nada me refiero a cosas grandes, a cosas serias”, dice. Por ahora, ella se dedica a su arte y a su escuela, que es una forma de vivir de la música pero —también— de transmitirla. Y, aunque allí el repertorio de canciones es absolutamente variado, cada tanto le da una canción a un alumno para que la escuche. No le dice que es un tango, solamente le pide que le preste atención a lo que siente cuando la escucha. Y entonces a veces descubre que hay más locos por el tango de lo que pensaba, que es solo una cuestión de educación.

Sus cosas 

una canción
Astor Piazzolla
Piazzolla-Ferrer
El espectáculo que dará hoy en el Teatro Solís recorre los clásicos del tango, “esos que el público te pide cuando terminás el show”. A ella, dice, hay algunos que su público no le perdona, pero el que no puede faltar, es Balada para un loco, con música de Astor Piazzolla y letra del uruguayo Horacio Ferrer.
una ciudad
Rosario, Colonia
El origen
Se mudó desde Rosario a Montevideo a los 24 años. Dice que cada vez extraña más su ciudad, que se dio cuenta de que quiere poder ir más seguido y ese, justamente, es uno de sus propósitos para este año: acaba de mudarse para la Ciudad Vieja y quiere reorganizar su vida para tener un poco de tiempo libre.
referentes
Ruben Juárez
Voz y bandoneón
“Mis referentes aparecieron más con el tango”, dice y nombra a Rubén Juárez, Eladia Blázquez y María Graña. “Después por supuesto muchos cantantes en otros estilos, pero si tengo que nombrar a una artista que respeto profundamente es Olga Delgrossi, que es una maestra, adorable. Y también a Ricardo Olivera”.
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