CABEZA DE TURCO

¡Uruguay nomá!

Los ciudadanos están calientes con el gobierno. Los que lo votaron, no lo dicen mucho, pero también están enojados. Los opositores, gozan en silencio, dicen que aman al país pero se frotan las manos ante las torpezas y macanazos varios de la gestión gubernamental intuyendo que la tienen servida.

WASHINGTON ABDALA

A su vez, el partido de gobierno vive enojado dentro de sí. Sectas diversas se odian con fruición. En simultáneo, la oposición no sabe comunicarse entre sí. Se carroñean y solo el factor "alternancia democrática" los parece ubicar —eventualmente— en el poder. Ya están a punto de empezar a hablar mal de ellos mismos (es cierto, algunos son algo más maduros que otros, pero mucho loco suelto por allí).

Mujica y Sanguinetti por la vuelta a lo que el destino les depare. Son James Bond.

Los que los "necesitan" dicen que la vida sin ellos no es vida (namasté).

Otros, sostienen que el país adulto debería estar de costado y no seguir robando reflectores porque así no crece ni un abrojo. Interpretación libre. Igual, cada uno piensa lo que quiera y nadie convence a nadie.

Algunos ministros del gobierno son zombis. Transitan entre nosotros como muertos civiles (creo que vi a uno en un cine, comía pop —haciendo ruido— viendo sin ver la película).

Algunas protagonistas del superior gobierno creen que sus cabelleras rubias las llevarán al poder. ¡Pobrecitas, si supieran lo que es la carnicería de la política ya irían tomando Aceprax!

El mundo sindical empieza su competencia interna. Ellos no son suavecitos. La mayoría es afín al pensamiento de izquierda, pero buena parte de la dirigencia no se siente identificada con un presidente burgués y atildado que no los quiere mucho. Se la morfan calladitos.

El empresariado prebendario —ese que es alcahuete de la izquierda o la derecha según quién esté en el poder— anda calladito y chusmeando como viene la mano. Son tan pocos —los que son en serio— que a esos les importa un pomo hasta si gana Eduardo Rubio y su Unidad Popular. El resto hace muzzarella y le dice señor al perro, por si ladra. Se extrañan los quinchos peperiles, digamos la verdad.

La policía anda que vuela con el ministro Bicho, pero como es una institución bajo verticalidad no le puede decir nada. El ministro Bicho se enoja con el poder Judicial. Los fiscales dicen que la Suprema Corte de Justicia está lenta y que no ayuda lo suficiente (y tienen razón). O sea, todos calientes con todos, pero nadie sincera demasiado su relato, ni lo resuelve. ¡Uruguay nomá! (¿cuánto le lleva al Parlamento arreglar el Código de Proceso Penal?)

Diga que ahora viene el Mundial y con eso ganamos tiempo para atorrantear, ver partidos de países ignotos, inventar gripes para quedarnos en casita, calentitos y comiendo alguna picadita. El Mundial nos salva de toda esta depre uruguaya. O Trump que está a punto de encontrar su guerra por algún lado. Esfuerzos hace. Es meritorio el hombre, le pone ganas, desplantes y barbarie. Ya logrará su objetivo. Es solo cuestión de tiempo (si Obama —que fue Premio Nobel de la Paz— armaba guerras y terminó armando un caos de apátridas en el mundo, no podríamos esperar menos del rubio. Todo llega. Tengan paciencia).

Por suerte Brasil viene tan lindo, con tanta paz, con tanta mesura y con tanta seriedad electoral en su elección venidera (miren "El Mecanismo"). Chorritos casi todos esos nenes. Bello y armonioso el clima económico que nos viene regalando Argentina, siempre tan afecta al suicidio financiero, a sus devaluaciones histéricas y guillotinescas, que al único país del mundo al que dan vuelta como una media es a nosotros. Siempre, siempre. (¡Jorge no los relajes desde el más allá!).

Lo que me da felicidad, repito, es Uruguay y este mes de monopolio futbolero. O sea, habrá que oír de fútbol todo lo que viene. Que a Suárez le vino ganas de hacer popó. Que a Godín le duele una muelita. Que a Cavani le cortaron mal el pelo. Joderse. Es lo que somos. No pidan más. Asumirse y bancar. Y es el mes en que el maestro Tabárez será santificado o mil demonios caerán sobre él. El resto es milanesa con papas fritas.

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