La mujer ya se había acostumbrado. Cada tanto, se le inflamaba levemente una zona de la mandíbula, pero luego la molestia pasaba y volvía a olvidarse del tema. Hace apenas algunas semanas, sentada en el consultorio del dentista, dio con la solución al enigma: el fragmento de una patilla de lente convivía con ella desde hacía dos décadas, cuando tuvo un accidente automovilístico. La protagonista de esta historia no podía salir de su estupor, ya que se había realizado todo tipo de exámenes para averiguar qué originaba ese peculiar síntoma y jamás había logrado hallar el menor indicio, pero se fue encantada de haber resuelto el misterio.
El responsable es un novedoso aparato que se encuentra en Uruguay desde octubre pasado y se conoce como tomógrafo volumétrico digital. En otras palabras, se trata de una herramienta con tecnología de última generación que sirve para realizar radiologías craneo-maxilo-faciales en tres dimensiones. El caso narrado es apenas uno de las decenas que ya cuenta el odontólogo Ricardo Méndez, director de la clínica Radiología 3D junto al ingeniero Pablo Neyeloff. "Fue algo muy particular, porque miramos la placa desde distintos puntos y no se veía nada, hasta que encontré un plano en 3D en el que se notaba una anormalidad y vimos de qué se trataba", cuenta mientras mueve en la pantalla imágenes cuya definición y dinámica parecen un juego de computadora.
Ambos están "encantados" con este chiche nuevo y tienen motivos, ya que se trata de un dispositivo harto revolucionario. Las tomografías volumétricas digitales existen en el mundo desde hace un tiempo, pero se han perfeccionado hasta la excelencia principalmente desde 2008 en adelante. Según explican los responsables de haberlo traído, el aparato que hoy posee Radiología 3D es el primero de su tipo en Uruguay y el séptimo en toda América Latina (en Argentina, hay dos).
Si bien a priori su uso es para el campo odontológico -puede realizar todo tipo de diagnóstico y simular cirugías, por ejemplo- las aplicaciones potenciales se extienden a otras áreas de la medicina; en particular, por la zona implicada, lo referente a otorrinolaringología.
14 segundos. Breve, sencillo y completo. Esas son las principales ventajas a la hora de realizarse una radiografía odontológica en 3D. El paciente apenas debe pararse dentro del tomógrafo (ver fotografía) durante los 14 segundos que le toma al aparato girar alrededor de la cabeza y listo. La información pasa instantáneamente al disco de una computadora que rebasará de datos sobre el analizado, con imágenes que impresionan por su "volumen" y exactitud. "En ese lapso, dependiendo del tamaño del paciente, hay de dos a seis segundos de radiación, por lo que el total la radiación -para un examen que abarca desde arriba de las órbitas hasta el hueso hioides; desde la punta de la nariz a las cervicales y de oreja a oreja- es menor a la que recibes al sacarte una serie de radiografías bucales", señala Méndez.
A su vez, el odontólogo enumera otras ventajas: "Es mínimamente invasivo -no se coloca nada dentro de la boca-, no produce claustrofobia -a los pacientes les hablás de tomógrafo y se imaginan adentro de un tubo; este no es el caso-, no utiliza placas ni elementos químicos y demora nada. Además, las posibilidades diagnósticas son inagotables.
Dentro del volumen, el error de las medidas es de una décima de milímetro, eso es muy importante para una cantidad de cosas. Te informa de un montón de datos que de otra manera no era posible tener. Por ejemplo, si pensás hacer un implante en esa zona es muy importante saber qué características tiene equis hueso: la altura, el diámetro, la densidad. Antes, podías suponer cómo era; ahora, lo sabés".
De acuerdo al especialista, con esta herramienta es posible conocer la posición de las piezas dentales, si los dientes se encuentran erupcionados o no, la forma de los arcos dentales. "En el área otorrinolaringológica, se puede saber todo lo relacionado con los senos maxilares, senos frontales, senos etmoidales y fosas nasales. Se ve perfectamente bien toda el área del oído. Solo hay que ir recorriendo la imagen", detalla.
"imagen imposible". Así describe Méndez a la información que genera el tomógrafo 3D; es prácticamente como tener una cámara de alta definición dentro de la cabeza. Y eso, explica, desnuda las carencias anteriores. "Hoy en día, disponiendo de esta tecnología, no tiene sentido hacer un implante por sencillo que parezca sin hacer antes un análisis de este tipo. Las posibilidades de hacer lío son muchísimas; cuando no había la posibilidad, se corría el riesgo. Hoy, es ilógico no hacerlo. Yo creo que el examen tendría que hacerse rutinariamente, sobre todo por la cantidad de patología instalada que hemos encontrado, de la que el paciente no tenía idea. Y por otro lado, se llevan los riesgos prácticamente a cero, porque todo lo que puede llegar a pasar se prevé antes".
La precisión de los datos -con ese margen de error de una décima de milímetro- es particularmente útil en los tratamientos de ortodoncia. "Sin tocar al paciente podés realizar una réplica de su modelo, saber si tiene los dientes rotados o no, cuál es la posición correcta, hacer medidas de ángulos, saber si los arcos son simétricos o asimétricos". Incluso las aplicaciones del software que maneja la información obtenida en el tomógrafo permite todo tipo de cortes y manipulación de las imágenes, como enfrentar las dos mitades del rostro para comprobar su simetría.
Dientes que no parecen tener muchas complicaciones pueden modificar esa perspectiva si se observan en 3D. "Ves que están cerca de una zona que no conviene tocar. Es como tener al paciente adelante, aunque el paciente no esté", ilustra.
Patologías escondidas
Un jugador de fútbol que se fracturó un área del rostro, un hombre mayor con un tumor, una mujer con un diente supernumerario dentro del seno maxilar, una muchacha con dientes retenidos, un joven con un cálculo en una glándula salival, una señora con una patilla de lente incrustada en el rostro... De todo ha detectado el odontólogo Ricardo Méndez a través de las tomografías volumétricas digitales desde que el revolucionario aparato arribó a Uruguay, en octubre pasado.
Además de facilitar diagnósticos, la herramienta es útil para guiar en tratamientos más certeros. Por ejemplo, un cirujano cambió su técnica quirúrgica al conocer los datos revelados por el tomógrafo.
"Hay cantidad de pacientes que van y vienen porque tienen un dolor, inflamaciones y todos tienen algo. Antes, dar con eso implicaba un montón de exámenes y vueltas, ahora con un solo análisis ya está", dice Méndez y cuenta que en muchos casos el paciente llega al consultorio por temas bucales y se encuentra una patología que no tenía idea que poseía.
Realizarse el examen tiene un costo de $ 2.200. Una vez terminado, el paciente se lleva un disco con toda la información generada, que incluye el software para visualizar los datos (se instala solo), para acercárselo a su médico u odontólgo personal, en caso de que sea necesario.