CATERINA NOTARGIOVANNI
Un coche con matrícula argentina, cargado de valijas, se detiene en la puerta de Diana Peinados. La señora rubia, con lentes de sol grandes y envuelta en un pareo, ingresa al local. "Llegué chicas", dice en voz alta, a la vez que saluda con un beso a Diana, a su hija Nicole y al resto del personal. Minutos después, se despide con la promesa de volver en un rato a ponerse linda una vez se instale en su casa.
Del otro lado de la Península, Andrea Paparella (italiano propietario de Andrea Peinados) interrumpe la entrevista para recibir a una clienta, también recién llegada. Se saludan con un beso. Ella le muestra el "terrible" estado de su cabello y le pregunta: "¿Se acuerda de mí?" "Sí, de Paraguay. Vaya a lavarse y vemos", responde Andrea. La señora se retira contenta de haber sido identificada un año después de su última vez en esa peluquería.
Tal familiaridad en el trato es producto de la confianza ganada en décadas de permanencia en Punta del Este. Si se tiene en cuenta que Andrea Peinados abrió en 1958 y que Diana lo hizo en 1965, el calificativo "clásico" resulta pertinente.
Orígenes. Andrea Paparella (80) ya era estilista cuando llegó de Bali a Buenos Aires a los 22 años. Después de un breve período como trabajador dependiente abrió sus propio local. Hoy es dueño de un imperio de media docena de peluquerías (la principal, en Buenos Aires, tiene un tamaño de 500 metros cuadrados), entre las que se encuentra la ubicada en la calle 24 y 28. Claro que para lograrlo se pasó medio siglo de su vida haciendo jornadas de 14 horas. Por sus manos pasaron cabelleras tan famosas como la de Mirtha Legrand, Graciela Borges, Gina Lollobrigida o Karina Jelinek, entre otras.
Diana Britos empezó en un local de 8 metros cuadrados en los fondos de la casa de su madre en el año 64. Como la clientela aumentaba decidió pedirle ayuda a su marido, que por entonces era taxista. Fue así que Rangel Zivcovich viajó a Montevideo y realizó un curso completo de peluquería. En 1975 compraron parte del actual local de la avenida Pedragosa Sierra. "El día que abrieron tenían sólo el cambio de la caja. Si no hacían plata, no comían", relata Nicole Zivcovich, hija del matrimonio, quien también se volcó para las tijeras. Por lo que cuenta, no podría ser de otra manera: "Me crié en un andador dentro de la peluquería, entre secadores y tintas". En la actualidad, la familia regentea un staff de 30 profesionales, entre manicuras, peinadoras, coloristas, pedicuras, depiladoras y masajistas.
En Diana Peinados, Diego Maradona se tiñó el pelo de azul; Susana Giménez se arregló las uñas; y Viviana Canosa, Graciela Alfano y Patricia Della Giovanpaola se peinaron alguna vez.
cabellera estival. Si hay algo que no se toma vacaciones en Punta del Este es la preocupación por la estética. "Es un lugar de vacaciones pero acordate que es donde se hacen las fiestas más espectaculares", señala Nicole. Con fiesta o sin fiesta, tienen clientas que concurren todos los días. El salitre del océano es un buen aliado de los peluqueros.
Un viernes a las seis de la tarde, con el sol radiante y las playas en su esplendor, ambas peluquerías estaban repletas.
Contrariamente a lo que se podría pensar, el disponer del día entero libre, no hace a las clientes menos exigentes en cuanto al tiempo, acuden igual de apuradas. "El público argentino quiere todo para ayer. Nosotros trabajamos mucho porque tenemos en cuenta que la gente quiere rapidez". Por eso, Diana cuenta con la posibilidad de hacerse pies, manos y peinado a la misma vez. Así es, tres profesionales para una persona.
"Uno viene acá y quiere ser atendido, no esperar. Entonces se hace todo lo posible", explica Andrea. Pero claro, hay horas y días donde la espera es inevitable.
Otra diferencia de la clienta de verano es que muchas van a la peluquería directamente de la playa, por tanto muchas llegan de pantalón corto y chancletas. Además, el tradicional diálogo directo se concentra en temas más ligeros. "La conversación es distinta a Buenos Aires, es más alegre, más distendida", cuenta Tony Albo, colorista de Andrea desde hace 40 años. Tony cuenta además que como ella es catequista, muchas veces las clientas le piden oraciones. "Somos parte de ellas", acota Albo.
"No es una relación común", señala por su parte Nicole. "Sé cuántos hijos tienen mis clientas, con quién están casadas, cómo se llaman sus nietos, cuándo llegan a Punta del Este... incluso a algunas las extraño en invierno. Tenemos un vínculo", agrega.
Nicole cuenta que la tendencia 2009 en cortes va por las líneas más sólidas, no tanto rebajado; y el flequillo más espeso. "Lo que pasa es que al ser una ciudad tan cosmopolita, como que no hay una cosa a seguir. La argentina, por ejemplo, suele tener el pelo largo y siempre se peina igual: con movimiento, mucho volumen, mucho rulero y brushing. La brasilera se produce mucho y la uruguaya es más clásica, tiene más miedo".
Según Andrea, la tendencia es personalizada: "Acá tengo una clienta que pide pelo corto, otra que lo prefiere largo. Aconsejo siempre que la que tiene cierta edad no tenga el pelo largo, porque agrega años. Si lo piden, lo hacemos. Así que la moda de los cortes es muy personalizada". En cuanto a colores, ya no se usan los enteros, sino en degradé. "Si el tono es rubio, se hacen unas mechas más claras. Se llama luces y sombras", explica Tony Albo.
Para las uñas, Diana importó una colección exclusiva de colores excéntricos, como el fucsia, amarillo, verde, rosado y naranja.
Precios. En Andrea, un corte y peinado sale $500 (con Andrea, $1.400), un brushing corto $350 y largo $470; en tanto que el color vale $850. En Diana el corte alcanza los $950, el lavado $200, el brushing $400 y hacerse las manos $300.
En tantos años de trabajo, estos profesionales han visto de todo tipo de curiosidades. Andrea y su staff prefirieron no entrar en detalle sobre las excentricidades de sus clientas, pero Nicole (de Diana) cuenta que una vez llegó una clienta que pidió mariscos y champagne. Y eso no es todo: además quería un mozo que la atendiera.
"Conseguimos uno que vino vestido de maitre y que le servía de la champagnera mientras a la señora le hacíamos el brushing. Esas cosas sólo pasan en verano", afirma.