Siglo golpeado por crímenes

| En Cosecha de Sangre, la historiadora Yvette Trochón narra los asesinatos más impactantes del Siglo XX en Uruguay, y los que fue revelando la sociedad.

GABRIELA VAZ

Los hechos de sangre forman parte de la vida cotidiana. Pero, entre todos los que suceden cada día, algunos se destacan especialmente por el impacto que generan en su momento, dejando una marca indeleble en la memoria colectiva. A veces, los motivos para que ello ocurra trascienden el hecho en sí y obedecen a razones de contexto, como la difusión que le dan los medios o el hecho de encarnar alguno de los males sociales que marcan tendencia (drogas, violencia, corrupción, pobreza). Es que los delitos hablan sobre la sociedad en que se producen, asegura la historiadora Yvette Trochón, quien acaba de publicar Cosecha de sangre. Crímenes que conmovieron al Uruguay del siglo XX. En el libro, la autora retoma los casos que investigó a pedido de una productora de televisión para realizar el programa homónimo conducido por Homero Rodríguez Tabeira en Canal 4, en 2005. De las diez historias narradas en el texto, sólo una difiere de las aparecidas en el periodístico: el caso Salvo-Bonapelch, que fue agregado en el libro.

En ambos casos el criterio de elección estuvo a cargo de Trochón y ella admite que es relativo. "Muchos casos que impactaron en el siglo XX no están en el libro ni estuvieron en el programa. Los que aparecen son los que me habían llamado la atención por los hechos en sí, por cómo se resolvieron, o por cómo dejaron al descubierto ciertos elementos de la sociedad uruguaya".

ESPEJOS. En 1923, Montevideo era una "aldea grande". Pero un crimen que sucedió entonces, y que pasaría la historia como el de "la degollada de la Rambla Wilson", haría notar a sus habitantes que esa capital pequeña y de cercanías estaba cambiando. "Una mujer apareció muerta en las rocas del Parque Rodó y por mucho tiempo no se supo quién era, lo que generó un desasosiego en la sociedad. Me interesó rastrear eso en la prensa: el `no puede ser que no sepamos quién es`. Estaba siendo superado el Montevideo donde todos se conocían y surgía otro, donde aparece alguien muerto y no se lo puede identificar. Ya tenía algo de gran ciudad: alguien podía perderse en el anonimato".

Una de las características más curiosas de ese caso (que es el que abre el libro) fue, justamente, cómo se llegó a identificar a la víctima: la Policía elaboró un maniquí imitando al cadáver, le colocó las ropas que llevaba la muerta cuando fue hallada y lo exhibió en la vidriera de un comercio, "entre casimires y botones". Muchos criticaron el modo, pero así fue como se dio el desenredo de la madeja y el descubrimiento del asesino.

Otras historias revelan los primeros orígenes de miedos actuales. Tal es el caso de "El Cacho", con quien emerge la idea del adolescente peligroso, algo que apareció en los 50 y generó debates presentes hoy, como bajar la edad de inimputabilidad, indica Trochón.

Tampoco faltan los entretejidos políticos y la corrupción, que dicen presente en el crimen de la estancia La Ternera. "José Salvo, un gran estanciero vinculado a los Saravia, mandó matar a su esposa con una impunidad impresionante. Hay que ver cómo logra no ser acusado ni enviado a la cárcel por aquellos juicios por jurado que existían en el Uruguay de la época, cuando se dijo que los jueces eran corruptos y habían sido influidos por la importancia del delincuente, que logró torcer la justicia en su beneficio".

Para Trochón, cada caso tiene un mensaje implícito, un síntoma que pone sobre la mesa una patología social. Y eso pasa todo el tiempo, incluso hoy. Para ejemplificar, la historiadora trae a colación un caso actual. "El crimen de Pamela Silva (la chica asesinada en Maldonado el domingo 4) reveló el padecimiento que tuvo que vivir esa niña. Eso ha contextualizado la muerte en otro marco y tiene que ver con un problema que acucia a la sociedad uruguaya hoy, como lo es la violencia doméstica. Y la gente se pregunta ¿cómo no nos dimos cuenta? ¿Cómo no fue capaz de decodificar los signos para ver que esa niña era abusada sexualmente? La sociedad responde estremecida cuando el crimen tiene que ver con problemas que están inscriptos en ella. Lo mismo sucedió en su momento con el crimen de la familia de la calle Cumparsita, donde aparecía el tema de la droga como un elemento que estaba incidiendo", dice la autora.

A SANGRE FRÍA. El asesinato de la familia de la calle Cumparsita, es justamente uno de los casos que Trochón menciona cuando se le pregunta cuáles fueron las historias que más la sorprendieron o impactaron. "Además, me llama la atención que no todo el mundo lo recuerda", apunta. Fue en 1989: una chica y su novio, ambos muy jóvenes, mataron a los padres y la hermana de ella. "Me impactó por lo que implicó desde lo moral-social. Cómo una hija mata a su madre, su padre, y espera seis o siete horas para matar a su hermana. Todo a sangre fría, algo a lo que no estamos acostumbrados".

La ambición, uno de los móviles más frecuentes, fue el que desencadenó el otro crimen que cita la autora entre los que más la marcaron: el caso Salvo-Bonapelch. Es la historia de un hombre "que quiere ascender socialmente y logra arañar el cielo casándose con la hija de un hombre muy rico, pero termina muriendo en la cárcel. Cómo la sociedad le hizo pagar a ese individuo de orígenes humildes, que era un sosias de Gardel y lo imitaba en todo, que llegó a ocupar determinada posición social y se le desmoronó todo, el asesinato de su suegro, que él nunca admitió".

Para cada una de las diez historias narradas en Cosecha de sangre, Trochón profundizó la investigación que había realizado para la televisión. Aún así, en varios casos se quedó con ganas de saber más, "acceder a expedientes a los que no me dejaron", explica. No obstante, el resultado, "hechos policiales contados por una historiadora", es más que satisfactorio. "Fue interesante, a través del delito, vernos a nosotros mismos".

Prensa, hábitos y espanto

Si se le pide que mencione crímenes acontecidos en el Uruguay del siglo XXI, es probable que tenga presentes, los recientes asesinatos de la estancia La Teoría, el homicidio aún sin resolver de Natalia Martínez, o incluso el actual caso de Pamela Silva. Y esa marca en la memoria obedece ante nada a un denominador común: la gran difusión que se les dio en los medios.

La historiadora Yvette Trochón se interesó particularmente por este punto: cómo la prensa "construye" los hechos de sangre y su papel como caja de resonancia. Por eso, el libro consigna también el trato que se le dio a cada caso en los medios de comunicación. A principios de siglo es cuando se fueron perfilando más claramente los cronistas policiales, "que hacían de investigadores y jueces, e iban tejiendo la trama para presentar a sus lectores", dice Trochón.

La fotografía, que se incorpora en los años 20, ocupa un lugar cada vez más importante e incluso se utiliza para reconstruir los crímenes. "En el caso de La Ternera, los cronistas se trasladaron hasta Treinta y Tres y en el diario aparece una secuencia de fotos donde se simula a los asesinos llegando a caballo y el momento en que ahorcan a Jacinta Correa".

En otros casos, lo que llamó la atención de la autora fue la tergiversación de algunos datos para "redondear" la historia. En el caso Salvo-Bonapelch, por ejemplo, los periódicos aseguraban que Elisa Salvo (la esposa de Ricardo Bonapelch, a quien todos acusaban de haberse casado por dinero y quien mandó matar a su suegro) era fea, tenía problemas mentales y era diez años mayor que su marido. Cuando la historiadora leyó el expediente del caso, descubrió que ella era dos años menor.

¿La cultura audiovisual de hoy, en la que ver delitos de sangre (ficticios o reales), es algo de todos los días, puede anestesiar la sensibilidad? Puede ser, dice Trochón. "Es posible que haya olas que los medios potencian en su momento y luego bajan". Y el ciclo sigue así, entre el espanto y el acostumbramiento, pero con un recuerdo particular para cada persona.

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