Resurge orgullo nacional de Alemania con la selección y sepultan traumas del pasado

diseciséis años después del acto de reunificación, los germanos toman otra vez la bandera negra, roja y dorada como símbolo de nación democrática y tolerante

THE NEW YORK TIMES Y EFE | BERLÍN

Está por todos lados. Cuelga de ventanas, flamea en pequeñas versiones en los autos y forma un mar negro, rojo y dorado en las tribunas de los estadios donde juega la selección de Alemania, uno de los candidatos en la Copa Mundial 2006 con más rica historia futbolística. Es una selección que tiene nuevos ídolos y símbolos como su máxima estrella y goleador, Michael Ballack, quien nació en Alemania Oriental, bajo dictadura comunista y ahora es estrella aclamada de la selección que representa a un país que se reunificó y vive en libertad.

La bandera de Alemania, tuvo que esperar durante el largo período de posguerra ante la renuencia de la ciudadanía a hacer despliegues públicos de orgullo nacional, pero ahora ha vuelto a flamear como expresión de exuberancia, desde que el país es anfitrión de la Copa del Mundo.

"Cuando se ven tantas banderas alemanas en las ventanas de los edificios y casas, es un avance que estuvo aplazado demasiado tiempo, sin perjuicio de que no se olvide lo que le pasó a este país", indica Christoph Metzelder, uno de los titulares de la selección germana.

En efecto, el principal indicador del estado de ánimo nacional es que casi de la noche a la mañana, una vez que la Copa del Mundo comenzó y ciudadanos de numerosos países llegaron con banderas y camisetas con los colores de sus naciones, se hizo casi obligatorio -sin duda, deseable- responder con símbolos similares. Hace pocos días, aparecieron en televisión niños bajo sombrillas negras, rojas y doradas. Los adultos tienen el rostro pintado con los colores nacionales (ya sea toda la cara o una discreta imitación de tatuaje que se remueve en uno de los pómulos). Hasta hay ropa interior con los colores de Alemania.

El despliegue del pabellón patrio es el tema número dos del país -el número uno es la propia Copa del Mundo- y se enfoca en editoriales y secciones de cartas de lectores de los diarios, así como en programas de radio, a los que el público llama para decir que, finalmente, se siente orgulloso de ser alemán.

VALORAN. Esto representa un cambio, "un momento de catarsis para Alemania", como señala Gary Smith, un observador extranjero con mucho tiempo en territorio germano, quien dirige la Academia Americana, en Berlín.

Durante la mayoría de los años desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes no estuvieron seguros si era apropiado desplegar emblemas que muestran el amor que sienten por su país. Durante décadas, el patriotismo fue asociado con el nacionalismo, y con la peor expresión de nacionalismo, como fue la obediencia ciega a un líder perverso. Si bien los alemanes amaban a su país, parecía una mala manera de expresarlo a través de símbolos como la bandera.

"Un siglo y medio después de 1848, hemos aprendido a valorar y mostrar los colores de nuestra bandera como símbolo de nuestra nación democrática", indicó el diario Die Welt, en un editorial dedicado a la abrupta ubicuidad de la bandera germana. La referencia en Die Welt era al resurgimiento de las franjas horizontales negra, roja y dorada de la insignia que identificó a la fracasada revolución democrática de 1848.

Sin embargo, su origen se remonta a varias décadas antes, a las guerras napeolónicas, cuando grupos que querían independizarse de Francia comenzaron a usar esos colores para representar sus aspiraciones políticas.

RESURGIO. Ese diseño siempre ha representado a las fuerzas democráticas y por consiguiente, nunca fue adoptado por los sectores de postura dictatorial.

El actual pabellón patrio se convirtió en la bandera nacional después que la primera república democrática fue creada tras la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, los nazis la eliminaron y sustituyeron por la swastika.

En los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, los colores negro, rojo y dorado podían ser vistos en ámbitos oficiales, como fue el caso de que flamearon orgullosos en la cúpula de vidrio del restaurado edificio del Parlamento germano, en Berlín. Pero, no fue hasta la Copa del Mundo, que la bandera estuvo por todos lados como símbolo público, desplegada con avidez como las de otros países. ¿Por qué, justo ahora, el sentimiento de los ciudadanos se inclinó por agitar la bandera?

Muchos factores pueden estar involucrados. Alemania tiene una nueva primera ministra, Angela Merkel, quien ha surgido como posiblemente la más eficaz líder de los grandes países de la Unión Europea. La economía está comenzando a crecer y la confianza de los consumidores está en su punto más alto en muchos años. El Papa Benedicto XVI es alemán, lo que ha suscitado cierto orgullo, si bien es una de las naciones con menor religiosidad.

Además, está el simple transcurso del tiempo y el cambio de generaciones. "Para la vieja generación, la bandera simbolizó el nacionalismo agresivo y hasta en alguna medida, la continuación con el Tercer Reich, pese a que éste no usó la bandera actual", sostiene Paul Nolte, profesor de historia contemporánea, en la Universidad Libre de Berlín. "Ahora, quizás, existe la oportunidad de volver a identificar los valores democráticos, liberales originales que vienen del siglo XIX, con la bandera, que fue creada en ese tiempo".

Algunos comentaristas consideran que el fenómeno de la bandera no guarda relación con el patriotismo porque agitarla no constituye una expresión de sentimientos nacionales, sino simplemente una manera de divertirse. O, como dijo un comentarista de Die Welt, "sólo se trata de estar en buena onda."

Smith, de la Academia Americana, en Berlín, expresa que los alemanes, que son un pueblo homogéneo, encuentran de pronto muy disfrutable ser anfitriones de tantas personas de todo el mundo.

A su vez, el profesor Nolte, al responder preguntas respecto de si tanto despliegue de banderas tiene vínculos con aspiraciones políticas globales, desdeñó el concepto. "No significa que la gente esté pensando de manera positiva sobre el papel de Alemania en el mundo ni su participación en Afganistán u otros lugares", puntualiza.

TOLERANCIA. "La mayoría de los alemanes quizás todavía se sienta molesto por ese hecho", indica Nolte en relación con el envío de tropas de Alemania a Afganistán. "¿Cuando termine el ajetreo futbolístico, qué significará la bandera: una sociedad democrática o un papel determinado en el mundo?", pregunta Nolte. "No hay adopción del símbolo, sino que a veces el símbolo se adopta antes de que tenga contenido. Pero, quizás estemos en el camino correcto para afianzarnos como una sociedad amistosa, abierta, democrática y tolerante".

También se exponen otros enfoques sobre la euforia nacional suscitada por la Copa del Mundo. "En Alemania, padecemos la enfermedad de no tener una relación equilibrada con nuestra nación. El Mundial ofrece la gran oportunidad de abrir puertas y ventanas para portarse como buenos anfitriones y gente abierta al mundo", expresa el presidente de la Conferencia Episcopal, Karl Lehmann, quien se muestra entusiasmado por la ola de patriotismo.

El presidente de Alemania, Horst Koehler, sostiene que los ciudadanos se alegran de identificarse con los colores nacionales a través de la selección, "y prueba de ello es que el país se normaliza y uno puede mostrar la bandera nacional de manera distendida, lo que es positivo."

Quizás ante la perspectiva de que la Copa del Mundo hiciera resurgir el entusiasmo del país, el gobierno introdujo el año pasado una campaña publicitaria interna con un costo de U$S 35 millones denominada Du Bist Deutschland ("Estás en Alemania"), Presenta avisos por televisión, en los que se resaltan los logros de artistas, atletas, inventores y científicos destacados. "Estás en Alemania, así que ¿por qué no puedes seguir con entusiasmo?" expresa en coro un grupo de escolares en uno de los avisos.

Berlín colocó al aire libre una serie de esculturas en lo que llama Paseo de las Ideas, con la finalidad de resaltar los logros del país en ciencia, tecnología y literatura.

"Estamos tratando de encontrar una confianza nueva y moderna y buscando una forma de sentirnos orgullosos", apunta Jens Lonnecker, analista del Instituto Rheingold de Investigación de Mercado.

La hora de publicitar logros y entusiasmo

Entre estaciones de servicio y dos grandes cadenas de comercios colocaron más de 600 mil banderas

Es el porcentaje al que descendió el desempleo en mayo y el más bajo que se registra desde diciembre de 2004. Crece confianza de consumidores.

El maratón suma muchos millones

En el fútbol, como en la vida, el momento oportuno es todo. En el caso de Alemania, asesidada en los últimos años por una economía que estuvo en descenso y el consiguiente malestar nacional, los partidos de la Copa del Mundo llegan en el momento oportuno. Se espera que el maratón de un mes de fútbol generará ingresos por 6.300 millones de dólares a los sectores del turismo y el comercio. Los alemanes confían que los más de 3.5 millones de visitantes que asistirán a los partidos en los estadios, vean a Alemania de manera diferente y dejen de lado definitivamente las imágenes de dos guerras mundiales y del Muro de Berlín.

El empuje moral del país comenzó en noviembre del año pasado con el triunfo de Angela Merkel en las elecciones y su acceso al gobierno. El país empieza a ver síntomas de recuperación y el gobierno estima que los alemanes, con el entusiasmo que genera la fiebre de la Copa del Mundo, gasten más y eleven la demanda interna del país. Se calcula que la economía crecerá 2% este año. COX NEWS SERVICE

Después del gol vuelve la realidad

La canciller Angela Merkel quiere promulgar reformas al sistema de bienestar social del país, que pueden ser dolorosas. El sistema está bajo presión, debido al desempleo y al hecho de que la población está envejeciendo. Las empresas germanas enfrentan dificultades para competir en el mercado mundial como consecuencia de los salarios altos y las leyes estrictas en materia de contratación y despido de personal.

Después de la pasión colectiva por la Copa del Mundo, los alemanes deberán enfrentar la realidad difícil respecto de cómo mejorar la economía y hacer que las empresas sigan siendo competitivas, afirma Gary Smith, de la Academia Americana, en Berlín.

La semana pasada, el gobierno anunció que iniciará debates sobre cómo abordar la reforma del costoso sistema de atención de la salud. COX NEWS SERVICE

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