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Reducir las dimensiones del hogar para sentirse libre

Vivir con lo indispensable en un hogar pequeño puede ser una solución a algunos desafíos de la vivienda y también un estilo de vida.

Tiny House
Vivir con lo básico.

La dupla de Valentina y Joaquín regresó a Uruguay en 2016 luego de vivir en Canadá durante más de 10 años. En ese tiempo en el frío país del norte, ambos aprendieron sobre un fenómeno que luego trasladarían a Uruguay: las casas pequeñas (en inglés, “tiny”), una modalidad que podría ser vista como una posible solución a algunos de los desafíos de la vivienda en épocas de crecimiento urbano y demográfico.

Valentina y Joaquín pusieron manos a la obra y fundaron el emprendimiento Tiny House Uruguay, un proyecto que luego fue emulado por otros como MiniCasas Uruguay por ejemplo. Se trata de, como dice Valentina, desprenderse de todo lo que pueda considerarse superfluo. Más o menos como diría el Indio Solari, cantante de la ya histórica banda de rock argentina Los Redondos: “El lujo es vulgaridad”.

Tiny House
El living.

En una tiny house habría espacio solo para las actividades más básicas como comer, ir al baño y dormir, pero también es cierto que las viviendas están pensadas para albergar una estética que hace de esos hogares no solo un lugar para acomodar necesidades fisiológicas, sino también para recordar que los humanos no son únicamente seres físicos sino también culturales.

En teoría, esas pequeñas casas podrían solucionar algunas dificultades arquitectónicas, como el hecho de que no hay un espacio infinito para construir. Y aunque en Uruguay todo el debate del crecimiento demográfico nos resulta completamente alienígena, en otras partes del mundo es un tema complejo a atender y resolver. También en teoría, esas casas podrían contribuir a hacer el acceso a la vivienda algo más barato, dado que no se necesita tanta cantidad de materiales para construirlas. Pero eso no es así.

Como explica el ex Director Nacional de Vivienda y catedrático de la Facultad Arquitectura del Uruguay Salvador Schelotto, “en el costo inicial de una vivienda, lo principal son las instalaciones básicas. Que tú incrementes un poco la superficie solo va a tener una incidencia marginal en el presupuesto total. No hay un argumento económico de peso por ese lado”, dice y descarta desde ese punto de vista —y para Uruguay— los minihogares como una solución a la dificultad de acceso al techo propio.

—¿Que todos tengan hogares más pequeños no sería entonces una solución a algunos de los problemas de la vivienda?

—Para algunos sectores en especial podría serlo, pero no es una respuesta de carácter genérico. Por ejemplo, en el centro de la ciudad y en algunos barrios que ya tienen muchos servicios y no hay tanta superficie disponible. Ahí se podría pensar en casas más chicas como una alternativa. En general, los desafíos de la vivienda no van tanto por el tamaño de la superficie, sino por el financiamiento.

Según Schelotto no es, como podría uno pensar intuitivamente, que cuesta menos construir una casa chica que una grande. “Fijate lo que está pasando actualmente en el mercado con las famosas viviendas promovidas. La gran mayoría de esas viviendas son de uno o dos dormitorios. Casi que no se hacen de tres dormitorios y hay muchos monoambientes. El precio por metro cuadro, si uno lo calcula para un monoambiente, para una casa con un dormitorio, para otra con dos y así, va bajando proporcionalmente a medida que va agregando dormitorios. En otras palabras, en términos relativos (no absolutos), el monoambiente es mucho más caro de construir. Y un monoambiente es una opción de vivienda muy mala. Puede ser útil para un soltero, o como una vivienda transitoria. En otras palabras: no estamos en Tokio, en donde hay soluciones habitacionales de 12 metros cuadrados para una persona. La superficie es una variable de varias y para Uruguay no es una de las más complicadas de resolver. Repito: el tema de los costos fijos sí lo es”.

Pero no solo por economía la pequeña casa puede ser una alternativa. Como dice Valentina, no se trata principalmente de ahorrar, sino de vivir de una manera determinada. “Para nosotros es una postura filosófica, ni hablar”, afirma Valentina y cuenta que cuando regresaron de Canadá a Uruguay no tenían en mente un emprendimiento comercial.

Tiny House
La cocina. 

“Antes de venirnos, publicamos una foto de nuestra tiny house y a mucha gente le gustó. Ahí pensamos: ‘¿Y si además de mudarnos empezamos a construir casas así para la gente que las quiera?’ Y así empezamos. Teníamos los conocimientos para construir este tipo de viviendas y detectamos demanda”.

Valentina vuelve a remarcar que más allá de los aspectos económicos, vivir así tiene más que ver con el deseo de libertad  que con ahorrar dinero. “Si mañana me quiero mudar, agarro lo que tengo y me mudo. No tengo que pensar en otras cosas. Es un estilo de vida que además tiene en cuenta el entorno”.

La empresaria se refiere a lo obvio de que una mansión de 180 metros cuadrados en un monte nativo (por poner un ejemplo hipotético) va a tener un impacto ambiental mucho mayor que una casa en la que todo está pensado y realizado para ser eficiente con los recursos y el espacio del lugar.

Además, en una casa así de pequeña no entran muchas cosas. “Yo cuando me voy de casa no cierro las puertas. Dejo todo abierto, no me importa. No hay mucho de valor para robar. Una silla tal vez se puedan llevar, pero es eso: una silla. Mi ropero tiene cuatro, cinco prendas, nada más. Uno vive menos estresado y con menos preocupaciones”.

Ese desapego es lo que otorga la sensación de libertad de la que Valentina habla. No se está atado a casi nada y se vive con otra velocidad y actitud. “Nuestra casa es chica pero da a la naturaleza. Nosotros nos despertamos con los gallos y nos vamos a dormir con las ranas y los grillos”, cuenta la empresaria, que vive en el departamento de Maldonado.

De todas maneras, entiende que hay necesidades diferentes y repite que vivir así como ella y su pareja es su punto de vista, que no tiene necesariamente que aplicarse a rajatabla para todos las demás personas. “Si una persona es una bailarina de ballet va a necesitar ir a otro espacio, mucho más grande, que el disponible en una tiny house. Tampoco hay que vivir como nosotros para vivir en una casa así. Cada uno vive como quiere. De todas maneras, se lo recomiendo a todo el mundo”.

Ese discurso no hace, empero, que no tenga claro los aspectos comerciales y de gestión de su emprendimiento. Ella y Joaquín asesoran en todo lo necesario a quien se acerca antes de empezar a construirla y tal como Schelotto remarca la importancia de los costos fijos.

Si uno quiere vivir en un ambiente que tenga una calidad aceptable, dice, no hay manera de circunvalar el escollo de que construir el metro cuadrado cuesta unos US$ 1.400.

“Se puede construir por menos que eso, pero ahí ya no es tanta la calidad de vida. A veces, es mejor construir menos metros cuadrados, y con calidad, que hacer una casa de mayores dimensiones pero menor nivel y eficiencia”.

También está el tema de la normativa. “En Canadá, por un tema legal, uno no puede construir una casa y clasificarla así si la construcción tiene al menos 50 metros cuadrados. Menos de eso, ya no es ‘casa’. Acá, la normativa es 32 metros cuadrados. Y todo lo que ofrecemos se ajusta a la normativa”, concluye.

Así, con lo justo y nada más que eso, puede que algunos encuentren —como Valentina y Joaquín— una nueva manera de vivir.

Algunos datos a tener en cuenta

No es que la tiny house tenga que ser una casa rodante o estar en un contenedor. Se pueden construir como se construye cualquier casa.

Contemplando el cálculo que hace Valentina sobre los costos (unos US$ 1.400 por metro cuadrado), una casa de 35 metros cuadrados cuesta US$ 49.000. Pero también se pueden hacer viviendas de mayor o menor medida, dependiendo de la billetera y los deseos del cliente.

En su web oficial, la pareja señala que se puede construir un módulo de 15 metros cuadrados (algo que Salvador Schelotto señala como común en Tokio) hasta un hogar más amplio de 50 metros cuadrados.

Por otro lado, también señalan que la tiny house no tiene por qué ser el hogar exclusivo, y que se pueden construir en adición a lo que ya existe, para tener más opciones dentro de la vivienda ya hecha o darle más autonomía o privacidad a miembros de la familia.

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