SALUD

Recuerdos reprimidos: olvidar para sobrevivir

¿Todos perdemos la memoria alguna vez? ¿Qué proceso hace posible recuperar vivencias para mejorar en nuestro desarrollo personal? Dos especialistas lo explican. 

Recuerdos reprimidos
Recuerdos reprimidos

"Para cuando despiertes por la mañana todos los recuerdos identificados se habrán debilitado y desaparecido, como al despertar de un sueño”. Jim Carrey es Joel Barish y sentado sobre la camilla de un consultorio escucha al doctor Howard Mierzwiak (Tom Wilkinson) mientras le explica cómo será el “reseteo” de memoria. “¿Hay peligro de daño cerebral?”, pregunta Joel. “El procedimiento es daño cerebral, pero está a la altura de una noche en la que se bebe mucho”, responde el médico. Por lo demás la historia es bastante conocida: Joel decide borrar los recuerdos que tiene de Clementine (Kate Winslet), la chica con la que estuvo de novio y que ya se encargó de borrarlo a él.

Aunque la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y el procedimiento del doctor Mierzwiak no son reales, la pérdida de memoria es un tema que no pasa desapercibido. Los casos más populares son los “apagones” que se producen como efecto del alcohol (para remitir a una referencia cinéfila basta pensar en ¿Qué pasó ayer?) o el de quienes empiezan a sufrir trastornos en las capacidades psíquicas. O, simplemente, basta hacer el ejercicio de ir hacia atrás en las vivencias personales para ver, por ejemplo, el nombre de cuántos compañeros de la escuela permanecen intactos. Probablemente no sean todos. Muchas veces no se sabe qué está almacenado en el cerebro.

La posibilidad de rememorar es imprescindible en nuestro desarrollo como seres humanos, sea desde el punto de vista personal o en la construcción y en la evolución de los vínculos de los que nos rodeamos. Es, además, una capacidad muy importante en el aprendizaje de mecanismos para la supervivencia como especie (ver recuadro). Por este motivo, tanto la psicología como la neurociencia ven su estudio como fundamental, y la pregunta sobre qué hay detrás del olvido no es nueva.

Un mecanismo útil 

Cada uno de nosotros guarda aquellos hechos que significan algo, desde un aprendizaje útil a una experiencia que resulta grata o que marca. Pero incluso la comida o la rutina del día anterior puede ser olvidada si es insignificante para la persona. “Es más lo que se olvida de lo que se recuerda. La memoria ocupa lugar; se hace imprescindible eliminar muchos recuerdos que nos son innecesarios”, explica a Revista Domingo la doctora Laura Sarubbo, docente de la Clínica Psiquiátrica de Facultad de Medicina, magíster en Psiconeurofarmacología y especialista en Psicogeriatría.

En esta trama es importante entender primero de qué hablamos cuando decimos “recuerdo”. Sarubbo lo define como “una imagen del pasado guardada en la memoria”. Al respecto, añade que en este proceso de almacenamiento, también se retiene y codifica la información brindada por la experiencia y logra recuperarse en gran parte de forma consciente e inconsciente. “Por lo tanto, a nuestra memoria recurrimos no solamente cuando es necesario. Muchas veces los recuerdos aparecen espontáneamente inducidos por acontecimientos que nos hacen evocarlos sin que sean estrictamente imprescindibles, por lo menos a nivel consciente”, apunta la docente.

Fue Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, el precursor del concepto de represión. Es una explicación a actos psíquicos que ante el accionar normal de una persona resultan incoherentes o por lo menos incomprensibles. Desde una angustia que no parece tener foco inicial a un conflicto que a simple vista no tiene explicación pueden tener un fundamento en el inconsciente misterioso. En una publicación de 2003 en la revista Aperturas Psicoanalíticas, el médico y psicoanalista argentino Eduardo Colombo escribió: “Si esos actos no pueden advenir a la conciencia por simple reflexión o ‘introspección’, nosotros interpretamos que una fuerza se opone a su devenir consciente, que son dejados de lado, en una palabra, reprimidos”.

En el cerebro 

Olvidar implica la pérdida de una conexión neuronal. Las neuronas encargadas de los recuerdos están en el hipocampo y desde allí son transportados a la corteza prefrontal: “Sabemos que la memoria está dada por conexiones entre las neuronas y que estas conexiones forman redes que nos permiten relacionar esa imagen con emociones, por lo que recordamos aquello que emocionalmente es importante para cada uno de nosotros”, indica Sarubbo. Esos sentimientos pueden ser tanto negativos o positivos, pero si marcan, el recuerdo se guarda y permanece en el cerebro, ya sea de forma consciente o inconsciente.

La especialista agrega que “el hipocampo es el encargado de la estabilización de los recuerdos en la corteza prefrontal, manteniendo los detalles precisos que evitan que un recuerdo se confunda con otro. Además, que algo no se recuerde no quiere decir que no sucedió, y tampoco que lo recordemos implica que ocurrió”.

Cada evocación del recuerdo lo modifica al ser nuevamente guardado. Para recurrir a una imagen común, basta con pensar en todas las alteraciones que sufre una anécdota cada vez que es contada: o aumentan los detalles o incluso hay algunos que cambian conforme pasa el tiempo y se la repite. Esto se vincula con que lo que se almacena en la memoria es una interpretación de la realidad.

“Freud descubrió que los denominados primeros recuerdos infantiles no poseen una verdadera huella mnémica sino que son una ulterior elaboración de la misma; de eso tratan los análisis de la elaboración de las evocaciones que dan sentido a nuestra existencia”, indica Jorge Bafico, psicólogo y escritor.

Lo traumático 

La represión suele asociarse a hechos traumáticos. Bafico sostiene que las personas olvidan como mecanismo propio de la represión inconsciente. Así lo cuenta: “Si hay olvido es porque no se soporta algo que estuvo en el origen, una violencia inaugural, un acontecimiento traumático, algo se reprime como forma de defenderse”.

Los recuerdos son a su vez tan personales que ante una misma experiencia vivida en simultáneo con otros pueden resultar diferente para cada uno.

Al respecto, Sarubbo indica que en 2018 se identificó una proteína que “estaría involucrada en la preservación de la especificidad de los recuerdos y su disminución podría evitar la activación de recuerdos traumáticos”.

Están quienes cuestionan la fiabilidad de la memoria. Es el caso de la psicóloga estadounidense Elizabeth Loftus que afirma en sus estudios que no es suficiente prueba de realidad que alguien relate un hecho con detalles precisos.

También hay factores fisiológicos como el cansancio, la tensión o el contexto en que se producen las vivencias que influyen en el almacenamiento: “Una forma de facilitar la evocación de un recuerdo consiste en situarnos en un contexto parecido al original al que estaba presente cuando adquirimos esa información”, aconseja Sarubbo.

Reprimir recuerdos puede ayudar a sobrevivir, pero también puede esconder la respuesta a una sintomatología. Si eso sucede, hay que trabajarlo en terapia. Al respecto, Bafico explica que aunque hay parte de la memoria que es “inhallable”, se puede reconstruir. Un recuerdo es como una punta de iceberg que permite generar asociaciones con otras vivencias: “Se trata de romper el sentido de lo que cree saber”.

Una herramienta para la especie 
La capacidad de recordar no es única del ser humano

La capacidad de recordar no es única del humano. Existe, como recuerda la doctora Laura Sarubbo, una memoria filogenética. “Tiene que ver con la experiencia que ha adquirido la especie a la que pertenecemos, por lo que esta información no va a estar sujeta a lo vivido después de nacer, si bien puede ser modificable. Hoy sabemos que la capacidad de un pichón de salir de su huevo está dada por una memoria que ha desarrollado su especie que le permite sobrevivir”, explica.

La memoria es útil para otros organismos fuera del reino animal. En las plantas, por ejemplo, permite sobrellevar distintas inclemencias climáticas. Es lo que sucede con la “memoria de hibernación”, muy estudiada por Susan Lindquist, quien fue una genetista estadounidense especializada en biología molecular: “La vernalización se forma tras una exposición prolongada al frío, y luego promueve la floración en primavera; esta memoria puede persistir en una planta criada a partir de un esqueje que, en sí mismo, nunca ha estado expuesto al frío”, indicó en una entrevista con El País de España. Otro caso en el que la memoria ayuda a los organismos es al tener que enfrentarse a situaciones de estrés a las que ya estuvieron expuestos.

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