DANIELA BLUTH
Tres horas separan Montevideo de Nueva York. Son 180 minutos que se sienten cargados de humedad de un lado y de viento helado del otro. Para refugiarse del invierno del Norte, María Noel Riccetto entra en un café y pide un "latte" con un acento que denota más de una década de vivir al otro lado del Ecuador. Todavía falta el viaje en tren para llegar a su departamento, en el Upper West Side de Manhattan, en la 72 y Broadway, el barrio de los bailarines donde se instaló hace ya unos meses.
Es viernes y no tiene apuro. Acaba de terminar dos horas de fisioterapia para mejorar una tendinitis de Aquiles en la pierna derecha que surgió durante los ensayos de Bayadera, un ballet "bastante complicado" en el que la uruguaya realiza uno de los tres solos. En los más de diez años que lleva en el American Ballet Theatre (ABT) nunca tuvo una lesión que la obligara a bajar del escenario. Pero esta vez el intenso dolor la llevó a decidir hacer un alto en los ensayos. Por suerte, dice, todavía faltan varias semanas para el comienzo oficial de la temporada, que será en mayo.
Riccetto ya es una más en Nueva York, esa ciudad a la que amó desde el primer día. Le gusta su ritmo siempre acelerado y su variada oferta cultural. "Es un lugar increíble, que va a mil por hora y todo el mundo te pasa por arriba... Pero te da mucha independencia", dice sobre la ciudad que la recibió casi sin saber inglés. Aprendió "a los golpes", mirando televisión y con la ayuda de algunos amigos, que incluso le traducían las correcciones que los profesores le hacían en la clase. En aquel momento, la dificultad para comunicarse fue "frustrante"; hoy ya casi no lo recuerda.
Ahora es solista de una de las compañías de baile más prestigiosas del mundo y sabe de los premios y los sacrificios que ello implica. Tener el reconocimiento del público y una "vestidora" que la asiste durante la función figuran en el "haber"; la distancia con la familia y los amigos, el "no estar" en los momentos importantes, claramente van en la columna del "debe". "Estuve mucho tiempo con un pie en Uruguay y otro pie acá, queriendo tener las dos cosas. Recién después de 14 años viviendo afuera siento que tengo los dos pies en el mismo lugar. Este clic de cabeza lo hice el año pasado, y se siente bien".
DESTINO. Riccetto nació en Montevideo y empezó en el ballet como un pasatiempo después del colegio. Rápidamente aparecieron sus condiciones naturales y el consejo de su profesora de anotarse en la Escuela Nacional de Danza. En 1996 entró al cuerpo de baile del Sodre, donde trabó amistades que aún conserva, y en 1998 surgió la oportunidad de estudiar con una beca en la Universidad de las Artes en Carolina del Norte. Sólo un año después, a los 19, estaba audicionando para el American Ballet Theatre.
Con la mudanza a la Gran Manzana y el contrato firmado con el ABT se esfumaron los planes de terminar el liceo y seguir con los estudios más convencionales. "Si hubiera estado en Uruguay lo hubiera terminado, porque en mi casa era una prioridad. Tengo algunos amigos en el Sodre que cursan el liceo nocturno, pero es muy difícil hacer las dos cosas al mismo tiempo cuando tenés un horario que es tan complicado. Es una de mis materias pendientes", reconoce. Perseverante y organizada, no duda retomar en algún momento. "En estos momento estoy muy enfocada en el ballet, mi cuerpo, los viajes… Pero sería cuestión de agarrar el sartén por el mango".
Como bailarina profesional a Riccetto se la ha visto en El Quijote, El Cascanueces, El Corsario y El lago de los cisnes, entre muchas otras. Prefiere los personajes "dramáticos" y con "actuación", aunque cada vez más se está animando a explorar coreografías abstractas donde "no hay una historia detrás y sólo hay que mover el cuerpo".
En 2010, el director Darren Aronofsky la eligió para hacer de doble en las escenas bailadas de Mila Kunis en la película El Cisne Negro. La experiencia de actuar fue positiva, dice, al tiempo que aclara que el ambiente del ballet no es "tan competitivo" como se muestra en el film. "Es como en todos lados, hay gente con la que tenés mucho feeling y está todo bien y gente con la que no tanto. Hay mucha política, como en cualquier compañía, y siempre va a haber decisiones que no todo el mundo comparte. Yo, mientras esté bien con lo que estoy haciendo, me siento contenta. El día que no me sirva más, voy a agarrar mis cosas y me voy a ir".
FUTURO. Cada tanto, mientras habla, le agradece a Dios por las oportunidades que tuvo en la vida. "Me gusta tener todo bajo control y recién ahora me estoy dando cuenta de que el control no lo tengo yo con la mente. Hay muchos factores que influyen, algo más fuerte, llamémosle Dios, destino o como quieras, pero algo hay", reflexiona. Para ese "algo" se persigna tres veces antes de salir a escena. "No sé por qué lo hago, será locura. Y eso que ahora estoy mucho mejor", dice sobre sus cábalas.
Mientras repasa su carrera no puede dejar de pensar en los sacrificios que implicó. "En lo personal, me sentí lejos de mi madre cuando estuvo muy enferma y he tenido que luchar con ese sentimiento de culpa durante mucho tiempo. Ahora, entendiéndolo más, creo que me tocó vivirlo de esa manera. Después de su muerte, hace ocho años, fueron tiempos duros".
El 2012 la encuentra "soltera y bien", pero formar una familia es otra sus materias pendientes. "Es una carrera difícil para una persona que no la sepa entender y creo que hay que dar con la persona correcta. Ya aparecerá, creo que hay alguien ahí afuera".
Aunque en sus compañeros de compañía halló "una segunda familia", su primera línea de afectos está en Uruguay. Aquí tiene a su padre, sus amigas del colegio ("Están todas casadas, alguna va por el tercer hijo y yo sigo bailando") y su "otra mitad a la distancia", su hermana Magdalena. Ella es quien lleva adelante la marca de ropa de ballet y gimnasia Primma, que la bailarina creó junto a su colega del Sodre Julio Minetti. "En el tema de negociar no soy buena, por eso tengo a mi hermana", explica.
Dedicarse a su empresa es una de las opciones para cuando se retire. "Está lejano, todavía tengo ganas de bailar. Me siento bien y en un buen momento", dice y se ríe, pensando en la reacción de Julio Bocca, amigo y consejero: "Me escucha diciendo que me quiero retirar y me mata".
BOCCA, UN REFERENTE
La llegada del argentino Julio Bocca a la dirección del ballet del Sodre alegró a muchos bailarines uruguayos, entre ellos a María Noel Riccetto, quien acompaña cada uno de sus pasos a la distancia.
Es que la bailarina y el actual director del cuerpo de baile oficial no son sólo colegas sino también buenos amigos. "Si necesito un consejo siempre lo llamo. Es la mejor persona en el ambiente para preguntarle cosas. Y realmente me asesora de corazón", cuenta Riccetto.
La primera vez que bailaron juntos en Uruguay fue en 2002, cuando el argentino la invitó a sumarse a su compañía, el Ballet Argentino, para la puesta de El Corsario en Punta del Este. Sus carreras se volvieron a cruzar varias veces más, la última en septiembre de 2011 con la misma obra, esta vez a cargo del Ballet Nacional del Sodre.
"Tenerlo en Uruguay es lo máximo. No sólo para el bailarín, sino para el público que aprecia lo que hace el Sodre. No lo dejamos ir más", dice Riccetto entre risas.
UNA TENTACIÓN
Riccetto no sigue una dieta estricta y su peso oscila entre los 45 y los 50 kilos (mide 1,63 m). Tiene debilidad más por lo salado que por lo dulce y cuenta que de Uruguay extraña mucho el sabor de un clásico sándwich caliente, en cualquier bar y acompañado por un café.
UN PERSONAJE
Si tiene que elegir un personaje, el primer puesto es para Giselle: "Un papel que preparé mucho y que me dio muchas satisfacciones". Además de bailarlo con el American Ballet, Riccetto lo interpretó para el Ballet del Sodre en agosto de 2010. Entre los pendientes, destaca Romeo y Julieta, una obra que le encantaría hacer completa.
SUS ZAPATILLAS
Hace tiempo que María es la imagen de la marca de zapatillas que usa cada vez que sube al escenario, Gaynor Minden. También es fan de las medias de esta grifa, que se consiguen en Uruguay en el local que la bailarina tiene con su hermana, Primma by María Riccetto.