EL PERSONAJE

Raúl Ponce de León: "Para mí, la comunicación fue una sorpresa de la vida"

El conductor del informativo matutino de Radio Sarandí se convirtió en un referente, enamorado de la radio piensa en proyectos más allá de su futuro retiro.

Raúl Ponce de León
Raúl Ponce de León

La voz de Raúl Ponce de León (65) entra cada mañana en miles de hogares. Habla de lo que acaba de ocurrir, de lo que pasará en breve o de lo que podría suceder. Es una voz grave, con un acento despojado, campechano, es como si lo hubiéramos escuchado desde siempre. Y, poco a poco, los oyentes se convierten en adeptos que buscan cada mañana su comentario, el juicio cauto, o la necesidad de buscar una segunda o tercera opinión, siempre la otra campana. Desde hace más de dos décadas, y desde las siete de la mañana por Radio Sarandí, le dice a miles de uruguayos a qué mundo se enfrentarán ese día.

Ponce de León es un comunicador natural. Reconoce que su inicio en la radio fue tardío, pero es un amor del que se siente incapaz de desprenderse. Es ingeniero agrónomo, pero hace rato que no practica su profesión. En cambio ha volcado su pasión por la noticia, la información sopesada y analizada como si hubiera nacido para ello.

Quien lo vea en la calle tendrá la impresión automática de conocerlo. Su 1,89 de antiguo jugador amateur de básquetbol, sus aires de caballero español bajo los bigotes tupidos y blancos no pasan inadvertidos en ningún lugar, aunque pocos sepan que él es la voz del informativo tempranero. Aunque ya comienza a evaluar el retiro, no deja de soñar con hacer radio, un romance que parece no tener fin.

Un comienzo tardío

Raúl Ponce de León es el menor de 11 hermanos, “clan Ponce le decimos”. Suelen verse regularmente, y los encuentros familiares alcanzan dimensiones épicas.

Su casa familiar era enorme, ubicada frente al Ombú donde hoy funciona un local de la Universidad ORT. “En la casa siempre había un pelotón, los amigos, la familia y demás”, recuerda Raúl.

Las sobremesas familiares siempre han sido verdaderas asambleas. “Según mi esposa, los Ponce somos muy ‘intensos’, porque tenemos una forma de discutir muy intensa pero muy franca y nunca quedan resabios”, comenta.

Con 18 años cumplidos inició su carrera de funcionario público en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Al mismo tiempo comenzó estudios en la Facultad de Agronomía. “Llegué por descarte, aunque después me empezó a gustar”, comenta.

Fue un basquetbolista amateur, practicó durante años en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) a la que continúa yendo pero ahora para hacer gimnasia. Es hincha de Nacional, aunque su pasión se entibió con los años y ha dejado de ir a la cancha. Durante la época dorada de Defensor Sporting también siguió a los “tuertos” a fines de la década de 1970. “Volví a ir a la cancha por un tiempo, cuando tenía la acreditación de prensa por Sarandí, ahí fui bastante al fútbol, hasta que me aburrí y dejé de ir”, recuerda.

A principios de la década de 1990 comenzó a trabajar en la consultora Seragro, lo cual resultó providencial para su futura carrera en comunicaciones.

En 1993, el veterano periodista Néber Araújo junto a Jorge Traverso toman el timón de la emisora Nuevotiempo. Con la idea de tener un programa informativo enfocado en el agro, Araújo se pone en contacto con Seragro y les propone que elaboren un programa. Ponce queda seleccionado entre los integrantes de la consultora que llevarán adelante el programa. “Para mí fue una sopresa de la vida, cuando empecé en radio yo no sabía nada. Lo fui aprendiendo, sólo era un escucha y me hice mirando a los que sabían”, recuerda.

Néber Araújo y la conductora y periodista Daina Rodríguez fueron sus principales referentes en aquellos inicios. Raúl no había cumplido los 40 y de pronto se abría un mundo nuevo ante él, un mundo con vida propia como la radio.

Entusiasmados con el programa discutieron qué hacer para inaugurarlo y no se les ocurrió mejor idea que una entrevista al presidente de la República, que por entonces era Luis Alberto Lacalle de Herrera. El mandatario aceptó el envite y el programa resultó un éxito. Durante poco más de un año, el programa "Agroeconomía" logró su espacio y en un nuevo cambio de programación a Ponce de León le tocó otro desafío: el programa vespertino "Cierre de jornada". Allí se vio obligado a salir de la información vinculada al agro para abordar temas políticos, de sociedad en general.

“Creo que mi formación me ayudó mucho, por un lado como funcionario público tenía una idea muy clara de cómo se manejaban las cosas en la administración. Y por el otro, mis estudios de Agronomía me habían dado un panorama general que incluía conocimientos de biología, de sociología, economía, estadísticas lo cual me permitía tratar con comodidad la mayoría de los temas”, explica.

El programa vespertino duró hasta 1997. Al año siguiente, migró a radio Sarandí donde en poco tiempo quedó al frente de "Diario Sarandí", primero de 6 a 9 y poco después en su horario actual de 7 a 9 de la mañana, cuando pasa la posta a Ignacio Álvarez y "Las cosas en su sitio".

Varias voces han pasado por el informativo de la mañana, primero lo hizo junto a Daina Rodríguez, más tarde vendría una dupla que hizo historia —con Gerardo Sotelo— y desde hace un par de años junto a Gabriel Pereyra, Sergio Silvestri y la colaboración de Laura Rodríguez.

Rutina diaria

 El día empieza a las 04.30 para Ponce de León. Una ducha, preparar el mate amargo y comenzar a leer los portales informativos y las redes sociales.

A las 5.45 am ya está en la esquina de Enriqueta Compte y Riqué y Aguilar. Una rápida lectura de diarios y comienza a armar la agenda. Mientras sus compañeros Jaime Clara y Laura Rodríguez dan cuenta de los principales titulares de la prensa, él y Pereyra definen quiénes serán los entrevistados centrales del programa y quiénes los que serán llamados para consultas puntuales. En los días previos a las internas, la entrevista central ha estado dominada por los precandidatos.

Para un hombre como él, la vida familiar es una necesidad. Sus hijos ya son adultos y viven por su cuenta, Mariana dedicada de lleno a su arte vive en La Pedrera, y Miguel, doctorado en Biología, vive y trabaja en Barcelona. Y Marcos Silva, hijo de su actual esposa, más conocido como Marquiño, periodista deportivo a quien Raúl considera su tercer hijo y con quien se ve más frecuentemente.

Y sus hermanos, claro. “Nos vemos, no tanto como quisiéramos, pero somos muy unidos. Tengo una hermana en Buenos Aires, que se fue a vivir hace muchísimos años y la familia de mi hermano (fallecido) que vive en Brasil, por eso decimos que somos una familia del Mercosur. Nos falta Paraguay”, bromea.

Ponce de León es un hombre de equilibrios, cualidad que busca en el ejercicio informativo y que también lo puso en problemas. Recuerda, por ejemplo, cuando compartía espacio con el desaparecido periodista y escritor Gustavo Escanlar. El recordado comunicador solía ser un fuerte provocador, lo cual “obligaba” a Ponce a buscar el punto de vista compensador. “Yo lo quería mucho a Gustavo, pero llegó un momento que no me lo fumé más, era un demente. Cuando empezó el gobierno del Frente, él siempre estaba en contra de todo, palo y palo, y a mí me obligaba a defender por una cuestión de equilibrio. Hasta que dije, bueno, hasta aquí llegué”, recuerda.

De algún modo, el papel del provocador ahora lo desempeña Pereyra con quien ha logrado una buena química en el programa matutino. Ha comenzado a soñar con el retiro, pero no porque se haya acabado su romance con la radio. “Lo que me queda pendiente es hacer un programa de música y diálogo, salir de la parte más informativa e invitar a una persona, preguntarle qué música le gusta y charlar, no es nada innovador. Pero también eso es radio”, confiesa.

Rutina diaria

El día empieza a las cuatro y media para Ponce de León. Una ducha, preparar el mate amargo y comenzar a leer los portales informativos y las redes sociales.

A las 5.45 am ya está en la esquina de Enriqueta Compte y Riqué y Aguilar. Una rápida lectura de diarios y comienza a armar la agenda. Mientras sus compañeros Jaime Clara y Laura Rodríguez dan cuenta de los principales titulares de la prensa, él y Pereyra definen quiénes serán los entrevistados centrales del programa y quiénes los que serán llamados para consultas puntuales. En los días previos a las internas, la entrevista central ha estado dominada por los precandidatos.

Para un hombre como él, la vida familiar es una necesidad. Sus hijos ya son adultos y viven por su cuenta, Mariana dedicada de lleno a su arte vive en La Pedrera, y Miguel, doctorado en Biología, vive y trabaja en Barcelona. Y Marcos Silva, hijo de su actual esposa, más conocido como Marquiño, periodista deportivo a quien Raúl considera su tercer hijo y con quien se ve más frecuentemente.

Y sus hermanos, claro. “Nos vemos, no tanto como quisiéramos, pero somos muy unidos. Tengo una hermana en Buenos Aires, que se fue a vivir hace muchísimos años y la familia de mi hermano (fallecido) que vive en Brasil, por eso decimos que somos una familia del Mercosur. Nos falta Paraguay”, bromea.

Ponce de León es un hombre de equilibrios, cualidad que busca en el ejercicio informativo y que también lo puso en problemas. Recuerda, por ejemplo, cuando compartía espacio con el desaparecido periodista y escritor Gustavo Escanlar. El recordado comunicador solía ser un fuerte provocador, lo cual “obligaba” a Ponce a buscar el punto de vista compensador. “Yo lo quería mucho a Gustavo, pero llegó un momento que no me lo fumé más, era un demente. Cuando empezó el gobierno del Frente. él siempre estaba en contra de todo, palo y palo, y a mí me obligaba a defender por una cuestión de equilibrio. Hasta que dije, bueno, hasta aquí llegué”, recuerda.

De algún modo, el papel del provocador ahora lo desempeña Pereyra con quien ha logrado una buena química en el programa matutino. Ha comenzado a soñar con el retiro, pero no porque se haya acabado su romance con la radio. “Lo que me queda pendiente es hacer un programa de música y diálogo, salir de la parte más informativa e invitar a una persona, preguntarle qué música le gusta y charlar, no es nada innovador. Pero también eso es radio”, confiesa.

Hace pocos días le tocó entrevistar al precandidato blanco Luis Lacalle Pou, y Ponce de León recordaba aquella entrevista a su padre cuando ejercía la presidencia en 1993. “Recuerdo que nos recibió a toda la patota de Seragro, fuimos los cuatro a Suárez chico y Lacalle (padre) encaró sin ningún tipo de problemas. Lacalle padre siempre fue un hombre muy ligado al agro, le gustaba mucho, seguía la información y se sintió muy a gusto”, recuerda ahora Ponce. Al igual que el también presidente Jorge Batlle, el político blanco conocía a fondo la problemática del agro. El mandatario no ocultó sus discrepancias con algunos artículos que la consultora especializada publicaba periódicamente en un boletín y que él leía con asiduidad. Acostumbrado a la realidad del campo, el histórico líder del Herrerismo le gustaba explayarse en el tema, por lo que aquella primera entrevista en la residencia presidencial no sólo fue extensa, sino que en su momento marcó los más altos índices de audiencia. “La verdad fue una entrevista muy interesante, contrasta bastante con otros presidentes que son más reacios a ese tipo de entrevistas en profundidad”, señala Ponce de León.

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