EL NACIONAL | ÁNGELA FEIJOO
Yo no quiero un profesor particular de arte, sólo quiero dibujar. ¿Por qué los adultos siempre tienen que controlarlo todo?", le dijo su hijo al reconocido escritor y psicólogo canadiense Carl Honoré, haciéndolo despertar del sueño en el que lo veía como el próximo Picasso.
"Entonces pensé que tenía razón, y que como padres es fácil perder el equilibrio y dejarse llevar", reconoce el autor, después de haberse pasado horas buscando la forma en que su pequeño pudiera desarrollar ese don que la maestra había subrayado ante aquel dibujo en la exposición de arte del colegio.
Cabe recordar que Honoré es el responsable del exitoso libro Elogio a la lentitud, en el que hace una entretenida aproximación al movimiento Slow (vivir más lento).
Ahora, inspirado por el episodio con su hijo, escribió el libro Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente. Luego de dos años de investigación y de visitas a colegios, guarderías, clubes deportivos, laboratorios y ferias de juguetes de distintas partes del mundo, el autor ofrece una conclusión que en principio abruma: "Los adultos han secuestrado la infancia de los niños de una manera nunca vista hasta ahora".
"En cada sitio que estuve me di cuenta de que mucha gente clama por una nueva aproximación a la crianza que permita a los niños disponer del tiempo y el espacio para ser niños", dice Honoré en su web.
En ese afán de que ellos sepan y hagan de todo, se pierde el sentido de lo valioso que es compartir con los padres, con los hermanos y los abuelos. "Nos paramos en el cuadro en el que vemos el futuro y nos olvidamos del presente", señala la psicóloga venezolana Claudia Pacífico.
Ya no queda tampoco espacio en la agenda para el juego espontáneo, porque no hay espacios libres entre la clase de inglés, la de guitarra y el fútbol. "Sin duda, hay cosas de la educación que hay que complementar, pero una tarde en casa también es de mucho provecho. Hay que dejar el tiempo para que pueda ver televisión, inventar sus propios juegos y compartir con los demás miembros de la familia", indica la experta.
A ese plato la psicóloga añade otro ingrediente: "La vida actual hace que los padres trabajen y trabajen cada vez más, lo que les resta tiempo efectivo para estar con su hijos. De esta forma se pierden cosas sencillas pero esenciales, como narrar cuentos, ir a un parque, inventar algo en casa, compartir".
Sé lo que yo no fui. Los expertos coinciden en que se vive en un mundo muy competitivo, con lo cual prepararse para él no es ilógico ni inadecuado. Sólo que a veces los padres no van por los caminos más apropiados. Y muchas veces se obliga a los chicos a hacer cosas que no les gustan. Es esencial -aunque no fácil- para un padre aceptar que su hijo no se va a dedicar necesariamente a lo que él soñó. "A los padres les toca observar en qué se puede desarrollar ese niño, cuál es su potencial", señala Pacífico.
Para su colega, también venezolana, Silvia De Jongh, existen varias circunstancias que se unen en la situación que enfrentan los padres de hoy: lo competitiva que se ha hecho la sociedad; la necesidad de los padres de crear oportunidades para sus hijos que ellos no tuvieron; el intento de resolver las exigencias de amor, de compartir y conversar, que no se cubren por falta de tiempo; y el temor de quedarse solos con sus hijos en casa, bien porque creen que no pueden aportarle nada al pequeño o porque sienten que no saben cómo hacerlo. "Sí conviene que tenga una o dos actividades además del colegio, pero para sentirse bien, nada debería ser forzado", aconseja la psicóloga.
ni el pan. Si bien es cierto que la infancia siempre estuvo encauzada por los adultos, los expertos señalan que ahora más que nunca está siendo influenciada por las fantasías, miedos, ansiedades y agendas de los mayores. Cada aspecto de la vida del niño -educación, seguridad, disciplina, deportes y entretenimiento-, parece estar programada para que funcione bien para los adultos antes que para los pequeños.
El canadiense Honoré describe la cultura actual como aquella en la que se le dice a los padres que la infancia es muy valiosa para dejársela a los niños y que éstos son muy valiosos para dejarlos por su cuenta. Aunque obviamente varía según el contexto, la preocupación -natural y lógica- por la seguridad de los hijos está haciendo que pasen más tiempo en casa o acompañados en todo momento por adultos. Señalan los expertos que eso hace que no adquieran herramientas para enfrentarse a la vida, que en otro tiempo empezaban por ir a comprar el pan o el diario en el quiosco. El verdadero riesgo se corre cuando el instinto de protección da paso a la paranoia y el equilibrio se pierde.
Los padres sienten la necesidad de resolver cualquier cosa por sus hijos, por pequeña que sea: desde si le quitaron la pelota en el colegio o si esa niña le habla o no. Esto responde a la hiperresponsabilidad que sienten, que no permiten que los niños busquen soluciones por sí mismos. "La consecuencia es que luego tenemos personas que esperan que los demás resuelvan por ellas", recalca Pacífico.
Se debe tratar de acompañar a los hijos, pero estableciendo la manera de que ellos mismos busquen soluciones para luego guiarlos. Tal vez por el ritmo de vida que lleva la sociedad, los padres no sólo no escuchan mucho, sino que se van directo a las soluciones. En la vida toca enfrentarse a que las decisiones generan consecuencias, y es importante aprender a manejar el fracaso, recalcan las expertas.
Los expertos también aconsejan volver al viejo arte de decir no. Para el escritor Carl Honoré, al mismo tiempo que los padres invierten dinero, tiempo y energía en ayudar a los niños a armar un impresionante currículum, flaquean en términos de disciplina: "Es más fácil decir que sí a una hora más de videojuegos o a un cuarto desordenado, pero los niños necesitan mano firme algunas veces. Los límites los hacen sentir seguros y los preparan para un mundo en el que hay reglas y responsabilidades".
Sin embargo, Honoré no deja de señalar las ventajas de hoy. "Actualmente como niño eres menos propenso a sufrir desnutrición, negligencia, violencia o morir que en otros momentos de la historia. Estás rodeado de comodidades materiales que eran impensables apenas una generación atrás. Además, académicos, políticos y empresarios están concentrados en buscar nuevas formas de educarte, alimentarte, vestirte y entretenerte, tus derechos están ahora establecidos en la ley internacional. Internet es una frontera interesantísima para aprender y entretenerse, y los padres de ahora son mucho más cercanos emocionalmente a sus hijos que nunca".
No hay fórmula mágica: se aconseja enseñar valores
Los niños necesitan espacio para explorar el mundo en sus propios términos; de esta forma es que aprenden a pensar, inventar y socializar, así como a disfrutar de las cosas y descubrir por sí mismos quiénes son.
Aunque admiten que no es tarea fácil, los expertos destacan la importancia de que papá y mamá sepan manejar sus propias expectativas. "Imaginan a su hijo como presidente de una trasnacional o de un país. Hay que ver las fortalezas y debilidades que como todo ser humano tiene, y reconocer las pequeñas y grandes cosas que hace", dice la psicóloga Pacífico.
También aconseja que además de ocuparse de que adquieran conocimientos, lo realmente importante es que aprendan valores. Antes de enseñarles a ser exitosos y tener mucho dinero, hay que inculcarles que se debe ser perseverante, responsable y honesto. "Hay muchas cosas que un padre no puede controlar de su hijo, pero al enseñarle valores, a la larga seguro que será una persona exitosa".
¿Y qué hay de jugar o, sencillamente, no hacer nada y sentir aunque sea un día lo que experimenta un auténtico vago? El tiempo de descanso debe ser incluido en el horario. Es un momento para reflexionar, escuchar sus propios pensamientos, ser creativo. Es importante que haya un rato en el que sea él quien decida lo que va a hacer, dice Silvia De Jongh.
No hay manual. La recomendación unánime de quienes saben del tema es que los padres recuperen la confianza en sí mismos. Que crean en sus instintos, en sus valores y no cedan ante la presión del entorno. Bastaría con recordar o mirar una foto de una matriarca de antaño para leerle en la mirada lo que esto significa.
El autor de Bajo presión: cómo educar... no deja de recalcar algo que ya todos los padres deben haber descubierto: no hay fórmula mágica para criar a un niño. "Cada hijo es único y cada familia es única, el secreto es encontrar la forma que mejor se adapte a usted y a sus hijos, y no sentir que debe hacer exactamente lo que otros hacen", sugiere.
El dato
Protagonista
No sólo son los chicos los que están bajo presión. Los padres creen que deben empujar, pulir y proteger a su hijo con celo sobrehumano, o de lo contrario sienten que están fallando. Se empieza con el natural instinto de hacer lo mejor y se termina llegando demasiado lejos. Un hijo no es un proyecto o un trofeo. Es una persona que brillará si se le permite ser protagonista de su propia vida.
Equilibrio. Los expertos coinciden que se debe buscar lo mejor para el niño sin pretender manejar completamente su vida. Los límites sí son bienvenidos.