Opinión |Pensar, pensar, pensar, pensar

Washington Abdala.
Washington Abdala.<br/>

COLUMNA CABEZA DE TURCO

En medio de torbellinos parece que todo va a explotar. Por Washington Abdala.

Cambié de tema a último minuto de entregar esta nota. En general, pienso una idea, la elaboro durante días y voy armando el artículo que usted lee. Hago eso como un pintor que va y viene durante días retocando su cuadro. Le voy cambiando palabras, lo aligero, busco ponerle ritmo. A veces enlentezco la narrativa con frases largas que hagan volar al lector conmigo. Otras, van frases cortas (pum-pum-pum) más efectistas y menos jactanciosas. Otras veces es más coloquial, otras más editorial, según cómo esté mi alma (o sea mi conciencia). En general, sale como un brulote, me gusta escribir a mil. Luego lo recorto. Me tengo que alejar del mismo. Olvidarme. Y volver a sorprenderme. Como es poco el tiempo -a diferencia del libro que permite tiempos distanciados- tengo que pensar lo que queda en pie. Escribir es pensar.

Esta columna va de tantos temas que usted nunca sabe qué se abordará. Yo tampoco. Esa es la gracia de este lugar en el diario. Nadie sabe de qué irán estas líneas. Y eso me permite tirar de la cuerda y hablar en serio, menos serio, con ironía o sin ella, pero siempre procurando hacer pensar sobre lo que yo me presiono a pensar. Y luego la cosa es difundir. Sin pretensiones revolucionarias, solo enganchado con mis lectores. Escribo por catarsis -no podría vivir sin eso, lo hago todos los días- pero también con la complicidad de los lectores. Uno se engancha, más ahora con las redes que te devuelven todo al toque.

Y de eso va hoy la cosa. De pensar, algo que no siempre se tiene que hacer solo. A mí me gusta pensar hasta cuando estoy jugando con mis hijos (en discusiones), con mis amigos, o quien sea. Pensar los temas, analizarlos, captar su esencia y desmenuzarlos. Me fascina ver cómo las palabras son quirúrgicas y no valen igual unas a otras. Gente como yo, afecta a lo dialéctico, las analizamos. Y a mí me gustan las palabras en todas sus construcciones, con metáforas, golpes secos, adjetivos y picardías retóricas. Me gusta el lunfardo, me gusta como hablan los pibes ahora (ponele) y me gustan los clásicos.

Cuando escribí mi primer libro, (ya conté esta historia, pero va con más sinceridad) se lo llevé al Dr. Enrique Tarigo para que lo leyera. A los días me dijo: “No está mal (creo que me estaba diciendo que estaba espantoso, porque Tarigo no podía engañar a nadie con su sinceridad) pero usted lo escribió para ver su nombre allí, eso nos pasó a todos, ya verá como con otros la cosa cambia”. (¡Grap!)

Todo era cierto, era un imberbe que pretendía que mi pluma florida iluminara el planeta. Un perfecto zapallo. Pero todo eso lo supe con el tiempo. Uno necesita tiempo para todo: para eliminar el narcisismo, para escribir con la verdad, para pensar y repensar los temas.

Algo que aprendí es que lo que pienso en un momento, cambia con los días y con los meses. Ni te digo con los años. Pensar te obliga a reanalizar tantas cosas que te lleva por un camino socrático inevitable hacia un sincericidio absoluto. Pensar y luego actuar. Pensar como en el ajedrez, varias jugadas adelante con escenarios hipotéticos. Pensar como piensa el otro, para pensar mejor uno, acorde a lo que uno cree.

Los que aman su senectud suelen creer que todo tiempo pasado fue mejor. Una imbecilidad pluscuamperfecta. Siempre el presente es mejor que el pasado. Siempre, se piensa más, se sabe más y se racionaliza más. Cuando estás en medio de torbellinos (quién no lo está) parece que todo va a explotar y uno cree estar en el huracán más loco de la historia. No es así, uno tendría que saberlo, pero no se puede pensar así siempre porque somos seres emocionales y pensar implica bajar la pelota, analizar, y no siempre es fácil en medio de la locura diaria. Entonces querido lector, piense mucho todo. Dude y vuelva a pensar. Al final, los que pensamos mucho las cosas, quizás aportamos algo. Eso si, sin pensar un poco, no se aporta nada. Y está lleno de gente que no piensa nada. Nada de nada.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar