Mi hijo tiene un entrañable amigo y compañero de estudios israelí. Un buen pibe y muy tranquilo. Resulta que Iván (mi hijo) quedó movilizado por lo que le pasó. La madre de su compañero, que vive en Israel, le mostró a su hijo en tiempo real, por celular, el bombazo de un misil que cayó al lado de su apartamento. Mi hijo estaba con su compañero. Se veía el humo negro y el agujero que había causado el misil. No era una película, era la vida real matando a la vida real. Luego vi el video reproducirse en las cadenas internacionales.
A los dos días, el amigo israelí de mi hijo abandonó sus estudios y se fue para Israel a cumplir de reservista y estar en el ejército a la orden y en el terreno. Iván le va siguiendo los pasos por WhatsApp.
En mi caso, tengo amigas y amigos entrañables, en Israel: de mi juventud, periodistas, intelectuales y empresarios. No sé si lo entiende el lector, pero todos están bajo estado de impacto emocional y con la sensación a flor de piel ante lo que sucedió con 1.300 israelíes que fueron masacrados por los terroristas. Todo lo ominoso de las amenazas de Hamás y de los clérigos persas, con Hezbollá como otro brazo ejecutor no era un bolazo. El miedo era real. La sangre a borbotones. Hasta con una nieta uruguaya es la cosa. La imagen del exterminio de Israel se cierne sobre todos ellos. Y la historia no juega a favor de negar esa tesis. Ayer y hoy se mezclan. Perdonen por recordar los que entienden que no hay derecho. Lamento incomodar, es que fueron muchos millones. Muchos.
No se puede vivir así. No es lógico. No es racional. No es posible soportarlo. Y daña la psiquis y la vida cotidiana. No se puede vivir con misiles que tiran del otro lado de una frontera unos fanáticos delirantes. ¿O cómo se califica a estos terroristas? Perdón nuevamente si los ofendo.
No es normal tener que padecer y soportar eso.
Me dice otro amigo querido que está allá: “No doy más, pero como tengo a mis hijos tengo que mostrar una entereza que ya no tengo”. ¿Qué le puedo decir? ¿Estupideces le voy a decir? ¿Díganme ustedes los “eclécticos”?
Este es el escenario que un grupo terrorista construyó. La locura, la banalización del mal como dijera Hannah Arendt, la normalización de la violencia en manos de gente que cree que está haciendo una obra enaltecedora. El delirio suelto. Y montones de personas opinando con pose de analistas y allá vuelan vidas, muere gente y todo sin lógica alguna. Es la hora en la que se impone estudiar mucho para emitir opiniones sólidas. Me parece.
Siempre la violencia es aberrante. Y eso es lo que se pide que se condene. El que no condenó genera suspicacias. El que iguala la causa palestina al delirio de Hamás ofende a todo humanista que defiende a los derechos humanos. El que cree que tiene que igualar asuntos disímiles y entidades respetables con grupos terroristas, lo digo en serio, está fuera de la mesa. No vale la pena discutir así.
Ya aprendimos que el terrorismo no salva nada; que los terroristas no pueden argumentar jamás una causa que les valide nada. Ya lo sabemos. Los que no quieren aceptar esa postura, dejan espacio para que algún día alguien a ellos mismos los suba a una guillotina y eso sea válido. Nunca es válida la violencia. Nunca. Jamás. ¿Qué no se entiende? ¿O hay una cantidad de muertos que dispara la sensibilidad? Pregunto.
¿Deberían haber matado a más de 1.300 israelíes para que el tema fuera considerado una infamia?