TENDENCIAS

El nuevo “boom” literario es más femenino y plural

Varias autoras latinoamericanas son reconocidas y obtienen algunos de los galardones internacionales más relevantes de las letras. 

Samantha Schweblin fue finalista en el premio Man Booker con su primera novela.
Samantha Schweblin fue finalista en el premio Man Booker con su primera novela.

Cuando se repasa la historia del “boom latinoamericano” de la literatura hay una primera constatación, hoy más evidente que nunca. No hay una sola mujer entre las plumas consagradas. ¿Es que no existían autoras de la misma talla, o aún superior? Claro que existían, pero la crítica y, sobre todo, eso que se llama el “mercado editorial” las invisibilizaba o, directamente, las segregaba de sus catálogos. La reivindicación femenina alcanzó hoy a las letras y esas viejas cuentas comienzan a subsanarse. Prueba de ello es el rescate de algunas autoras notables que no contaron con público en su momento y hoy son rescatadas.

Al decir de algunos críticos hoy se vive una suerte de boom latinoamericano de segunda generación. Pero esta vez definitivamente tiene rostro femenino. Este año algunos de los premios internacionales más importantes de las letras fueron casi en su totalidad para escritoras, más allá de su nacionalidad. Por empezar el doble Nobel de 2019 que fue compartido enter el austríaco Peter Handke y la polaca Olga Tokarczuk.

Hace tan solo unos días se anunciaba otra tanda de premios destacados en los que convergieron otras cinco autoras, en este caso argentinas. Mariana Enriquez ganó el prestigioso premio Herralde de novela; Selva Almada logró con su primera novela traducida al inglés el First Book Award, concedido por la feria de Edimburgo; en tanto que María Gainza obtuvo el Sor Juana Inés de la Cruz, concedido por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Hay que recordar que la autora, también argentina, Samantha Schweblin estuvo nominada para el Man Booker. También la escritora y periodista Leila Guerriero obtuvo, más o menos por las mismas fechas, el premio Manuel Vázquez Montalbán por su modo de abordar el oficio periodístico.

La revolución femenina en las letras comienza a ser un fenómeno reconocible. “Aunque, como recuerda la poeta y escritora Luna Miguel en su reciente El coloquio de las perras (editado por Capitán Swing), ensayo de ensayos, o crónica de lectura comprometida con la definitiva visibilidad de los modelos amputados, de un tiempo a esta parte el espacio para la reconstitución y la ampliación e incluso la redefinición del canon -por sistema inevitablemente machista: el dedo que señalaba y la mano que anotaba nombres eran siempre masculino y masculina- está creciendo”, escribía Laura Fernández en un reciente artículo de la revista Babelia de El País de España.

Mariana Enriquez obtuvo el premio Herralde, uno de los más prestigiosos en lengua castellana..
Mariana Enriquez obtuvo el premio Herralde, uno de los más prestigiosos en lengua castellana..

Rescates

En el mismo artículo se le pedía a un conjunto de autoras de distintas nacionalidades que seleccionaran los nombres de aquellas que, a su juicio, deberían integrar el canon. Algunos de esos nombres eran, hasta hace poco, prácticamente inhallables en los catálogos editoriales, otros sencillamente desconocidos para el gran público. Nombres como los de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, o sin ir muy lejos Mario Benedetti o Eduardo Galeano son inmediatamente reconocibles más allá de las fronteras de los lectores habituales. Pero no pasa lo mismo con, por ejemplo, Elena Garro -esposa de otro de los gigantes del boom como lo fue el poeta Octavio Paz-, Dulce María Loynaz, Rosario Castellanos, Sara Gallardo o la uruguaya Armonía Somers por mencionar algunos de los nombres que surgieron en la compulsa.

Estos redescubrimientos permiten poner en su verdadero lugar a algunas de las autoras más notables de las letras hispanoamericanas. “Jardín, la extraordinaria novela de Dulce María Loynaz, escrita entre 1928 y 1935 en su mansión de la calle Línea, El Vedado, describe lo que pocos han sabido narrar, los filosos y complejos contornos interiores, enrejados y silenciados de una Habana que este noviembre cumple 500 años”, escribe por ejemplo la cubana Wendy Guerra a propósito de su compatriota, distinguida en 1992 con el premio Cervantes.

Premio que, también hay que recordar, recibió en su última edición la poeta uruguaya Ida Vitale, el galardón más importante en lengua castellana que en sus 43 años de historia sólo cinco veces -incluida esta última edición- ha sido otorgado a mujeres. El premio ha permitido a muchos lectores volver sobre su obra o, sencillamente, descubrirla.

Nuevas

NUEVAS. La camada de autoras latinoamericanas que comienzan a poblar los catálogos de las principales editoriales son, al mismo tiempo, una variada muestra de géneros y estilos literarios. Desde el realismo más crudo a la ciencia ficción y lo fantástico, pasando por la infaltable literatura del yo a la crónica, no parece quedar ningún registro afuera.

Un ejemplo de estas nuevas corrientes es la producción de la argentina Mariana Enriquez, que obtuvo el premio Herralde con una novela que mezcla pasado político y relato fantástico de resonancias góticas al mejor estilo de Stephen King, del que la autora es confesa admiradora. Anteriormente Enriquez había llamado la atención de la crítica con un notable libro de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego, donde la autora se movía con maestría entre el terror, el realismo puro y duro, el relato de fantasmas.

Otro ejemplo cercano es el de la entrerriana Selva Almada y su novela El viento que arrasa, que le valiera el premio en su traducción al inglés. Allí narra la historia de un predicador fanático y su hija que debido al desperfecto en su auto quedan varados en medio de la nada, en las vastedades de la provincia del Chaco. Mientras el coche queda en manos de un mecánico local y su hijo, la pareja itinerante queda a merced de la tormenta, del “viento que arrasa”, una fuerza natural que también explica las pasiones humanas. Con ecos de gótico sureño, Almada logra una historia potente e inolvidable.

Otro ejemplo de estas nuevas corrientes literarias puede verse en la también argentina Samantha Schweblin. Una breve novela titulada Distancia de rescate bastó para ponerla en la mira de la crítica más exigente. Un relato de ribetes ballardianos, contado con la exacta dosis de realismo pero a la vez de alto poder especulativo, narra la historia de una madre y su hija a merced del riesgo de contaminación por agrotóxicos. La mencionada “distancia de rescate” es la que deberá cubrir la madre para salvar a su hija del peligro inminente.

Estos son solo algunos ejemplos de este nuevo boom latinoamericano, con fuerte dominio argentino como se vio, que comienza a emerger. Esta revolución parece haber beneficiado, por encima de todo, a las letras hispanas nuevamente.

Leila Guerriero, se llevó el Vázquez Montalbán por su labor periodística.
Leila Guerriero, se llevó el Vázquez Montalbán por su labor periodística.

Firmas que brillan en las letras locales

En las letras locales las firmas que sobresalen en este momento también son femeninas. La producción de escritoras como Carolina Bello -autora de la novela Oktubre, inspirada en el disco homónimo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota- ha cosechado elogios de la crítica fuera de fronteras. Narradoras de fuste como Mercedes Estramil han obtentido tanto premios locales de importanacia -como el Bartolomé Hidalgo de 2018 con su novela Washed Tombs-, como el vivo interés de la crítica con cada nuevo título. Este año Estramil ha vuelto a reavivar ese interés con la novela Mordida, donde vuelve a probar su pulso para narrar la violencia con sostenidas dosis de realismo y cruda pintura psicológica de personajes. Otro modelo de escritura potente es el de Mercedes Rosende, una autora que ha probado su valía en el género negro con al menos dos títulos memorables como Mujer equivocada y El miserere del cocodrilo, ambas publicadas por la colección Cosecha Roja de editorial Estuario. Rosende, que ha obtendio también varios premios imporantes tales como el del MEC, el municipal de narrativa y el del festival literario Ban! en Buenos Aires, acaba de publicar en Planeta su última novela Qué ganas de no verte nunca más.

Selva Almada fue laureada en Escocia por su novela más aclamada.
Selva Almada fue laureada en Escocia por su novela más aclamada.
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