Nostalgias cinéfilas

LIL BETTINA CHOUHY

Pertenezco a una generación que ama apasionadamente el cine. Gracias a mis padres tuve la suerte y el privilegio de vivir muy cerca de Homero Alsina, Hugo Alfaro, Emir Rodríguez Monegal, Mauricio Muller y tantos. Gracias a Gerardo Fernández -gran crítico- conocí al legendario Arturo Despouey. El amor al cine no se separaba antes y tampoco hoy de compartir en una sala oscura con desconocidos la fascinación que llega desde la pantalla. Bergman, Resnais, Huston, Truffaut y otros tenían cosas para decirnos sobre los asuntos más importantes de la vida. En las matinés del Casablanca o del Metro veíamos las inolvidables películas de la MGM, únicas para siempre. Más si se enamora perdidamente de Richard Burton en la inefable Las lluvias de Ranchipur. Mi amiga Martha y yo supimos compartir con elegancia ese flechazo. James Dean en Al Este del paraíso fue una revuelta emocional, como las comedias brillantes de los años 30 y 40, el neorralismo italiano, las discusiones sobre la nouvelle vague o Cahiers du Cinema. Las divinas desde Garbo y Bette Davis se exhibían para soñar con los alcances de la seducción propia. La boca única de Jean Moreau, que hoy valientemente sigue mostrando su cara añosa; la delicia de Hepburn, la maravilla de Marilyn, la elegancia displicente de Bacall, la intensidad inteligente de Anne Bancroft. Los festivales de Punta del Este, con Gérard Phillippe e Ives Montand, se llevan para siempre en el corazón. En el cine aprendí a pensar, amar, y conocer el mundo y su gente.

En estos días la decisión de Paul Newman con más de 80 años de no hacer más cine, los problemas de Cinemateca, la lectura de Cuestión de Énfasis de Susan Sontag y el disfrute inefable de la última película de Robert Altman, me han sumergido en estas nostalgias.

En el ensayo Cuando el cine cumple cien años, Sontag sostiene que el cine de los años de oro, es un intento de perpetuar y reinventar la sensación de portento que provocó en su primer año de vida. Dice "en la visita semanal al cine se aprendía o se trataba de aprender a caminar, a fumar, a besar, a pelear, a sufrir... se deseaba que la película nos arrebatase" . Sostiene también que la absoluta ubicuidad que hoy se les da a las imágenes en movimiento ha distorsionado la manera de ver cine. Según Sontag, la cinefilia ha muerto y así de alguna manera también muere el cine en el que el arte y el entretenimiento popular formaban parte de una magia compartida.

Por suerte hoy muchos uruguayos hacen cine, y Jorge Abbondanza y Antonio Larreta mantienen la antorcha de amor, cinefilia y talento que consuela a los nostálgicos como yo. Por cierto hay mucho para agradecerles.

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