Muchos aún viven odisea del tsunami

| Transcurrieron 19 meses desde que la devastadora ola provocÓ muerte y destrucción en miles de kilómetros de costas de Asia. La mayoría de los damnificados tiene vivienda y trabajo. Otros quedan postergados

THE NEW YORK TIMES | ACEH

Los habitantes de la comunidad costera de Masjid, en Indonesia tuvieron un destello de un futuro espléndido: casas con verandas sombreadas, un local escolar nuevo y el final de los galpones que fueron su mundo desde que el tsunami devastó miles de kilómetros de zonas costeras de Asia, hace 19 meses. Sin embargo, las casas construidas con madera no tratada por la agencia de ayuda Salven a los Niños, resultaron ser inhabitables. Algunas se construyeron en tres días y sus respectivas noches, indicaron los aldeanos. Los cimientos de la escuela siguen abandonados y el pasto ha crecido por todas partes. "La gente está enojada", indicó Innu A. Barkar, jefe de la aldea, mientras caminaba por las casas vacías, algunas usadas como criaderos de pollos. "Los socorristas hicieron promesas, pero no las convirtieron en realidad".

La vida en Aceh -la provincia más al Norte de Indonesia, donde murieron 170 mil personas en el tsunami de fines de diciembre de 2004, ha vuelto a tener una apariencia de normalidad.

En su mayor parte, los niños están en la escuela, se reconstruyen los caminos, los mercados al aire libre estan desbordantes de productos locales, no es tan difiícil entontrar empleo, e incluso, se sostiene el acuerdo de paz entre el gobierno nacional y las guerrillas separatistas. Se ha mudado de las carpas lodosas a la mayoría de los evacuados, aunque muchas familias todavía viven en precarios galpones.

GASTOS DISCUTIDOS. Los U$S 8.500 millones que las agencias humanitarias, los gobiernos extranjeros e Indonesia gastarán en la reconstrucción de Aceh parecen un espejismo, en opinión de muchos habitantes. Hasta ahora, el Banco Mundial dice que sólo se han desembolsado U$S 1.500 millones de los U$S 8.500 millones destinados a superar las consecuencias del desastre.

Algunos también sostienen que gran parte del dinero no se ha gastado bien. Un punzante informe difundido a mediados de julio por expertos de diversos gobiernos, las Naciones Unidas y las agencias internacionales de ayuda, y avalado por el ex presidente Bill Clinton, dejó en claro que los aldeanos no se quejan sin motivo. Varias de las agencias de ayuda que llegaron a Aceh después del tsunami se comportaron con "arrogancia e ignorancia" y, con frecuencia, su personal estaba integrado por trabajadores sin la debida capacitación, sostiene el informe. Si bien los miles de millones de dólares en donaciones se tradujeron en una cantidad récord de U$S 7.100 para cada persona damnificada -en comparación con U$S 3 para cada sobreviviente de las inundaciones en Bangladesh, en 2004- los habitantes de Aceh no han visto el fruto de la generosidad, indica el documento. La evaluación que Clinton hace en su prólogo, señala que las agencias de ayuda prestaron más atención a publicitar sus nombres y dar a conocer informes elogiosos, que a rendir cuentas de sus gastos. Las agencias se desempeñaron bien en los primeros tres meses posteriores al tsunami, cuando distribuyeron alimentos y agua, así como mantuvieron a raya las enfermedades. Gran parte de esos logros fue "en gran medida, gracias a las contribuciones locales", expresa el informe. Pero, en la construcción a largo plazo, la falta de capacidad de las agencias condujo a resultados malos.

La construcción de casas es de hecho la principal fuente de reclamos. En algunas áreas, se han levantado con rapidez conjuntos de casas nuevas, con sus techos de hierro acanalado que emiten destellos bajo el sol tropical. En otras, hilera tras hilera de galpones, llenos de familias deambulando, dan fe de la lentitud en la construcción de las viviendas. Una amplia variedad de agencias ha terminado de construir alrededor de 25.000 de las 120.000 casas nuevas necesarias, según las proyecciones de Habitat, organismo de Naciones Unidas.

SIN EXPERIENCIA. Existen muchas razones por las que la construcción ha resultado insuficiente, indicó Kuntoro Mangkusubroto, director de rehabilitación y reconstrucción, de Indonesia. Debido a la cantidad récord de donaciones del público, las agencias de ayuda se sintieron obligadas a avanzar con rapidez en la construcción de las casas, pese a que carecían de experiencia. "Dijeron: construyamos", explicó Mangkusubroto. "No hablaron de contratos. No hay acuerdos con los contratistas. Fue construir casas, una tras otra. Les dije una y otra vez que el tipo de personas con las que contaban y la forma en que manejaban las cosas, tenían que cambiar. Me llevó hasta fines de diciembre pasado convencerlos de que cambiaran".

En cuanto a la decepción en la localidad de Masjid, Salven a los Niños dijo que demolería 371 casas inhabitables que construyó allí y en otras partes y repararía otras 200. La agencia, que suspendió sus programas de construcción para poder investigar qué salió mal, ordenó casas prefabricadas de Canadá. A partir de septiembre, planea capacitar a los aldeanos para armarlas, dijo Mike Kiernan, director de comunicaciones de la agencia, quien informó que fueron despedidos tres inspectores porque no habían cumplido con su trabajo.

En similar acción, Oxfam despidió a diez empleados por motivos de falta de ética profesional, luego que descubrió connivencia entre ellos y contratistas indonesios, lo que resultó en casas de pésima calidad, reveló Ian Small, director de Oxfam en Aceh.

Los habitantes que están más complacidos son los que tienen casas construidas por la Sociedad Turca del Creciente Rojo, que pagó U$S 10 mil por cada casa de ladrillo y envió un equipo de ingenieros con experiencia en casos de desastre.

Turcos hicieron un buen trabajo

"Nos han dado buena calidad", comentaron Khairuman, un albañil de 45 años, y su señora Suginah, de 43 años, al referirse a las casas construidas por la Sociedad Turca del Creciente Rojo. Destacan el baño de mosaico azul de su nuevo hogar..

"La gente de Aceh, sufrió y necesita quedarse en buenas casas", afirmó el ingeniero Alí Pekoz. "Desde el vidrio a prueba de rayos solares en las ventanas hasta las bisagras importadas en las puertas, los turcos seleccionaron los mejores accesorios".

El análisis severo realizado por el grupo encabezado por Bill Clinton generó repercusiones en las principales agencias de ayuda. Las críticas se produjeron en momentos en que algunos discuten en Aceh y en Washington, si los contratistas privados con mayor experiencia o los Ejércitos nacionales deberían asumir los futuros esfuerzos de reconstrucción en zonas de desastre.

Sin embargo, las agencias humanitarias rechazan ese planteo por considerar que ellas aportan una dimensión especial al trabajo.

"Supongo que todas pudimos haberle dado los miles de millones de dólares recaudados para el esfuerzo a grandes empresas y quizás el trabajo estuviera hecho", dijo Ian Small, de Oxfam. "Pero, ¿eso construiría una sociedad más justa, con mayor rendición de cuentas e igualitaria donde a los pobres no se les deje atrás por falta de voz y donde se les dé poder a las mujeres para efectuar el cambio y una sociedad con capacidad de avanzar por su cuenta?"

Veinte minutos para salvarse

Expertos reunidos en Indonesia confirmaron que existe un sistema de alerta de tsunamis en el Océano Indico, pero el reto para los gobiernos locales es establecer maneras para hacer llegar las alarmas de olas gigantes a las dispersas comunidades costeras.

Cuando hace dos semanas 600 personas murieron en Indonesia debido a un tsunami, Patricio Bernal, director de la Comisión oceanográfica intergubernamental de Naciones Unidas calificó la tragedia de ``muy frustrante``. Ese día, 17 de julio, dos agencias regionales alertaron que un poderoso sismo podría desatar olas gigantes en la costa de Java, pero las autoridades de la capital indonesia, Yakarta, no lograron alertar a tiempo a las comunidades locales.

``El sistema es tan bueno como la reacción``, afirmó Joseph Chung, de la agencia de Naciones unidas para la reducción de desastres, al término de tres días de una conferencia sobre el sistema de alerta de tsunamis en el Océano Indico, valorado en 126 millones de dólares.

Desde el desastre de diciembre de 2004, se han instalado 23 estaciones de monitoreo sísmico bajo el agua que reportan al Centro de alertas para tsunamis, situado en Hawaii, y a la Agencia meteorológica de Japón.

Se estima que un tsunami puede desatarse alrededor de 20 minutos después de que se registra un sismo fuerte. AP

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