HISTORIAS

Los misterios de Francisco Piria develados en un libro

El matemático, estadístico y escritor Eduardo Cuitiño indaga en la figura del mítico personaje y, valiéndose de documentación, conocimientos científicos despeja varios misterios que rodearon su vida y su obra.

Palacio Piria, hoy sede de la Suprema Corte, está lleno de símbolos esotéricos.
Palacio Piria, hoy sede de la Suprema Corte, está lleno de símbolos esotéricos.

La figura de Francisco Piria permanece rodeada de un halo de misterio y, tal vez por ello, ha sido objeto de una extensa bibliografía y de una todavía más numerosa cantidad de interesados en su historia. El abordaje que propone el matemático, estadístico y escritor Eduardo Cuitiño en Las otras caras de Piria apunta al centro de estos misterios y pretende develarlos. O al menos suministrar una explicación racional a estos aspectos.

El libro se divide en tres partes: Piriápolis, el balneario que el notable empresario multifacético levantó de la nada; Montevideo, donde su obra se plasmó en la creación de varios barrios; y el propio personaje, su inclinación a la alquimia, al rosacrucismo y otras corrientes esotéricas, al socialismo, y su legado en bienes materiales, la mayoría de los cuales fueron, al decir del autor, saqueados.

En esta recorrida Cuitiño repara, por ejemplo, en la minúscula forma en que esta figura histórica es homenajeada en el nomenclátor montevideano al nombrar los 850 metros de una calle que desemboca en avenida Agraciada en la zona más populosa de Paso Molino, o más concretamente en Belvedere.

“En este sentido, es importante tener presente que si bien Piria es recordado como un gran rematador, urbanista, vitivinicultor, o industrial, no debe olvidarse que fue también un gran arboricultor. Actividad fundamental para el desarrollo de nuestro país (...)”, describe Cuitiño en los primeros capítulos.

El autor hurga en las más variadas fuentes documentales, que van desde las notas que escribiera el propio Piria para, por ejemplo, obtener el premio económico que brindaba el gobierno de la época por su labor forestadora, hasta las investigaciones hechas por otros autores como Marcia Collazo, Juan Ackerman, Juan Grompone, Luis Martínez Cherro, Daniel Pelúas, Carlos Real de Azúa, Mercedes Vigil, entre otros.

Y al tomar como “problemas” algunos de los misterios que se suelen vincular a la figura de Piria, el autor hace gala tanto de su ahínco para la búsqueda de fuentes documentales como de sus dotes en materia de lógica matemática. Con ello el libro sigue un derrotero detectivista que lo convierte en una lectura por momentos apasionante.

MAGNETISMOS Y ALQUIMIAS. “La existencia de ciertos lugares del planeta en donde fallan las brújulas alimenta el misterio y la curiosidad”, escribe Cuitiño.

“Lo sorprendente es que en Uruguay, aparentemente, existe un punto así: punta Imán, en Piriápolis. Un lugar de un extraño magnetismo que recibió ese nombre gracias a las leyendas de los marineros que decían que por allí las brújulas enloquecían y en donde han encallado varios barcos (...)”, describe el autor.

En este capítulo Cuitiño reseña primero la documentación histórica sobre los naufragios -el autor llega a detallar una lista de 31 incidentes entre 1531 y 1936- en los que el magnetismo parece haber sido la causa de fondo.

“Muchos buscan explicaciones a estas interrogantes en base a un supuesto sistema de radiación en forma de red de líneas de energía que cubren todo el globo terráqueo. Aparentemente sobre Piriápolis, gracias a la fuerte de energía telúrica de la zona, sus líneas se engrosan y se acercan. Se trata de las llamadas líneas Hartmann, propuestas en el año 1935, aunque nunca demostradas o corroboradas por la ciencia”, apunta Cuitiño.

Este capítulo sirve de preámbulo para algunos de los misterios de Piria desarrollados en los siguientes. La piedra que estalla en las manos de quien la ha recogido es uno de ellos. Allí el autor se basa en abundantes testimonios recogidos por la prensa entre la década de 1970 y años más recientes.

Pero Cuitiño recurre, además, a estudios geológicos y químicos sobre algunos minerales que pueden encontrarse en la zona y que pueden explicar estos curiosos fenómenos. “Los seres humanos necesitamos comprender la realidad para sobrevivir. En este caso, de estas facetas misteriosas o historias enigmáticas de Piriápolis debemos aprender que hay que ser muy cauto a la hora de tomar una piedra en la playa, sobre todo, luego de algún pequeño terremoto o temblor que tenga epicentro en el Río de la Plata”, escribe Cuitiño luego de explicar estos curiosos fenómenos.

En el siguiente capítulo el autor da cuenta de otro de los fenómenos misteriosos que rodea al balneario: el avistamiento de Ovnis. Y cita una obra de la escritora Yaravi Roig, que consagró su producción al estudio de la vida y obra de Francisco Piria. Según la autora uno de los primeros testimonios sobre avistamientos en la zona fue, nada menos, de Charles Darwin. Roig refiere que el científico dijo haber visto “sombras luminosas” sobre el Cerro San Antonio.

El capítulo incluye una sustanciosa crónica de El Diario a propósito de un avistamiento ocurrido en Montevideo en noviembre de 1976. La nota reproducida por Cuitiño contiene numerosos testimonios de personas que vieron el vuelo del supuesto Ovni.

Aquí también el autor ensaya una explicación racional acerca de estos fenómenos y los vincula con las explosiones solares que se han registrado en varias ocasiones en las últimas décadas.

MISTERIOS CAPITALINOS. En el capítulo Piria y sus misterios en Montevideo el autor se propone dilucidar algunos de los enigmas que el notable personaje dejó en la capital.

Cuitiño atribuye a Piria su condición de creador de varios de los barrios montevideanos, algunos de los cuales sobreviven hasta la fecha, en su calidad de especulador de tierras entre mediados y fines del siglo XIX. Y también propone algunos de los nombres curiosos o “sin explicación” que llevan algunas calles montevideanas vinculadas a Piria.

Los nombres de las calles de Montevideo encierran misterios interesantes. Como la calle ‘Chon’ de Punta de Rieles, de la cual no existen fundamentos para su denominación”, menciona a modo de ejemplo y añade algunos otros como el camino Tupa, que no guarda relación con el movimiento de izquierda, o la calle Goes, que evoca el apellido de dos hermanos portugueses responsables de la introducción de ganado en Paraguay.

“En una época, las calles de Montevideo que eran dedicadas a la memoria de una persona incluían solamente su apellido”, apunta. Y cita a modo de ejemplo las calles Vázquez en el Centro o Arismendi en el Cordón.

De un personaje de la talla de Piria cabe esperar controversias hasta en sus orígenes. Conocido mayormente como Francisco Plácido Piria, el autor indaga en la documentación de la época y logra exhumar el libro de bautismos donde aparece como Fernando Juan Santiago Francisco María Piria. Si bien este registro lo da como nacido en la antigua ciudad de Montevideo, el propio Piria se reivindicaría más adelante en su vida como nacido en Italia bajo el nombre mencionado al principio.

Las múltiples facetas de este personaje fascinante hacen del estudio de su vida un ejercicio apasionante. En este libro el espíritu inquieto y la capacidad investigativa de Eduardo Cuitiño lo convierten en un entretenimiento ideal para reservar, por ejemplo, para unas vacaciones bajo la sombrilla. Y para aquellos que veranean en Piriápolis y sus cercanías contendrá un encanto doble.

Francisco Plácido Piria, genio y figura.
Francisco Plácido Piria, genio y figura.

El balneario es una de sus mayores obras

“Lo creyeron loco. Para 1890 no había rutas, no había calles, no había vías, no había puentes, no había casi árboles, no había puerto, no había luz, no había saneamiento... y, para colmo, la gente no acostumbraba bañarse en la playa. Fue la fuerza emprendedora de Piria (y la magia de esa hermosa burbuja delimitada por los cerros y el mar) la que hizo el milagro que hoy todos disfrutamos”, escribe Eduardo Cuitiño al comenzar el primer capítulo de su libro. Y de inmediato alude a la que, probablemente, sea su mayor obra: el balneario fernandino que lo homenajea con su nombre. “Lo único que encontró Piria a su llegada es lo que hoy se conoce como Quebrada del Castillo, ‘una tapera deslomada’, como le gustaba decir según cuenta Pablo Reborido. Construida probablemente en 1760, fue posta militar, control de tráfico aduanero de los viajeros que iban hacia Maldonado y posta de diligencias donde se cambiaban los caballos. Cuando empezó a funcionar el Establecimiento Agronómico e Industrial, se convirtió en el eje de la actividad del futuro balneario, donde se alojaban capataces y peones”, escribe el autor.

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