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Miss Bolivia o cómo la cumbia sirve para luchar

Paz Ferreyra dejó la psicología para escribir canciones. Este año, el proyecto de su música cumplió una década. Y ella lo festejó cantando.
Foto: Guido Adler

Miss Bolivia, una de las voces más importantes de la cumbia actual

Atrás de las rastas hay un moño tirante, bien prolijo, como los que tenían que llevar las nenas que eran responsables e inteligentes e iban a un colegio católico. Atrás de los ojos desafiantes, penetrantes y negros, hay otros inocentes y con miedo al mundo. Atrás de la cumbia y del rap, hay horas de estudio de batería y de leer libros sobre ritmo y sobre música. Atrás de la cantante que dice que a la gilada ni cabida, mi vida, hay una psicóloga que ayudó a los padres y a los familiares que el 30 de diciembre de 2004 fueron a reconocer los cuerpos de sus hijos en Cromañón. Atrás de Miss Bolivia está María Paz Ferreyra (42). Y en el medio hay un camino lleno de cuestionamientos y de preguntas constantes, de aprender a entender, pero sobre todo, de deconstruirse hasta encontrarse. O hasta que Paz y Miss Bolivia pudieran convivir, ser una y cantar juntas para convertirse en una de las referentes de la cumbia argentina, pero también, en una de las voces más potentes del movimiento feminista. Este año Miss Bolivia cumplió 10 años, o lo que es lo mismo, Paz Ferreyra celebró (y sigue celebrando) una década como cantante. “Si bien la mía fue una carrera que fue paso a paso y muy despacito, también siento que pasó volando. En esta década yo puse en suspenso mi carrera anterior y durante estos diez años tuve posturas encontradas con respecto a eso, porque la de la música es una carrera en la que hay que remar mucho”, dijo en una entrevista con La Nación. Y aunque lo dudó más de una vez, la pasión siempre pudo más.

Romperse

Nació en Buenos Aires y desde niña fue al Colegio Nuestra Señora del Carmen, que era solo para chicas. Sus padres nacieron los dos en Río Cuarto, Córdoba, y cuando se divorciaron -siendo ella aún una niña-, su papá se fue a la ciudad cordobesa y nunca más regresó. Pero antes de que eso pasara, Paz se graduó del colegio siendo abanderada, con las mejores notas, como una de esas alumnas que hacen que las maestras se pongan orgullosas. En la adolescencia, en tanto, (y desde entonces) empezó a darse cuenta de que había algo más. Algo más allá de las estructuras del colegio de monjas, de la bandera y los libros. Se tiñó el pelo de rubio, empezó a escuchar música que no conocía (como Ramones o Fabulosos Cadillacs), a cobrarle a los chicos del secundario por darles un beso, a tener novios y novias y a dejar de tener miedo. Y entonces, a los 16 años, se ganó una beca para terminar de estudiar en Nueva York y no lo dudó. Allí cursó los últimos dos años del secundario y aprobó todo con buena calificación. Sin embargo, hubo algo más que hizo que Paz empezara, de a poco, a parecerse a Miss Bolivia. Conoció Grateful Dead, una banda de rock estadounidense y comenzó a dedicar su vida a seguirlos. Ahí Paz se rompió (literal y simbólicamente) y se volvió a reconstruir, pero esta vez, cambiando las piezas de lugar para formar otra cosa. Leyendo en una biblioteca de Nueva York se enteró de que en su país había habido una dictadura. 17 años tenía Paz cuando supo, por primera vez, que en Argentina aún había gente desaparecida. Se enojó, con sus colegios pero sobre todo con su mamá por ocultarle semejante parte de historia. De su historia.

Volvió a Buenos Aires, estudió psicología e hizo de todo para poder sobrevivir hasta que se decidió por empezar a aprender batería y estudió sin parar. Después, o a partir de eso, empezó a escribir canciones. “Pasé de la batería a hacer ritmos con palabras, una suerte de rap con poesía. Al ritmo le puse texto. Yo siempre fui del texto, siempre escribí y trabajé de colaboradora en algunos diarios. Era una nerd de la batería y de la escritura. Me resulta algo muy erotizante la escritura”, contó Paz en una entrevista con Eduardo Sacheri.

Cuando la despidieron de su trabajo como psicóloga, decidió invertir el dinero que tenía ahorrado en la producción de su primer disco, y entonces Miss Bolivia, un proyecto que había nacido de manera completamente amateur y solo porque sí, se empezó a transformar en su forma de vida. Y con él, su música comenzó a expandirse. Eligió la cumbia, porque sabe que con ese estilo puede siempre llegar a todos y todas. Hoy tiene tres discos y varias canciones. “La cumbia, como el rap, sirve para decir. Tiene métricas tan claras que podes montar sobre ella el mensaje que necesites”. Ella necesita decir para poder revolucionarse, y en su revolución, cambiarse, cambiar, escupir palabras que cambien el mundo: “Y así va la historia de la humanidad, que es la historia de la enfermedad, ay carajo qué mal que estamos los humanos, loco ¡paren de matarnos!”, canta, casi en un grito de militancia por las mujeres. Porque su música es de lucha, siempre y antes que nada.

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