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La memoria duerme en la Biblioteca del Palacio Legislativo: entre libros y constituciones

La Biblioteca del Palacio Legislativo es una de las más importantes del país. Ahora digitalizó las Constituciones de la República de 1917, 1934, 1972. 

Rafael Andrade y Beatriz Argimón en la Biblioteca del Palacio Legislativo
Rafael Andrade y Beatriz Argimón en la Biblioteca del Palacio Legislativo. Foto: Leonardo Mainé

Las indicaciones: para llegar a la Biblioteca del Palacio Legislativo hay que entrar por la puerta que da a General Flores, la paralela a la entrada principal, subir las escaleras, pasar por el scanner, presentar cédula de identidad y decir que se dirige a la biblioteca. Lo siguiente es atravesar una puerta custodiada por dos blandengues, caminar unos metros hacia el ascensor —paredes rojas casi bordó, un espejo mediano y algunos carteles que indican las medidas que hay que adoptar para estar allí durante el tiempo de pandemia— que está a la derecha y subir hasta el piso dos.

Del ascensor hasta la biblioteca hay unos pasos y aunque uno no espera que las cosas en el Palacio Legislativo aparezcan de forma casi imprevista, que aparezcan como si fuese algo que se encuentra sin demasiado esfuerzo, cuando se dé cuenta estará frente a su salón central. La Biblioteca del Palacio Legislativo se presenta así, en el medio del edificio más importante del país, en el medio de unos pasillos que están en silencio, en el medio de puertas cerradas, en el medio de los poderes, en el medio de la historia, en el medio de la democracia.

En el salón central de la biblioteca la realidad se detiene. El tiempo pasa lento y uno tiene la sensación de que si quisiera podría volver para atrás en la historia. Allí el mundo real —la vida, las personas, las calles, la ciudad veloz y gélida un martes de julio— queda afuera y solo se percibe si se mira por las cinco ventanas que están opuestas a la puerta de entrada, dispuestas a lo largo de toda la pared con una simetría perfecta.

Todo en la biblioteca tiene un lugar y un orden y un porqué. Cada uno de los 250.000 libros que están allí (y guardados en otras salas que se usan como archivo) tiene un lugar, un orden y un porqué. Tiene, además, un grupo de guardianes que los cuidan con el cariño de algo que se consigue después de haber peleado mucho, que se encargan de que todo se mantenga como tiene que estar: perfecto, inmaculado, cuidado.


El director, Rafael Andrade, y cada uno de los funcionarios de la biblioteca sienten un orgullo que tiene que ver con el esfuerzo, con venir recorriendo un camino que se hace de a poco, con paciencia, con ideas, con proyectos, con confianza. Y también con la creencia de que están haciendo un trabajo por el que vale la pena luchar: el de cuidar algo que es de todos, algo que guarda toda la historia de la democracia uruguaya.

El salón central de la Biblioteca del Palacio Legislativo
El salón central de la Biblioteca del Palacio Legislativo. Foto: L. Mainé

La Biblioteca del Palacio Legislativo tiene aires de majestuosidad, de grandeza, de superioridad, de belleza. Todo se conserva desde los orígenes, hace 90 años: los muebles de madera, las columnas de palo de rosa con detalles de bronce, el techo, el piso, los vitrales, el balcón, las escaleras, las butacas, las mesas. También algunos libros, a los que por su valor histórico y el tiempo con el que cargan en sus páginas, se puede acceder solo de forma digital.

El martes 14 de julio a las dos de la tarde Beatriz Argimón, vicepresidenta de la República, entra a la biblioteca para hablar de la Constitución, para contar, junto a Rafael Andrade, sobre un proyecto que se inició en 2015 y que supuso la digitalización de las Constituciones de la República de 1917, 1934 y 1952. La de 1830 fue la primera en digitalizarse. Desde el 17 de julio, un día antes de un nuevo aniversario de la Jura de la Constitución, se puede acceder a los documentos desde la página web de la biblioteca.

Este proyecto estuvo acompañado por un evento —El Contrato Político en el Uruguay y su Debate Constitucional— organizado que se realizó el viernes con la participación de Argimón y especialistas de diferentes ramas que abordaron y debatieron sobre la Constitución.

Vestida con un pantalón azul, un tapado mostaza y un pañuelo haciendo juego, Argimón se sienta con los pies cruzados y la espalda derecha en una de las butacas de la biblioteca y dice: “Este evento se da en el marco de la política comunicacional que estamos instalando en el Parlamento que tiene como objetivo fundamental seguir acercándolo a la gente para aportar a una mejora en la calidad de la democracia, mostrando todo lo que pasa aquí adentro que, en definitiva, es patrimonio de todos. Y nos pareció importante, frente a este nuevo 18 de julio, conmemorarlo mostrando las constituciones, una auténtica pieza para historiadores e investigadores pero también para los que nos gusta la historia y para la ciudadanía en general”.

Las constituciones, los libros, las primeras ediciones, los pisos de madera que crujen a cada paso, las estanterías llenas de libros, los legisladores y las legisladoras, los investigadores que llegan a ella a buscar información, los turistas que la visitan. Todo en la biblioteca tiene una historia que sus autoridades y funcionarios buscan, de diferentes maneras, mantener encendida, abrirla, traerla al presente y hacerla cercana para todos.

Histórica

La Biblioteca del Palacio Legislativo es la segunda más importante del país
La Biblioteca del Palacio Legislativo es la segunda más importante del país. Foto: L. Mainé

La Biblioteca del Palacio Legislativo fue creada por la Ley N° 8.417 el 31 de mayo de 1929 y fundada el 25 de agosto de ese mismo año. Surge como tal de la unificación de las antiguas bibliotecas de la Cámara de Senadores y de la Cámara de Diputados.

“Somos un servicio casi pionero en empezar a brindarle servicio a las dos cámaras —cuenta Andrade —Nace, como todo en este país, por iniciativa particular de algún legislador de la época en la que comenzaron a plantear la necesidad de que el Poder Legislativo brindara la posibilidad de acercar los libros a los legisladores que no pudieran tener acceso a ellos de otra manera”.

Dice Andrade que los inicios de la biblioteca están llenos de anécdotas. Que las paredes y los libros guardan mil historias. Y recuerda una de ellas: “Cuentan que hubo una vez por aquella época en la que se tenía que votar una partida para que el presidente comprara un carruaje más elegante que el que ya había. Y se generó una discusión por la que el presidente terminó por tomar la decisión de comprar un carruaje de menor valor y la diferencia del dinero se la dio a la biblioteca para la adquisición de libros”.

Esa historia le sirvió a Andrade, director desde 2013 y funcionario de la biblioteca desde 1993, para comprender que la lucha por la cultura es algo que trasciende los tiempos. “Cuando uno está en este lugar tiene que pelear por recursos. Entiendo que hay otras prioridades que son ni buenas ni malas, pero es una lucha. También está el amor que pueda poner cada uno en convencer a las autoridades a veces de que es necesario mantener esto”.

La biblioteca, que además del salón central tiene una hemeroteca en el anexo del Palacio Legislativo (ver recuadro aparte), tiene una colección de 250.000 libros entre los que hay obras con un gran valor histórico. Ese es el caso de Retórica castellana, un libro de 1541, o de La conversación consigo mismo, que tiene la firma original de José Gervasio Artigas.

Por su colección y por su doble condición de biblioteca parlamentaria y pública, la del Palacio Legislativo es considerada la segunda más importante del país, después de la Biblioteca Nacional y tiene como “misión principal auxiliar y cooperar con los legisladores todo en el cumplimiento de sus funciones”, según la información oficial. “Está destinada a promover el desarrollo cultural de la comunidad asistiendo a otras instituciones públicas y/o privadas y suministrando a la ciudadanía información, documentación y asesoramiento en base al acervo bibliográfico general, doctrinario, jurisprudencial y legislativo que posee”.

Diseñada por el arquitecto italiano Cayetano Moretti -director de las obras del Palacio Legislativo- toda la decoración de la biblioteca, íntegramente realizada en maderas nobles, fue fabricada en Milán, Italia.

Argimón mira hacia arriba cuando dice que “nadie se olvida del primer día que entró a esta biblioteca”. Ella recuerda que fue en 1989 y que cuando atravesó la puerta se quedó parada mirando todo en un “estado de maravilla”, cautivada por la estética, tan especial, tan impoluta, tan cuidada. Recuerda las primeras lecturas sobre la historia del feminismo, cuando eran los 2000 y ella empezaba su actividad parlamentaria, las hizo en las mismas mesas a las que ahora, a sus espaldas, alcanza el sol que entra por las ventanas.

La Biblioteca del Palacio Legislativo tiene 250.000 libros
La Biblioteca del Palacio Legislativo tiene 250.000 libros. Foto: L. Mainé

Fueron muchos los legisladores que crearon un vínculo con la biblioteca, que la apoyaron, le trajeron libros, la hicieron crecer. Que lo siguen haciendo. Ahora son menos porque, sostiene Andrade, a la información se puede acceder por otras vías. “Antes los debates parlamentarios salían de aquí de la biblioteca. Nosotros teníamos que sacar los libros, los diarios y llevárselos a la sala al legislador que empezaba a leer y debatía muchas veces con la información directa de los libros. Era muy rica esa experiencia”.

Ahora Andrade y su equipo trabajan para acercar la biblioteca a las nuevas generaciones de legisladores pero también a la ciudadanía en general, tanto en Montevideo como en el interior del país. Entre sus proyectos, además de la digitalización total de los libros (ver recuadro), está el de crear un nuevo edificio que tenga entrada directa para todas las personas que quieran acercarse. Esto tiene que ver con poder preservar el salón central pero también con generar un lugar que tenga una entrada directa desde la calle. Porque, cree, para llegar a la biblioteca actualmente hay que atravesar varias “barreras”.

Eso sí, una vez que se llega, una vez que la biblioteca aparece casi sin anunciarse, una vez que se atraviesa la puerta (hoy hay que ponerse alcohol en gel y guantes), hay un mundo que se devela detenido en el tiempo, alejado de todo lo que pasa afuera, con una calma liviana, agradable e inmaculada que invita a estar, a observar, a permanecer.

El proceso de digitalización
Constitución de la República

En 2014 la Biblioteca del Palacio Legislativo inició un proceso de digitalización de todos los libros que tienen en su colección. En este momento hay 450 que ya están digitalizados y entre ellos hay unos 300 disponibles para el público en la página web de la biblioteca. Este es un proyecto que, dice Rafael Andrade, actual director, puede “levar toda la vida”.

El proceso para digitalizar un libro consta de tres partes. La primera es la preproducción, en donde se “prepara” el material, “es una etapa de limpieza total del libro”, explica Andrade. Una vez que está listo y que se chequee que se encuentre en el marco de la Ley de Derechos de Autor se pasa a la segunda etapa que tiene que ver con la digitalización en sí misma, es decir, con el pasaje del material por el scanner, que tiene que ser especial para que no dañe al libro. Ocurre, no solo con la digitalización de los libros sino también de la prensa, que muchas veces hay una sola oportunidad para pasarlo por el scanner. Andrade recuerda una exposición de diarios de época que realizaron en el marco del centenario de la Primera Guerra Mundial. “Ene se entonces la directora del servicio bibliotecológico y yo fuimos los únicos encargados de abrir los diarios porque lo teníamos que agarrar con mucha delicadeza para que no se rompieran. Entonces si vos vas a digitalizar un diario, un libro o un documento que tiene 100 años, seguramente te lleva mucho tiempo porque hay que tener mucho cuidado en que la toma que hagas no falle porque no sabés si aguanta una nueva apertura”. La tercera etapa del proceso tiene que ver la posproducción que consiste “en el control real entre el soporte papel y el soporte digital, porque todos tendemos a pensar que automáticamente queda digitalizado y una vez que uno hace un control posterior se ven una cantidad de errores que en el momento se te pueden pasar”.

El proyecto de digitalizar las Constituciones de la República de 1917, 1934 y de 1952 tiene, por su parte, dos puntas. Una que tiene que ver con que cualquier ciudadano pueda ver el documento de manera digital y otra que tendrá expuestos los libros en un mueble especial a la entrada de la biblioteca, con una línea del tiempo en donde se va a marcar un resumen con los cambios de esas constituciones.

extensión

Biblioteca móvil, Mochila viajera y Guardianes de la memoria

Además de la colección de libros y la hemeroteca, la Biblioteca del Palacio Legislativo tiene un departamento de extensión bibliotecaria tiene que ver con crear programas y eventos para acercar a los ciudad.

Aunque este año las actividades están suspendidas por la pandemia - si bien ya se retomó la atención al público con previa agenda- cuentan con tres programas que generan actividades con personas de todas las edades: Biblioteca móvil, Mochila viajera y Guardianes de la memoria. Los dos primeros son proyectos para escuelas y liceos de todo el país mediante los cuales los niños, niñas y adolescentes visitan la biblioteca y cada institución se lleva a préstamo una valija con más de 200 libros. “Hemos tenido, siempre, una devolución del 99 por ciento”, dice Rafael Andrade, director. El tercero es para adultos mayores. La biblioteca invita a diferentes instituciones a visitarlos y organizan actividades con ellos. Entre ellas está una visita a la hemeroteca y la consulta del diario del día en que nació cada uno. Por otro lado, tienen ejemplares de la Constitución de 1967 escrita en sistema braille.

La hemeroteca

En el edificio José Artigas funciona el anexo del Palacio Legislativo. Allí se encuentra la hemeroteca, que es otra pata de la biblioteca. Cuenta con aproximadamente 700.000 diarios y semanarios y 150.000 revistas, generales y jurídicas, desde 1835 hasta la actualidad. Además tiene un archivo de cuatro millones de imágenes digitales y 1333 rollos de microfilms.

La hemeroteca es visitada por historiadores, investigadores, estudiantes a lo largo de todo el año.

La idea, sostiene Rafael Andrade, a cargo de la dirección, es que en un futuro el sitio en el que se encuentran todos los archivos de prensa y revistas, pueda ser solamente de depósito ya que actualmente los funcionarios trabajan en el mismo lugar y, si bien el ambiente tiene controles de temperatura y humedad, el material necesita ser resguardado en buenas condiciones. Allí, además, hay una pieza aparte, la camareta, donde están, bajo llave, los libros más importantes de la colección de la biblioteca.

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