EL PERSONAJE

Luis "Chato" Arismendi: "Cuando canto, no me guardo nada"

Es uno de los grandes de la música tropical uruguaya, pero, ahora que vivió de todo, canta tangos y milongas, los estilos que lo marcaron durante su infancia y juventud.

Luis "Chato" Arismendi
Foto: Fernando Ponzetto. 

Cuesta creer que esa voz llena de pedregullo, con tantas cicatrices y experiencias, haya sido —sobre todo en la década de 1980—, una de las más potentes, nítidas y transparentes de la música tropical uruguaya. Pero, si hay dudas, basta solo ver el excelente documental Memoria tropical de Aldo Garay, emitido por TV Ciudad en 2017 (y aún disponible en YouTube. El capítulo que está íntegramente dedicado a Arismendi, puede verse acá).

Con 68 años, Luis “Chato” Arismendi bien puede colgarse el cartel de leyenda de esa movida incluso cuando va al Ministerio de Desarrollo Social porque, como dice, “no tiene para comer”. La pandemia, claro, le cortó muchas posibilidades de trabajar y ganarse el pan, aunque hace el viaje desde Las Toscas a Montevideo para ensayar para unos futuros shows que tiene planificados junto a otros integrantes de la movida tropical, tanto veteranos como más jóvenes.

Pero aunque siga transitando los caminos de la plena, la cumbia y otros géneros tropicales, Chato es, ante todo, un tanguero. Desde hace unos años es acompañado por un cuarteto de guitarras en donde desgrana clásicos del tango y la milonga. “Yo me crié en el tango. Cuando tenía 10 años me presenté en mi primer concurso televisivo, creo que era 'Admiral busca al talento admirable', en Canal 10 cuando el canal estaba atrás del Cilindro, en aquellos galpones”, rememora.

Era oriundo de Las Piedras, tal como Julio Sosa, y venía de familia musical. “Mi papá cantaba muy bien y tocaba en conjuntos. Mi madre también cantaba muy bien, pero más de entrecasa”. Nunca estudió canto o algún instrumento. Todo le vino de manera natural y autodidacta.

La infancia, adolescencia y juventud estuvieron marcadas por el tango y la milonga y eso lo llevó a cruzarse con Alfredo Zitarrosa (“El uno” como le dice él). “Con un amigo, Carlitos Magallanes que ahora es director de la Sinfónica de Porto Alegre, nos veníamos de Las Piedras a Montevideo a tocar en diferentes tanguerías. Y una de ellas era Cafetín De Antaño, que quedaba en Yaguarón e Isla de Flores. Ahí tocaban todos y también Mario Núñez y sus Cuerdas de Oro. Núñez era único, no había nadie como él. Yo tenía 17 y lo idolatraba. Un día mi mamá vino a despertarme. ‘¿Qué querés, mamá? Dejame dormir’. ‘Está Mario Núñez en la puerta, quiere verte’, me dijo. Salté de la cama, me desperté en un segundo, temblaba de la emoción. Había venido con uno de sus músicos, Gualberto López. Ahí empecé a tocar con ellos y tocábamos mucho en Cafetín De Antaño. Todas las noches que tocábamos venía a vernos un tipo vestido de traje y corbata, flaco, que se tomaba un vaso de grapa con limón y fumaba mientras miraba el show, muy tranquilo. Una noche, el dueño del boliche lo agarra a Mario y le dice: ‘Oye Mario, me dice Alfredo que quiere cantar una milonga’. ‘¿Quién?’ ‘Alfredo, el flaco’, le dijo y lo señaló. ‘Ah, ¿canta? Decile que nos acompañe a la cocina luego de tocar y ahí vemos’, le dijo Mario. Y luego del show nos fuimos todos a la cocina. Ahí, entre esas paredes llenas de manchas de grasa, Alfredo nos cantó 'Milonga para una niña', uno de los primeros temas que grabó. Y yo ahí”, cuenta Arismendi emocionado.

Arismendi se sumó al cuarteto de guitarristas de Zitarrosa hasta que las condiciones políticas para gente de izquierda se pusieron peligrosas. “Él se tenía que ir, y justo en esa época le salió una gira por México. Eran seis meses. Pero yo me estaba por casar, no quería irme por seis meses apenas casado. Pero tampoco quería decirle eso, porque tenía miedo. Los otros me decían ‘hablale sin problemas, él va a entender’. Hasta que me armé de valor y lo fui a ver. Le dije que no iba a acompañarlo a México. ‘¿Por?’, me preguntó, con las cejas arqueadas. ‘Porque me caso’, le dije. ‘Ah, eso se respeta. No se preocupe. Cuando vuelva, retomamos’, me dijo”.

Ese reencuentro nunca se dio. Zitarrosa estuvo años exiliado y Arismendi, al poco tiempo de casarse, en 1972, se fue a trabajar a Brasil, donde se quedó hasta 1979. “Tocaba tangos, milongas, boleros, bossa nova... Hasta que me vine”.

Cuando regresó a Uruguay, las mayores oportunidades para trabajar estaban en la música tropical. “Me llamaron de Grupo Latino y me enrosqué con ellos. Estuve con ellos varios años, luego pasé a Conjunto Cubano y después anduve por varias orquestas. Y en ese camino seguí hasta ahora, pero... No critico a mis colegas, pero la música no es lo que era antes. No es un comentario destructivo. Ellos saben que es así”.

Como integrante de Grupo Latino, Arismendi brilló. En el documental de Garay, uno de los directores musicales de Grupo Latino, Jorge Bingert, recuerda el ingreso de Arismendi al conjunto: “Me dicen que en Las Piedras había un cantante que era un fenómeno, el ‘Chato’ (...) Fue una explosión de música. Además, tocaba el bajo, cantaba, y en el escenario era un tipo con mucho, mucho carisma. Transmitía, contagiaba. Se nace con eso”. Otra voz en el documental, la del presentador Fidel Modernell: “El Grupo Latino tuvo una época en la que levantó muchísimo, que fue cuando contrató a Luis Arismendi. Ahí el grupo pegó un salto cualitativo”.

Al recordar esos años, Arismendi dice que fue su mejor época, tanto desde el punto de vista comercial como artístico, porque como cantante, al decir del productor de espectáculos Ruben Yimeiyan, estaba “despegado”. “Pero nunca fui prolijo”, reconoce. “La noche te trae un montón de cosas... No es que alguien te obliga. Vos vas porque querés. Ahora tengo 68 años. Termina un baile y estoy deseando llegar a mi casa. Antes, terminaba un baile y yo: ‘¿Para dónde vamos? Todo era distinto antes, los líos eran mano a mano... Tengo 50 años de calle y noche, pero tengo miedo de ir hasta la esquina”.

Siguió trajinando la noche y los escenarios, pero no estuvo en todas las orquestas. Uno tiene que saber dónde encaja y dónde no, afirma. “Es como el fútbol. Por más que seas un buen jugador, no encajás en todos los equipos. Me acuerdo, por ejemplo, de Miguel Villalba, que estaba en Conjunto Casino. Y en un momento se vino a tocar con nosotros: un mes duró. No era para esa orquesta. Él se llevaba la milanesa que le preparaba la esposa, un tipo muy prolijo, tranquilo. Un buen loco. Y nosotros éramos todos borrachos. El tipo nos miraba con los ojos grandes. Le decíamos: “Dónde te fuiste a meter ¿eh?” Y él respondía: “Creo que me vuelvo a Casino” (risas). Éramos todos laburantes, pero teníamos nuestras cosas. Le agradezco a Dios haber vivido esa época”.

Y el tango nunca faltaba. Aunque era un nombre consagrado en la música tropical, de tanto en tanto se hacía un tiempo para cantar tangos. Ahora que lo acompaña un cuarteto de guitarras, puede dedicarse un poco más al género de sus primeros amores. ¿Qué es lo que más le atrae del tango? “Las letras duras”, dice sin titubear y recuerda una charla que tuvo con su padre. “Yo era un niño y le dije que quería ser cantante de tangos. Me dijo que no. Que para ser cantante de tangos tenés que vivir y yo todavía no había vivido nada”.

Ahora que ya ha vivido bastante y tiene una voz que lo evidencia, Arismendi sí canta tangos, y lo hace, como dice él, entregando todo. “No me guardo nada”.

—¿Como el Polaco Goyeneche?

—¡Exactamente! Además, a él también le pasó ir perdiendo la voz. Una vez, estando en Buenos Aires con un amigo que había sido guitarrista de Troilo, me recordó algo que Troilo le había dicho al Polaco cuando se dio cuenta que Goyeneche estaba perdiendo la voz. “Polaco, ya no cantes más el tango. Contalo”. Eso me quedó, porque por más que puedas cantar bien técnicamente, si la gente que te escucha no te cree, sonaste. Hay que interpretarlo, no solo cantarlo.

En eso anda actualmente, cuando y donde puede: contando una historia que supo de triunfos y derrotas, noche y juerga, penurias y éxitos. Y es de orden secundario si lo hace en el tango o en la música tropical. La voz del Chato transmite autenticidad y pasión en cualquier estilo.

Sus cosas

Una canción
Joe Arroyo
A sol caliente
Lo dice sin dudarlo. El tema, compuesto por el cantante y autor colombiano Joe Arroyo (foto) fue el primer gran éxito que tuvo en Grupo Latino y lo acompáñó durante muchos años. “La grabé en todas y cada una de las orquestas en las que estuve. Una vez estaba en el Solís cantando tangos y me la pidieron”.
Un cantante
Ricardo Olivera
Ricardo Olivera
“Hay muchos, pero Edmundo Rivero es uno de ellos”, dice sobre el cantante argentino cuando le preguntan por sus intérpretes favoritos. Pero Arismendi también tiene un referente tanguero uruguayo y que aún está vivo: Ricardo Olivera. “Me encanta, es uno de mis pollos”, dice sobre su gusto por la garganta de Olivera, quien ya tiene una extensa trayectoria en el país.
Un escenario
Antel Arena. Foto: Leonardo Mainé
Antel Arena
A pesar de que recorrió muchísimos escenarios, tanto uruguayos como internacionales y para públicos tanto de tango como de música tropical, Arismendi elige un lugar que recién entró al circuito de lugares para tocar en vivo: el Antel Arena. “Me sorprendió. Me encantó cantar ahí. Fui invitado por el Fata Delgado, creo. Y fue precioso”.
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