Los trazos de una opinión

| La primera edición del concurso 100 latinos Miami, que seleccionó a fines del año pasado a las figuras más destacadas de la comunidad hispana en esa ciudad, escogió a un solo uruguayo: el caricaturista político y pintor Daniel Pontet.

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FELIPE LLAMBÍAS

Ni siquiera él sabe muy bien cómo describirse. Encontró una palabra, creativo, que le ayuda a englobar su mayor motivación y las múltiples tareas que tiene. Sus principales disciplinas son la caricatura y la pintura, pero también hace ilustraciones, dibujos animados e incluso ha trabajado en diseño gráfico. "Cuando me encierran en un área me siento asfixiado, porque en el fondo me siento bien cuando estoy creando en lo que sea", afirma el uruguayo Daniel Pontet (53), radicado en Miami hace veinte años, en diálogo telefónico desde su casa.

El concurso 100 latinos Miami lo eligió en diciembre como uno de los hispanos destacados de esa ciudad, y único uruguayo que había contribuido con su talento y éxito al desarrollo económico, social y cultural de esa región. Junto con él estaban figuras archiconocidas como Mario Kreutzberger -alias Don Francisco-, Ricky Martin o Gloria Estefan, además de médicos, empresarios y profesionales diversos.

Desde entonces su foto aparece en un mural de la terminal norte del aeropuerto de Miami al lado de los otros 99 y un libro hecho para la ocasión incluye una reseña biográfica suya. Figura en la selección como dibujante debido a su extenso trabajo de caricaturas políticas para el diario Nuevo Herald, uno de los más importantes de la ciudad, y más recientemente en el Progreso Weekly, una publicación digital, donde expresa su opinión a través del trazo.

Sus habilidades como caricaturista político lo llevaron al reconocimiento, pero también sus muestras de pintura. Tan es así que en numerosas ocasiones, según cuenta, hablan de "Pontet, el del diario" o "Pontet, el pintor" sin saber que son la misma persona.

Cuando vivía en Montevideo estudió con el acuarelista Esteban Garino, alumno de José Luis Zorrilla de San Martín; con Américo Spósito, de la escuela de Joaquín Torres García; y con Héctor Laborde, discípulo de Miguel Ángel Pareja.

"Fueron mis tres referencias más importantes porque tenían puntos de vista distintos respecto al arte, lo que para mí fue enriquecedor", indica Pontet, quien ahora dice tener su propio estilo "pero con la amplitud de mente de haber visto tres caminos diferentes".

El artista combina el dibujo a mano con las herramientas que le brinda la computadora. Prefiere no hacer todo frente al monitor porque de la conjunción surge un dibujo no tan frío, expresa. "Eso me ha abierto un campo porque hay muchos que hacen todo con computadora".

Se fue del barrio de La Unión en 1991 tras conseguir los papeles para la residencia en Estados Unidos y empleo en la Editorial América. En Uruguay trabajaba en el Instituto del Libro del Ministerio de Educación y Cultura, en el diario Últimas Noticias y hacía ilustraciones para la revista Charoná y para publicaciones norteamericanas. Pero veía que en el medio local le iba a costar el crecimiento profesional y enviar trabajos al exterior era muy engorroso. "Una vez tenía que entregar un trabajo para EE.UU., había una huelga en el puerto y no tenía témperas o acrílico blanco para retocar unos dibujos. Busqué por todo Montevideo, en Barreiro, en Mosca, por todos lados, y ninguno tenía. Todo era más difícil", recuerda.

Partió. Primero con la idea de estar un tiempo y luego viajar a Italia, país del que tiene ciudadanía. Pero poco a poco se fue asentando en la Florida. Se casó, se divorció, se volvió a casar y tuvo dos hijas. Y cada vez ve más lejano el regreso, por el reducido mercado que hay para su trabajo en Uruguay y por las raíces que ya consolidó en Estados Unidos.

FÚTBOL, FÚTBOL, FÚTBOL. La relación de Pontet con este deporte es especial. Jugaba desde chico con la pelota y como hincha de Peñarol iba al estadio los fines de semana. "Ahora no lo sigo tanto, a pesar de que mi señora trabaja en el canal Gol TV y se pasa mirando los partidos. Pero como buen uruguayo, el fútbol es parte de mi vida".

Junto con la política son sus dos pasiones, asegura. Y por más que ya había hecho algún trabajo aislado vinculado al deporte, siempre quiso "hacer algo grande con un Mundial". Y en 2010 lo logró.

-¿Cómo surgió?

-Empecé a hacer bocetos y después me entusiasmé. Con unos amigos me metí en un proyecto para hacer los dibujos de las figuritas de los álbumes. Hice unas cien caricaturas que salieron en varios países, particularmente en Centroamérica. Luego le vendí el paquete a Gol TV, que son uruguayos también. Ahí me metí en otro proyecto más que fue dibujar una caricatura diaria del Mundial. Todos los días, junto con los comentarios en el informativo pasaban la caricatura animada con lo más importante de la jornada. Fue una experiencia bárbara para mí.

-Un trabajo contrarreloj.

-¡Ah sí, terrible! A veces el partido más importante se jugaba de mañana y entonces ya estaba definido que iba a ser sobre eso. Ahí no había problema. Pero a veces el partido más importante se jugaba de tarde y podía terminar como a las cuatro. ¡Y a las cinco debía entregar! Tenía una hora para dibujarlo, pintarlo, escanearlo, y como luego iba a ser animado tenía que hacer cada dibujo por separado. Estaba agotado completamente.

-¿Cómo hizo para manejar esa exigencia?

-Fue tanto el estrés que cuando Argentina perdió 4 a 0 con Alemania caí. Terminé internado dos días en el hospital. Pensé que había tenido un infarto, pero por suerte era agotamiento nada más.

-Luego esas obras fueron expuestas.

-Al tiempo que trabajaba para Gol TV comencé a preparar una muestra para el Museo de Arte Hispánico y Latinoamericano con los dibujos de fútbol. En el museo me invitaron a exponer por un mes y finalmente las obras permanecieron tres meses. Para la muestra hice una escultura del futbolista argentino Lionel Messi en papel mâché que medía 42 centímetros de alto. Siempre me gusta trabajar en algo tridimensional como para que la gente pueda hacerse la idea del volumen.

PROYECTOS. Hasta ahora dictaba talleres en instituciones escolares donde hablaba sobre "el arte en general y todos los caminos que los niños pueden tener", algo que para el artista era "una especie de orientación" a los alumnos.

Actualmente Pontet planea comenzar a dar clases de verano en una escuela. "Les enseño que no es sólo la pintura o el dibujo, sino que hay otros caminos como los que seguí yo". Les instruye en dibujo, ya que considera que el trazo es la base de todo.

El artista está embarcado además en otro proyecto: dibujos animados para un canal de televisión, DiabeTV, que es sobre salud y que se puede ver a través de Internet.

Y, como siempre, seguirá opinando con sus trazos sobre la política y su mundo.

"Ridiculizar siempre genera algún rechazo"

La tarea del caricaturista requiere, además de la habilidad con el lápiz, estar constantemente informado para analizar la actualidad y, de alguna forma, ridiculizarla. "La caricatura es un campo en el que me metí y que no tiene nada que ver con el arte o la ilustración, pero que me divierte", cuenta el uruguayo Daniel Pontet, quien trabajó cinco años en el diario Nuevo Herald de Miami, uno de los más importantes de la ciudad, y que hace dos está en el periódico digital Progreso Weekly. En el Herald hacía algo de noticias internacionales, mientras que ahora se enfoca en lo local. "Es divertido porque uno puede dar su opinión y -según los organizadores de 100 latinos Miami- desde la caricatura uno está generando opinión pública".

-¿Qué es la caricatura política para usted?

-Tiene algo más que una simple caricatura. Es un trabajo periodístico, solo que en lugar de escribirlo lo dibujo. Es una puerta para poder volcar mi opinión y de alguna forma colaborar con la comunidad. Uno puede recrear la noticia, rescatarla, poner en evidencia un hecho, dejar mal parado al personaje en cuestión. Es más comprometedora. La noticia no sigue de largo, sino que uno le pone otro clavo más para que no se vuele.

-¿Cómo se lleva con esa tarea?

-Es divertido pero tiene sus complicaciones con los políticos. Siempre alguno se queja. Miami es una ciudad muy politizada. Yo me entretengo, pero algunas veces lo que me hace gracia a mí no le genera lo mismo a otros. Ridiculizar a una persona o situación siempre genera algún rechazo que algunas veces se manifiesta abiertamente. He recibido quejas, advertencias, ataques de algún medio. Pero el trabajo es así.

-¿Cómo son esas quejas?

-No todos se quejan en público. Y no sólo provienen de políticos, sino también de sus seguidores, sobre todo en campaña. Una caricatura política que pone en evidencia algo malo en ese momento no es algo conveniente, aunque lo que se diga sea una verdad. No tengo una posición política determinada y trato de mantenerme neutral, pero me he dado cuenta que por más que intento estar al margen, siempre la gente te encasilla.

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