Nirvana flechó a Leo Borges en la adolescencia y con 13 años le picó la curiosidad de aprender a tocar la guitarra. Sus padres le dieron el visto bueno con la música pero lo mandaron a clases de piano. Él sentía el teclado lejano al rock y tres años después juntó US$ 100 gracias a que trabajó como vendedor ambulante junto a su padre y logró comprarse su primera viola.
“No tenía con quién aprender y me fui a la casa de un vecino veterano que tocaba folclore y me enseñó las básicas”, repasa el historiador, escritor y comunicador. La vida puso en su camino a Edgardo Olivera y con 20 años armaron una banda de rock que bautizaron El asilo de la bestia, donde Leo se desempeñó como bajista. Según cuenta a Domingo, lo de su amigo con la viola era tan impecable que decidió cederle el instrumento.
Tocaron dos años (2006 y 2007) en el circuito under sin lograr continuidad: el trabajo, la familia y los hijos hicieron lo suyo. Se bajaron de los escenarios por 13 años -en el ínterin, incluso Leo vendió su bajo y se compró uno nuevo en uno de los tantos intentos fallidos de vuelta- hasta que en 2020 dijeron ‘es el momento’.
“Vino un gran baterista (Esteban Lafargue), un tecladista (Gerardo García) y una cantante (Eugenia Bonilla) que llenaron todos los requerimientos de los temas que veníamos componiendo desde el 2006 y ahí es donde El asilo de la bestia vuelve a emerger, porque nunca habíamos conseguido una cantante que lograra desarrollar vocalmente lo que imaginábamos”, se explaya.
La vuelta de la banda está signada por el compromiso. “Largamos el proyecto no para distender la mente, sino con la idea de hacer una carrera”, indica Leo. Y asegura que descubrió que lo difícil en la industria musical no es mantenerse sino existir: “No pretendemos ser una banda under para siempre, queremos que nos escuchen. Estamos con ese trabajo de hormiga de intentar llegar”.
No vienen mal: en marzo grabaron el disco Despertar y lo están mostrando. El próximo gran reto es el Durazno Rock el 18 de noviembre; le sigue la presentación del álbum en la sala Camacuá el 29 de este mes (entradas a la venta en Redtickets) y el Mercedes Rock el 8 de diciembre.
Leo empezó a escribir poesía por una necesidad expresiva y hoy cumple el sueño de cantar ese material que compuso con 15 años: “Había muchas ganas de decir cosas, creíamos que teníamos un puñado de canciones que tenían que ser escuchadas”, dice. Grabaron el disco Despertar a pulmón, de forma independiente y autogestionada.
“Asilo de la bestia es el nombre de una canción que aún no grabamos y no tiene que ver con la bestia como el demonio sino con esa concepción de que el hombre es el lobo del hombre y la bestia está adentro de nosotros”, explica sobre el tema que da nombre a esta banda cercana al metal que procura sonar lo más rock setentoso u ochentoso posible. Asegura que también priorizan el cuidado de la estética: “Nos parece importante tener cierto vestuario para enfrentarse al público. La idea no es aparecer en un festival como si estás barriendo el patio de tu casa”. Leo disfruta de los toques, aunque reconoce que subirse al escenario le da un poco de temor: “Siempre la mirada del otro es muy fuerte, pero nos gusta mucho”.