¿La selección sexual rige la evolución?

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La selección natural es una idea simple: todo ser vivo tiene una gran capacidad de reproducción, pero solo algunas copias sobreviven lo bastante como para reproducirse a su vez: aquellas con unas variantes más ventajosas. Si las condiciones del entorno se mantienen durante cientos de generaciones, las variantes ventajosas colonizarán toda la población. Visto desde fuera, la especie habrá evolucionado hacia una forma mejor adaptada a ese entorno.

Pero Charles Darwin se dio cuenta de que la cornamenta del antílope y la cola del pavo real no podían haber evolucionado por selección natural -ambas son costosas de producir, molestas de llevar y aparentemente inútiles-, y postuló un segundo mecanismo para explicar esas ostentaciones: la selección sexual.

La teoría sostiene que hay rasgos que garantizan a su portador un gran éxito con el sexo opuesto. La potencia es en estos casos superior al de la selección natural, que tiende a eliminar esos alardes tan vistosos para los predadores. Como mecanismo evolutivo, tener éxito es más rápido que pasar inadvertido.

Tanto la cornamenta del antílope como la cola del pavo real son producto de la selección sexual, aunque de dos modos distintos. La cornamenta le sirve al macho para pelearse con otros machos por las hembras. La cola sirve directamente para gustar a las hembras.

Una hipótesis extendida para explicar nuestras preferencias sexuales -o incluso todas nuestras tendencias estéticas- es que lo bello es un marcador de lo sano. Una cara simétrica, por ejemplo, sería el resultado final de un proceso de desarrollo adecuado. Esto explicaría el gusto humano por la simetría. Pero el investigador Alexandre Courtiol no cree que esa idea explique los nuevos datos (ver nota central). "Determinar si los rasgos atractivos representan o no signos de calidad es una cuestión difícil", dice el científico. "Ya Darwin y Wallace (Alfred Russell Wallace, el codescubridor de la evolución por selección natural) discreparon sobre la cuestión, y la controversia no ha cesado. Los psicólogos evolutivos tienden a ignorar esos problemas, por desgracia, y han propagado la idea de que el atractivo es la marca externa de los buenos reproductores".

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