La moda de los fitoestrógenos

| Desde que las mujeres orientales tienen menor incidencia de cáncer de mama que el resto, se presumen cualidades curativas de los fitoestrógenos. Parecería también que ayuda en lo cardiovascular Y alivia síntomas de la menopuasia. Mitos y verdades

GABRIELA VAZ

Los fitoestrógenos están "de moda". Desde hace ya bastante tiempo se los puede encontrar en homeopatías presumiendo de tener diversas cualidades preventivas y curativas; desde ayudar en enfermedades cardiovasculares u osteoporosis hasta aliviar los síntomas de la menopausia y disminuir el riesgo de cáncer de mama. Pero, ¿cuáles son las propiedades reales de estos compuestos? Algunos expertos todavía no ratifican con certeza esa lista de bondades, pero aseguran que su buen consumo puede ser vital en algunas etapas de la vida.

Se llama fitoestrógenos a algunas sustancias que se encuentran en las plantas y tienen una estructura química similar a los estrógenos. Son básicamente tres: isoflavonas, lignanos y cumestranos. Si bien se encuentran en frutas, verduras y leguminosas, la principal fuente de isoflavonas es la soja y el mayor productor de lignanos es la semilla de lino. De hecho, uno de los factores que volcó la atención en estos compuestos fue la menor incidencia de cáncer de mama y síntomas de climaterio que tienen las mujeres orientales, cuya dieta incluye soja en cantidades muy superiores a este otro lado del mundo.

Como explica la nutricionista Lucía Pérez Castells, directora técnica de la publicación Nutriguía, la soja es un alimento de por sí lleno de propiedades benéficas. "Es una proteína de gran valor biológico, que se asemeja a las de origen animal. Además contiene fitoestrógenos y grasas vegetales. Su consumo, en el marco de una dieta baja en grasas saturadas y colesterol, puede actuar en la prevención de enfermedades cardiovasculares, y ese es su efecto principal".

Por su parte, el médico y homeópata Bernardo Ferrando confirma que los brotes de soja y lino aumentan la producción de estrógenos. "Se ha comprobado que mujeres que no estaban recibiendo terapia de reemplazo hormonal pero tenían una dieta rica en harina de soja o lino mantenían esa actividad estrogénica". Por esa razón, el alivio de los síntomas de la menopausia es uno de los beneficios de los fitoestrógenos alrededor del cual hay mayor consenso. "Cuando la mujer entra en la menopausia deja de fabricar estrógenos, comienza a tener trastornos físicos y emocionales por esa falta, y así aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares u osteoporosis. Algunos estudios demostraron que el suministro de estrógenos artificiales no era lo mejor y se comenzaron a buscar otras alternativas. Tras constatar que las japonesas tenían de por sí menos problemas a ese nivel se tomó en cuenta la importancia de la alimentación en la mujer post menopáusica", explica Ferrando.

A su vez, y más allá de los efectos propios de los fitoestrógenos de la soja, nunca está de más sustituir un alimento de origen animal por otro vegetal, con gran valor biológico y buenas grasas, recuerda la nutricionista. "Nosotros no estamos habituados a consumir esos alimentos, pero solo deben buscarse y se pueden hacer en distintas preparaciones". A la soja, se puede agregar lino, tofu o tempeh en la dieta como fuentes naturales de fitoestrógenos.

Si bien existen otras acciones que se adjudican a estos compuestos, los expertos recuerdan que no están probadas en un ciento por ciento. "Aunque los profesionales de la salud deben ser cautelosos y enfatizar que los datos todavía son inconsistentes y los resultados modestos, pueden recomendar a los pacientes que experimenten sofocos en forma frecuente, que incluyan soja o isoflavonas para mejorar sus síntomas", dice Pérez Castells citando a un científico experto en propiedades de la soja.

También se habla del mejoramiento o la prevención de la osteoporosis, los cánceres estrógeno dependientes, "pero no hay estudios concluyentes en ese sentido", completa la nutricionista.

Actualmente, y desde que se instaló esta moda, es común que se vendan semillas de soja, lino, sésamo o una mezcla de todos ellos y otros alimentos bajo el nombre de fitoestrógenos, algo comparable a vender una naranja bajo el nombre de "vitamina C". "En otros casos vienen en píldoras —hoy hay cápsulas de isoflavona— pero siempre son mejores los naturales. Tienen una acción distinta si están aislados a si están unidos al alimento. Su acción es más adecuada en la soja que en un suplemento aislado. Además, no está muy claro la cantidad exacta de suplemento que hay que consumir", apunta la directora de Nutriguía.

Los uruguayos no consumen lo necesario

El estimado de consumo diario necesario de fitoestrógenos se instala entre 30 y 50 miligramos, algo que no llega para nada a cubrirse en la dieta media de una familia uruguaya. Según Pérez Castells, se pueden tomar las mezclas de proteína de soja, lino, semillas de girasol o sésamo, pero es más difícil calcular a ciencia cierta las cantidades adecuadas. "Depende mucho del alimento, porque los fitoestrógenos son distintos según sea de soja, tofu, proteína aislada, etcétera. Es diferente la cantidad que aporta y ahí depende del producto con que esté hecha esa mezcla".

De todas formas, tanto la experta en nutrición como el médico homeópata coinciden en que el consumo de fitoestrógenos nunca implicaría un riesgo de salud para alguien, ni siquiera en los infantes. "En los niños mejora la tendencia a la descalcificación. No tienen riesgo para nada, al contrario", asegura Ferrando.

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