La historia de una aldea medieval escondida entre las dunas de Valizas

En este pueblo rochense habita una familia que 30 años atrás eligió un estilo de vida autosuficiente, natural, austero y basado en oficios ancestrales.

Terezinha rodeada de naturaleza mientras trabaja la huerta de la aldea medieval en Valizas.
Terezinha rodeada de naturaleza mientras trabaja la huerta de la aldea medieval en Valizas.

Terezinha Terdiman lleva 32 de sus 62 años viviendo de forma autogestionada y autosuficiente en un rancho de totora en Valizas. Fue testigo de como su compañero Rodolfo Tellechea, quinchador de oficio, levantó la casa familiar con un machete y un martillo. La pareja de artesanos se mudó a Rocha con sus dos hijos mayores (Camilo y Sara) y la del medio (Ausmel) en camino. Aterrizaron en este pueblo famoso por sus paradisíacas playas y dunas, precisamente, en búsqueda de un lugar donde parir lejos del sanatorio, ya que la experiencia con Sara había sido para el olvido.

Llegaron también abrazando un estilo de vida más austero, simple y en total conexión con la naturaleza. En Valizas retomaron los oficios tradicionales y se hicieron expertos en hilado, quinchado, cestería y zapatería. Se apropiaron del entorno y de lo que este les proporcionaba para producir y subsistir. Aprendieron a curtir el cuero de pescado, a hilar la lana desde la rueca y a darle color con las plantas.

Esta familia se hartó del bullicio de la ciudad, de la locura montevideana y optó por aislarse del sistema hace poco más de tres décadas. Se arriesgaron para embarcarse en la aventura de crear una aldea medieval en el corazón de Barra de Valizas con miras a poder vivir a su ritmo, bajo sus normas y su propia matriz productiva. Al mirar atrás, no se arrepienten en absoluto de semejante decisión.

“Lo volvería a hacer porque siento que es una vida más auténtica. No sé si fue una visión o cómo llamarlo, pero hace 32 años vi una sociedad muy robotizada, y me dio pánico criar a mis hijos en esa sociedad. Fue muy fuerte cómo lo vi y le pedí a mi compañero que me atendiera el parto de Ausmel. Paro abajo un árbol igual, le dije, pero volvamos a la naturaleza”, revela Tere a Domingo.

Y cuenta que dio a luz a Ausmel en un ranchito de Valizas y a Jeremías, su hijo menor, en una playa rochense un viernes 13.

La primera escala de este periplo fue La Paloma, pero duraron muy poco allí: el nivel de urbanización seguía siendo excesivo para lo que aspiraban. Rodolfo y Tere querían un entorno más silvestre y agreste, un lugar que les proporcionara los materiales naturales necesarios para construir su casa, y donde primara lo artesanal por sobre todas las cosas. Valizas reunió todas esas condiciones.

“Llegamos en plena temporada y había mucho turismo. Fue un poco impactante llegar a una zona con tanto movimiento y en marzo quedar 300 pobladores y los perros”, relata sobre el período de adaptación.

Al principio se vincularon con la pesca artesanal como medio de vida y aprendieron a curtir el cuero de pescado. Muy rápido se metieron a experimentar con la huerta y las gallinas, y enseguida se familiarizaron con todo lo que les proporcionaba el entorno para empezar a producir.

“Cambiamos nuestra matriz productiva: estábamos muy abocados a la bijouterie y dentro de esa conexión con la naturaleza vino el trabajo con la lana: hilarla desde la rueca, darle el color desde la colecta de las plantas, encender el fogón para dar teñido. También aprendimos a tejer sombreros de totora y a hacer coladores de té con juncos”, repasa Tere.

Esta aldea de Valizas es uno de los 30 emprendimientos de artesanos y de gastronomía que participará de la sexta edición de la Feria Medieval, que por primera vez se desarrollará en Rocha -antes se hizo en el Castillo Pittamiglio de Maldonado y en el de Montevideo-. La cita será el sábado 7 y domingo 8 de octubre (de 14 a 22 horas el sábado y hasta las 20 el domingo) en los jardines del Fortín de San Miguel (Chuy), en el marco del Día del Patrimonio.

La entrada vale $100 por día (los menores de 10 años no pagan) y un alimento no perecedero. Se adquieren en Redtickets, en efectivo en la puerta del evento o anticipadas a través de Leones y Rotarios del Chuy.

Clanes de Uruguay y Brasil dirán presente en la Feria Medieval y llevarán su clásico recreacionismo histórico.
Clanes de Uruguay y Brasil dirán presente en la Feria Medieval y llevarán su clásico recreacionismo histórico.

Habrá feria artesanal con oficios de antaño en vivo (hilanderas, forjadores, alfareros, joyeros), arquería, lectura de oráculos vikingos, recreacionismo histórico con clanes de Uruguay y Brasil, música celta y originales propuestas gastronómicas.

Tere y su familia habían oído hablar del evento y se sentían muy identificados con la consigna, así que al enterarse de que la feria desembarcaría en Rocha quisieron ser parte.

“Suelo decir que nuestra forma de vida es muy medieval. Tenemos paredes de barro, techos de quincha, techos vivos, que también eran antiquísimos. Cuando mis hijos eran chicos tuvimos vacas e iban a la escuela a caballo”, da cuenta Tere sobre este estilo de vida tan peculiar que ha inspirado a uruguayos y extranjeros.

Y cita un par de ejemplos: “Hace unos años vino una chica italiana que había aprendido a tejer en Chile y un amigo le había dicho, ‘si querés ir a los orígenes tenés que ir a Valizas y aprender a hilar con la Tere’. Se vino, volvió a Italia con ese conocimiento y me mandó un video desde un castillo medieval diciéndome, ‘Tere, acá hay muchas ruecas pero la gente no sabe usarlas’. O gente que aprendió a quinchar con mi compañero y entendieron que esto era un estilo de vida mucho más simple y que podías no depender de tantas cosas que el sistema te inserta como que son necesarias”.

Museo viviente

La aldea, que se transforma en hostal durante la temporada para brindar alojamiento a turistas, también supo ser un museo textil. En 2009 se construyó un espacio con ruecas antiguas y telares para recibir a la gente, y en 2015 fueron invitados a integrar un catálogo iberoamericano de museos vivientes. La condición de museo vivo se debe a que las piezas cobran vida y realizan las tareas de hilado que se hacían cientos de años atrás. El lugar se deterioró y este año decidieron empezar las obras de refacción. El plan es reinaugurar el próximo 28 de diciembre para dar la bienvenida a la temporada estival.

Ecológicos

El museo de la aldea se caracteriza por ser viviente, ya que las piezas cobran vida cuando los visitantes realizan tareas de hilado.
El museo de la aldea se caracteriza por ser viviente, ya que las piezas cobran vida cuando los visitantes realizan tareas de hilado.

Los habitantes de la aldea caminan por la playa para arrancar la jornada. Amasan su pan a diario y prenden el fuego para cocinarlo. Luego hacen plantines, se encargan de la huerta y del bosque de comestibles, que no tiene variedad pero sí fruta escalona (ahora abundan las naranjas y están madurando los nísperos). También alimentan a las gallinas y a sus mascotas -la dieta de sus perros es a base de pescado-.

Siempre dedican algunas horas a los distintos talleres a fin de preparar la producción de cara a la temporada de verano.

Cada miembro de la familia cumple múltiples roles funcionales a la aldea. Rodolfo es quinchador, hilandero, hacedor de ruecas y zapatos. Tere es hilandera, tejedora de telar -Rodolfo le enseñó este oficio que aprendió de sus tías- y también elabora tinturas y agua florida. Ausmel es tejedora, hilandera y tarotista; Jeremías es hacedor de arcos y pescador, y Aymaren es el vikingo de la aldea.

Se guían por las lunas para ciertas tareas -para cortar fibras, por ejemplo, lo ideal es la menguante, para evitar que se pudra- y fomentan la durabilidad de los productos.

A Tere le cuesta mucho usar ropa o zapatos que no sean fabricados en los talleres de la aldea y dice que ese interés se remonta a su niñez: “Mi padre vendía libros y le pedía los portafolios para investigar en los calzados”.

Confiesa, además, que lleva 20 años sin tomar analgésicos y es defensora a ultranza de la medicina de las plantas, algo que aprendió en talleres, libros e intercambios. Es más, se curó un prolapso uterino grado tres con baños de asiento de milenrama, tintura de bolsa de pastor y ejercicios de yoga. “Llegué a la consulta y estaba bárbara así que le dije a la médica, ‘hice esto, para que lo tengas en cuenta para otras pacientes que no quieren tomar la bolsa de medicación o hacerse la operación”, revela.

Rueca hipnótica

Tere recorre escuelas del medio rural con sus talleres de hilado en palito y telar en cartón, y se maravilla con la respuesta de los alumnos cada vez que se los desconecta de la tecnología para vincularlos con estos oficios ancestrales. “Captar la atención de los niños no es fácil pero estos son saberes que vienen desde el principio de los tiempos, entonces más allá de la conexión 5G, está la conexión interior con las raíces. Ponés una rueca en el aula y no precisás ni pedir silencio”, atestigua. Cuenta que también impulsa “la autogestión de las mujeres” con cursos de quinchado en totora en procura “de la independencia del techo”.

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