La fábrica de sueños, en exhibición: así es el Museo de la Academia de Cine

Un recorrido por el Museo de la Academia en Los Ángeles revela cómo Hollywood conserva, celebra y también desmitifica su propia historia.

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Museo de la Academia del Cine

Incluso un Oscar pierde su brillo. En una sala dorada que bien podría ser un altar, encontramos decenas de las estatuillas que se entregan anualmente en el Dolby Theatre, puestas una junto a la otra, en urnas, todas con el nombre y el apellido de su dueño y el motivo del reconocimiento. Así las ve el visitante del Museo de la Academia del Cine, ubicado en Los Ángeles, California.

“Premio a Mejor Actor, Clark Gable, 1934”, dice la placa; sobre ella, el hombrecillo entregado al protagonista de Sucedió una noche tiene más de latón que de dorado; una pátina lo ha opacado en sus casi 100 años de existencia. En comparación, el premio a Ke Huy Quan por Todo en todas partes al mismo tiempo en 2023 tiene ese brillo que solo luce el oro de 24 kilates.

En esta ciudad que el invierno parece no tocar es donde viven los famosos, cerca de los principales estudios de filmación. El museo que les rinde honor está a punto de cumplir cinco años el próximo setiembre y su existencia motiva una pregunta: ¿por qué demoró tanto en ser una realidad?

La Academia se fundó en 1927, pero el museo recién abrió sus puertas en el año 2021, en el llamado Edificio Saban, remodelado a casi 90 años desde su construcción. Parece nuevo. Antes incluso de pasar los controles de seguridad, a uno lo recibe una estatuilla del Oscar de tres metros de alto, como las que colocan en la alfombra roja de la gala. Ya adentro, la amplitud de la planta baja sugiere algo masivo. La primera parada es una sala a oscuras con una pantalla gigante, que muestra una recopilación de videos de las ceremonias antiguas. Del blanco y negro al color, y de ahí a la alta definición. De ganadores caucásicos a gente de origen diverso. Zoe Saldaña llora ante cámaras, Adrien Brody se conmueve.

Ya luego empieza la visita propiamente dicha. En el segundo nivel hay algo que se repetirá a lo largo de toda la visita: lugares para tomarse fotos. Aquí está una recreación de la oficina de Vito Corleone en El Padrino (1972); el visitante puede sentarse tras el escritorio, incluso responder al teléfono como lo haría Marlon Brando. Los detalles parecen sacados del cine, pero en una inspección cercana algunos libros de las estanterías revelan no ser reales. Como todo en Hollywood, no es ser, sino parecer. La idea es que en las áreas designadas para fotos especiales el visitante esté acompañado, para que alguien más capte la imagen (lo siento, pero quienes disfrutan los museos solos aquí estarán en desventaja). Aunque hay una excepción en lo de El Padrino: el supervisor de la sala está autorizado a tomar fotos a pedido del visitante.

En este piso también está uno de los montajes más ambiciosos del museo, la retrospectiva dedicada al surcorearno Bong Joon-ho, director de películas como Memories of Murder (2003), Madre (2009) y la ganadora del Oscar Parásitos (2019). Es una muestra variada, que incluye desde un modelo a escala de la criatura de la película El huésped (2008), hasta dibujos de producción de Okja (2017). Pero la muestra no es solo una colección de objetos de filmación, sino que también conlleva un interés por rastrear las influencias del cineasta. El recorrido incluye un muro con pósters de las películas que lo marcaron (El silencio de los inocentes, Marathon Man), pero también presenta un registro de sus años de estudiante. El museo ha puesto los libros fotocopiados con los que estudió cine, así como los VHS del videoclub que administró personalmente.

Por cierto, el visitante que llegue hasta aquí ya se habrá dado cuenta de que las cédulas museográficas no solo están en inglés, sino en español. Un reconocimiento al idioma que hablan 15 millones de californianos, aproximadamente el 39% de la población.

Todavía en el segundo piso, una de las salas más nutridas alberga la exhibición Stories of Cinema: Identity, enfocada en el vestuario. Diversos estudios han donado material de sus archivos, como es el caso de los trajes que vistieron Ariana Grande y Cinthya Erivo en Wicked (2024), así como los utilizados por Johnny Depp y Helena Bonham Carter en Sweeney Todd (2008), el vestido rosa con diamantes que usó Nicole Kidman en Moulin Rouge (2001), etc. No es el único lugar donde hay trajes, los cuales abundan en el tercer piso, en la sala más extensa del museo, de la exhibición Inventing Worlds and Characters: Encounters, enfocada en la ciencia ficción, la fantasía y el horror. Dicho espacio también contiene elementos de utilería, como una marioneta original de Gremlins (1984), el escudo del Capitán América, la cabeza del extraterrestre de Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), entre otros.

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Museo de la Academia de Cine

Las joyas de la corona.

En el tercer piso, una muestra pone el foco en las diseñadoras de producción Sarah Greenwood y Katie Spencer, ganadoras del Oscar, que han trabajado en conjunto en cintas como Orgullo y prejuicio (2005), Anna Karenina (2012) y Barbie (2023). La sala está llena de dioramas de sets, miniaturas utilizadas como referencia para la directora Greta Gerwig. No falta la casa de Barbie y tampoco la Mojo Dojo Casa House de Ken. Lo digital habrá avanzado, pero nada se impone todavía a lo físico, y Hollywood lo entiende.

La otra exhibición, tal vez la principal, está dedicada a la película Tiburón (1975), con la que Steven Spielberg saltó a la fama y sentó las bases del blockbuster moderno. Entre figuras a escala del tiburón, cámaras subacuáticas y otras piezas de utilería, destaca un póster de Universal hecho en honor al récord de la cinta. Un cartel que menciona los países donde la película fue un éxito.

Nuevamente, es una exhibición interactiva. En la muestra dedicada a Tiburón también hay una parte en la que se invita al visitante a sentarse en una silla como la que usó el jefe de policía Martin Brody (Roy Schneider) en la playa, donde observó el caos causado por el escualo. Allí un aparato ayuda a los visitantes para que, con sus teléfonos, puedan hacer un zoom hacia atrás mientras la cámara se acerca. Una de las tomas más famosas del cine al alcance de todos.

Además de su función expositiva, el Museo de la Academia también se concibe como un centro de investigación y conservación del patrimonio cinematográfico. Bajo la órbita de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, resguarda archivos, bocetos, guiones y piezas históricas que permiten estudiar la evolución del cine desde sus orígenes hasta la actualidad. Parte de su trabajo incluye la restauración y digitalización de materiales fílmicos, así como la organización de muestras temporales y programas educativos que buscan acercar la historia del cine a nuevas generaciones y a públicos diversos.

También en el último piso hay una oportunidad única. Es The Oscars Experience, donde el visitante puede sostener una estatuilla real de la Academia y simular que agradece frente a una audiencia. Al final de la farsa se envía el video (poco más de 10 segundos, musicalizado) a un correo detallado por el usuario. Con sus casi cuatro kilos de peso, el Oscar podría ser un arma mortal en las manos equivocadas. Pero esa es una película que todavía no se ha escrito.

El Comercio / GDA

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