MARÍA INÉS LORENZO
Los novios deciden casarse y hacer fiesta. Al principio todo es divino, pero con los días comienzan a rechinar un sinfín de pensamientos: ¿dónde hacerla?, ¿a quiénes invitar?, ¿qué vestido y traje ponerse?, ¿y la comida, la música, la fotografía, el cotillón, la decoración del salón?... Uruguay, como Argentina y otros países vecinos, ya cuenta con profesionales o expertos en la organización de casamientos, cuyo objetivo final es ahorrarle todos los dolores de cabeza posibles a las parejas en los momentos previos a dar el sí.
Se los conoce como wedding planners y llegaron para quedarse: de-cenas de personas planifican casamientos a través de sus servicios y hasta se realizan cursos para aprender a organizarlos. Una de las pioneras en explorar ese nuevo rubro es Sandra Candales, que lleva organizadas unas 20 bodas, y asegura que su trabajo empieza cuando los novios fijan la fecha y termina con la salida del último invitado de la fiesta. Irene Viera Hiriart es otra de las primeras wedding planners uruguayas, también con una veintena de casamientos realizados. Ambas estudiaron en el exterior y coinciden en que para convertirse en una wedding planner se necesita tener vocación y algo fundamental: mucha paciencia.
Las vísperas de una boda suelen acarrear nervios, ansiedad y estrés, sobre todo para las mujeres. De ahí que la wedding planner sea también un soporte emocional. Debe contener a la pareja, algo que no es para cualquiera. Hay casos en los que padres y suegros se entrometen en los detalles de la ceremonia, lo que genera rispideces entre los futuros esposos. "Se debe ser muy paciente y escuchar a la pareja, comprenderla y aconsejarla. Eso sí, siempre bajo una línea mutua de respeto", advierte Candales.
SUPERVISA TODO. El trabajo de una wedding es más complejo que colocar flores y velas en los centros de mesas, o encargarse del buffet. Puede ser también hasta quien redacte la lista de invitados, entregue las tarjetas casa por casa, confirme asistencia, agende entrevistas con los encargados de los salones e iglesias, diseñadores, fotógrafos, peluqueros, dj`s, chefs y, muchas veces, incluso, ayuda a planificar la luna de miel.
También se encarga de todos los detalles del día de la fiesta. Si hay invitados que vienen del exterior, por ejemplo, la wedding los va a buscar al aeropuerto u hotel donde se alojen. También está pendiente si en la cocina se rompe algún plato o se prende fuego algo, de que no falte comida ni bebida en las mesas, de la seguridad de la fiesta, de que la música que suene sea la misma que se había pedido de antemano, y de todos los inconvenientes que surjan, que por cierto, siempre están y no son nada menores.
EN PLATA. Contratar una wedding planner cuesta entre el 10 y 15% de los gastos totales de un casamiento. Si se trata de una boda de 10 mil o 12 mil dólares (150-200 personas) por ejemplo, la experta se lleva alrededor de 24 mil pesos, aunque la cifra puede ser mayor o menor, dependiendo de la magnitud de la fiesta.
Lo mismo sucede con el resto de los servicios, en donde el 50% del monto total se lo llevan tanto el sector gastronómico como el salón. El 35% restante se divide entre la discoteca que anima el baile, la vestimenta de los novios, el cotillón, la fotografía y filmación, peluquería, maquillaje (última tendencia de la que hacen gala los hombres, según los expertos), y el resto de los rubros, que son más de 50 en total.
La wedding planner Irene Viera cuenta además con otro servicio más económico. Se trata del pre costing ($3.000) y al igual que el servicio completo, incluye una entrevista con los novios en la que se detallan las expectativas de la boda y el dinero que tienen pensado gastar. En base al presupuesto la experta sugiere algunos salones e ideas pero no se ocupa ni de enviar las invitaciones ni de confirmar asistencia Esos quehaceres corren por cuenta de la pareja.
De todos modos, Viera señala que el 90% de las veces las personas contratan el servicio completo.
¿La razón? Según la wedding planner Sandra Candales, por pura necesidad. Hace unos veinte años por ejemplo, las personas se casaban más jóvenes y eran los padres quien solían pagar y organizar la fiesta. Hoy, en cambio, los matrimonios se contraen de más adultos y, como generalmente ambos novios trabajan, son ellos mismos quienes se pagan la boda.
"Y justamente como están todo el día ocupados precisan de un profesional que les facilite esa tarea", finaliza Candales.
Un año entero de organización
El tiempo de anticipación para organizar una boda varía según la época del año. Si la pareja decide casarse entre diciembre y marzo por ejemplo, -meses en los que se realizan más bodas- hay que comenzar a planificar la fiesta por lo menos un año antes para encontrar salones, fotógrafos y demás rubros disponibles. De no ser así, el tiempo ideal sería entre ocho y nueve meses, señala Candales.
Una vez que los novios fijan una fecha, llaman a la wedding y concretan una entrevista. Allí, la experta conversa con ellos durante dos, tres o cuatro horas sobre cómo quieren que sea el casamiento, qué cantidad de gente piensan invitar y de cuánto dinero disponen. En función de esas expectativas la experta sugiere ideas, y si le gustan a la pareja se agenda de inmediato un nuevo encuentro. Tanto Candales como Viera resaltan a sus clientes en esta etapa que el servicio de catering es uno de los rubros más importantes. Por más buena música y ambiente que haya, si la calidad de la comida no es buena, la boda tampoco lo será.
Luego de ese contacto con la wedding, los novios vuelven a casa más seguros y tranquilos, con el 60% de sus dudas evacuadas, asegura Candales.
En el segundo encuentro se ahonda en aspectos más profundos como la religión y la cultura a la que pertenecen, hace cuánto que formaron pareja, por qué deciden dar ese gran paso, y cómo es la relación con sus respectivos padres, familias y amigos.
Una vez conocida esa parte de su vida, la wedding planner se mete de lleno en su trabajo y hasta el día de la boda se mantiene en permanente contacto con los novios, ya sea vía mail, por teléfono o personalmente. Eso, como lo prefieran los novios.
Gajes del oficio
Cerca del 80% de las bodas que se realizan en Estados Unidos y Europa son planificadas a través de los servicios de una wedding planner. En Argentina, el fenómeno de las weddings creció a pasos agigantados, y la experta número uno en organización de bodas, Bárbara Diez, realiza más de 70 por año, muchas de ellas a famosos. También en Uruguay se ha responsabilizado de decenas de casamientos. Dentro de pocos meses, se reunirá con la uruguaya Sandra Candales para realizar talleres de trabajo de organización de bodas, que es como un máster de wedding planner.
En Montevideo hay unos 100 salones para realizar fiestas de casamiento, detalla la wedding planner Irene Viera Hiriart. Algunos ofrecen servicios integrales, es decir, de confitería, salón y música de discoteca; otros brindan un servicio opcional que le permite escoger a la pareja sólo el salón, para que el resto de los detalles queden a cargo de la wedding o de los novios. Si bien hay varios salones que tienen una persona que se ocupa de recibir a los invitados, colocar los manteles en las mesas, no soluciona los desperfectos que surjan durante el casamiento como sí lo hace la experta en bodas.
El costo de un casamiento no tiene límites, pero la media del gasto oscila entre 10 mil y 25 mil dólares. Tal diferencia depende de la cantidad de invitados y el salón escogido. Un cubierto, por ejemplo, ronda entre los 25 y 30 dólares por persona sólo por la comida y refrescos, sin incluir el alcohol. También se realizan bodas espectaculares por 10, 12 mil dólares, aseguran las expertas.
Varios asocian el trabajo de una wedding con el de un relacionista público. Sin embargo, éste se ocupa de eventos, muestras, lanzamientos o desfiles. La wedding sólo de bodas.