NOMBRES

¿Es Kendrick Lamar el artista pop de la década?

Doce premios Grammy, un Pulitzer y la admiración casi unánime indicarían que sí.

Kendrick Lamar
Kendrick Lamar por Annie Leibovitz

Quedan apenas semanas para que termine la década de 2010 y como siempre, empiezan a hacerse balances y listas de “Lo mejor de…”. También están las maliciosas y a veces divertidas “Lo peor de…”, claro. Hace poco, en Twitter, el director del sello discográfico uruguayo Bizarro Records, Andrés Sanabria, le pidió asistencia a varios de sus contactos para armar una lista de las mejores canciones de la década que está por finallizar. Aparecieron muchísimos aportes a esa enorme lista y entre todos ellos, el integrante del *latejapride, el DJ Tejo Mattioli contribuyó con King Kunta, del rapero estadounidense Kendrick Lamar. “En los últimos diez años, este tipo ha marcado el pulso como loco”, tuiteó el músico.

Argumentos para sustentar esa afirmación no le faltan a Mattioli. Por ejemplo, el éxito comercial de Lamar ha sido inapelable: hay 12 estatuillas Grammy que prueban el largo predicamento de sus composiciones. Pero la relevancia de Lamar va más allá de lo estrictamente comercial. Como afirmó el DJ uruguayo, se trata de un artista que marcó de manera contundente e ineludible el sonido de la década. Pero tampoco se trata únicamente de su sonido o su manera de rapear, lo que en la jerga se denomina “delivery”.

A diferencia de otro artista del rap que también brilló durante el mismo período, el canadiense Drake, Lamar también tiene una faceta o un componente visual muy importante que aparece sobre todo en sus videoclips, verdaderos statements artísticos que lo validan más allá de lo estrictamente sonoro. Vean si no el clip de "Humble" acá. O vuelvan a ver la imaginación y la creatividad de "Alright"

Straight out of Compton

Nacido en 1987 en la ciudad de Compton, Lamar empezó a rapear siendo adolescente. En eso no fue demasiado original, hay que decirlo. Miles de adolescentes negros como él hacían lo mismo en Compton, el lugar de origen del cuarteto N.W.A., que no solo tuvo enorme éxito como banda, sino que también fue el origen tanto de Dr. Dre —probablemente el productor musical más importante del género— como de Ice Cube, que además tuvo una carrera cinematográfica. Con esos referentes como orgullo de la ciudad, no era de extrañar que tantos quisieran emularlos.

Pero aunque él intentara, como tantos otros, abrirse un camino en la música con sus rimas, tenía algo que lo distinguía de todos los demás, y que no tardó demasiado en relucir. Más allá de su habilidad para combinar palabras que —de manera muy personal— contaban historias reales e inventadas, Lamar causaba la misma impresión que, dicen, causaba Madonna en sus comienzos: artistas que no querían perder ni un segundo del activo más valioso que hay: el tiempo. Y que tenían una visión que alcanzar y realizar.

Esta determinación y concentración, parece, es algo que lo acompaña desde niño. En una entrevista para la revista Rolling Stone, hace un par de años, contó algo de su infancia: “Cuando era un niño, parecía que siempre estaba viviendo en mi propia cabeza. Y creo que todavía tengo eso: siempre estoy pensando. Por lo que me cuenta mi familia, de chico me comportaba como si fuera un adulto. Tanto así que me pusieron el sobrenombre Man Man (man=hombre)”.

Eso, claro, le trastocó un poco los sentimientos. En la misma entrevista, Lamar contó que el hecho de que los mayores lo vieran como alguien maduro aunque fuese un niño significó un gran peso para él. “Para mí, le puso un estigma a la idea de reaccionar como un niño. Si me caía y me golpeaba, por ejemplo, se esperaba de mí que no llorara. Era una tremenda responsabilidad”.

Pero esa misma responsabilidad, dice ahora, lo preparó para lo que está viviendo y, también, le endureció la piel. Lamar recordó que cuando fue a una de sus primeras grabaciones, con sus dudas e inseguridades, el productor que estaba a cargo de la grabación le dijo directamente: “Amigo, eso que hiciste es muy malo”. Él, en vez de avergonzarse, volvió al micrófono con ganas de superarse y, coloquialmente, taparle la boca al que había tenido la osadía de criticarlo.

Kendrick Lamar
Lamar, ganando uno de los tantos Premios Grammy que tiene. 

Pero había algo más en el origen de Lamar que lo distinguía del resto, y que empezó a reflejarse en su música. De todos sus amigos, era el único que tenía un padre. Eso, cuenta ahora, le enseñó a lidiar con las emociones. “Cuando uno ve a jóvenes haciendo cosas que el mundo considera dañinas o peligrosas, es porque no saben cómo lidiar con sus emociones. Cuando hay un padre en tu vida, uno hace algo y la mirada que te da tu padre, esa mirada de ‘¿Qué carajo fue lo que hiciste?’ te pone en tu lugar. A mis amigos, sus madres y abuelas le pueden haber enseñado amor y contención, pero no pudieron enseñarles eso”.

Un predicador

El primer disco propiamente dicho de Lamar (antes había hecho canciones sueltas y trabajos sui generis) se llamó "Section.80" y enseguida le hizo parar la oreja a muchos. Había llegado un muchachito —Lamar mide 1.68— con algo para decir, y algo diferente a todo lo que andaba en la vuelta. Como si Martin Luther King hubiese reencarnado en Lamar, él empezaba "Section.80" así: “Vengan, reúnanse acá / Estoy contento que hayan venido / Aquí estamos en la esquina de nuestro barrio / Y quiero que sepan que este fuego que arde / representa la pasión que ustedes tienen (...) A la mierda con su etnia, ¿me entienden? / Vamos a hablar de cosas que le importan a todos (...) No me importa un carajo si sos negro, blanco, latino, asiático / Carajo, eso no significa nada para mí”.

Ya desde el principio —sin olvidar ni el color de su piel ni el lugar que esa pigmentación le otorgaba en la escala social— Lamar mostraba una intención universalista. Abarcar a todos, independientemente de su origen étnico, pero también ser consciente del lugar en el cual estaban. Además, como hace todo advenedizo que llega para romper esquemas en un territorio dominado por vacas sagradas, Lamar quería explicitar que él no era como los demás. En esa misma canción, más adelante, dice: “No me confundan con un rapero de porquería / Ellos están atrás del escenario y se esconden atrás de la cámara / Yo me tiro del escenario al público”.

A ese primer disco le siguieron trabajos mucho más sofisticados y maduros, como "To Pimp a Butterfly" o "DAMN" (abajo). Esos discos contribuyeron no solo a hacerlo un millonario, sino también a ubicarlo como uno de los más respetados y prestigiosos artistas del género, elogiado tanto por iniciados como por quienes prefieren otro tipo de músicas pero reconocen la autenticidad y el talento de Lamar.

tapa disco DAMN de Kendrick Lamar

Puede que alguno de sus pares se ofenda si se afirma que Lamar es el artista de la década. Pero será una ofensa a la vanidad. Y se sabe: la vanidad es uno de los siete pecados capitales. Así que Kendrick puede llevar su merecida corona con tranquilidad. Al menos en lo que hace al hip hop, él brilló como nadie durante el período que fue desde el 1 de enero de 2010 hasta el 31 de diciembre de 2019.

Un Pulitzer para sus rimas

El Premio Pulitzer tiene para una mayoría un tinte periodístico, pero el galardón tiene varias categorías: ficción, fotografía, poesía, dramaturgia y música. El año pasado, el Pulitzer en música fue para Lamar por su disco "DAMN". Pero aunque se trate de un premio musical, sobrevuela en la distinción a Lamar un aire literario. Después de todo, el rap es un estilo musical en el cual la palabra es, a menudo, aún más importante que el sonido que las acompañan. Por eso, no soprende que una publicación literaria —Literary Hub— dedicara un artículo a destacar las habilidades de Lamar con las palabras.
En la bajada del artículo, luego del título, la autora Veronica Scott Esposito hacía hincapié en “la cada vez más difusa línea entre el hip hop y la poesía”. El artículo comenzaba así: “En la intro de la canción 'Average Joe', Lamar dice ‘Lo más difícil para mí es lograr que me quieras dentro de 16 barras’, o sea lo que dura un verso común en un tema de rap, unos 40 segundos. Si quieren saber por qué se mereció el Premio Pulitzer, creo que el meollo del asunto está ahí. Escuchando su música, uno capta inmediatamente de qué va Lamar como ser humano, aun cuando uno se de cuenta de que es completamente imposible conocerlo del todo. Para cualquiera que cultive un género autobiográfico, ese un equilibrio muy delicado, y para una estrella pop aún más. Ese desafío es lo que sigue conectando a Lamar con su público, y lo hace cada vez más interesante”.

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