El Personaje

Juan Pedro Mir: "La escuela es presencial o no es"

Es maestro de escuela y formador de maestros, dirige el proyecto Eduy21 y con los años se ha convertido en un pensador a tiempo completo sobre la educación.

"Las maestras son las verdaderas constructoras de República", sostiene Mir.
"Las maestras son las verdaderas constructoras de República", sostiene Mir.

Es el hermano del medio de tres hermanos. ¿Eso explica algo? Acaso no todo, o ni siquiera una parte. Pero da pistas acerca de su disposición permanente a escuchar otro punto de vista. Es maestro y ama ser maestro. Cursó la escuela pública y el liceo público y está orgulloso de ello. Aunque aún se define como de izquierda se ubica cada vez más lejos de los dogmas. “Prefiero decir que soy un republicano”, precisa cuando intenta definirse. En los últimos años junto a un grupo de educadores, intelectuales y activistas de distinto cuño se convirtió en una de las voces más inteligentes y equilibradas en la prédica por una profunda reforma del sistema educativo. Sigue siendo maestro, pero es, básicamente, un hombre de ideas.

Juan Pedro Mir (48) está convencido de que “las maestras -amplia mayoría femenina en el gremio- son las verdaderas constructoras de la República”. Ése fue uno de sus principales descubrimientos cuando aún era un estudiante en busca de definir su futuro. Ha dado clases a escolares de quinto y sexto durante más de 20 años. Actualmente es formador de futuros docentes, es director ejecutivo de Eduy21, es director de Educación Inicial y Primaria del Colegio José Pedro Varela. Fue docente del Departamento de Psicología de la Educación y Didáctica del Área de Ciencias de la Educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar. Fue designado como director de Educación del MEC en la segunda administración de Tabaré Vázquez y su renuncia al cargo por hondas discrepancias con la conducción política se convirtió en uno de los hechos más resonantes durante el pasado gobierno de la izquierda.

Pero esa es la figura que se conoció en los medios, el hombre público que encarnó una de las polémicas más profundas en torno al estado de la educación. En un plano más inmediato o humano Juan Pedro Mir es un hombre inquieto y preocupado por su tiempo.

LECCIONES APRENDIDAS. Nació y se crió en el Cerrito. Su casa estuvo en la calle Nueva Troya, que homenajea la obra que Alejandro Dumas dedicó a Montevideo en el convulso siglo XIX.

Tenía apenas un año de edad cuando el golpe de Estado se coló puertas adentro de la casa familiar. Sus padres habían sido activos militantes y fundadores del Frente Amplio; de hecho, su padre había sido candidato a diputado en las elecciones de 1971 por el Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) y, a raíz de ello, destituido por la dictadura. Sus padres terminaron separándose y Juan Pedro y sus hermanos crecieron al cuidado de su madre.

La política llegó muy temprano a la vida de Juan Pedro. Tenía 14 años cuando se afilió a la Unión de Juventudes Comunistas (UJC). La restauración democrática había volcado a la juventud a la militancia en todos los partidos. “Leíamos mucho a Marx, a Rodney Arismendi; se discutía mucho”, recuerda. Y ello resultó proverbial para su formación. “Hoy no me considero comunista, aunque sí me sigo considerando de izquierda pero, por sobre todo, un republicano”, dice.

Cuando terminó el bachillerato se lanzó a estudiar el profesorado de Historia. Sin embargo, no se sentía del todo a gusto. Llevaba dos años en la facultad cuando una profesora llevó a los estudiantes de visita a una escuela pública. “Y descubrí que esa era mi vocación; dije yo quiero hacer esto”, recuerda.

Y comenzó a estudiar magisterio y terminó por recibirse en 1997. Ejerció como maestro de Primaria en las siguientes dos décadas pero, al mismo tiempo, sentía que tenía que profundizar en sus conocimientos y meditar sobre la educación.

Allí en el aula frente a los niños que cursaban el quinto y el sexto grado empezó a reflexionar sobre su papel, sobre qué debía ofrecerle a los alumnos. “Como maestros tenemos que ser densos desde el punto de vista cultural, tenemos que ser capaces de trasmitirle al niño toda la riqueza cultural, así como todas las formas de razonamiento”, explica.

Con el paso del tiempo Juan Pedro fue aprendiendo que ese primer contacto del niño con el mundo que es la escuela es un momento determinante en su vida. Algunos valores esenciales que construirán su vida. “Los niños tienen que aprender a manejarse en una o dos lenguas, ser capaces de identificar la pluralidad de su país, que valoren lo que es Uruguay, que valoren el estudio, el esfuerzo y el trabajo”, defiende con pasión Mir.

El año lectivo 2020 fue el mayor desafío histórico para los docentes de todos los niveles pero, en particular, lo fue para los maestros. A juicio de Juan Pedro Mir. la crisis sanitaria dejó en claro algunas cuestiones esenciales.

Juan Pedro Mir prepara una obra sobre educación y libertad.
Juan Pedro Mir prepara una obra sobre educación y libertad.

“Yo creo que el mayor desafío para 2021 es lograr la presencialidad de los niños, porque es insustituible, la escuela es presencial o no es. Es un lugar de afectos, de cuidados. Las plataformas pueden ayudar al trabajo, pero la presencialidad es necesaria. Sobre todo en los sectores más vulnerables. Hay que aumentar los metros cuadrados de escuelas, imaginar otras formas de escuela”, razona.

De todos modos, Mir está convencido de que para miles de niños uruguayos la pandemia asestó un golpe terrible a su educación y muchos de ellos perdieron todo vínculo con la comunidad educativa. Las consecuencias pueden ser dramáticas, aunque es optimista. “Yo creo que se puede porque el ser humano siempre es recuperable”, afirma.

PENSAR EL FUTURO. Mientras prepara clases, estudia dos posgrados, cumple tareas de dirección en el Varela y participa como agudo tertuliano en el programa radial de Emiliano Cotelo, el maestro Juan Pedro Mir prepara su próximo libro.

“Estoy escribiendo algo sobre laicidad, educación y libertad, porque entiendo que la educación no habla de la libertad, que es un tema trascendente”, revela.

La libertad es un tema que concentra sus reflexiones. En su mesa de luz están las obras de Albert Camus, el genial argelino que polemizó con Jean Paul Sartre y antepuso el concepto de libertad ante el totalitarismo soviético. Un debate que puede parecer propio del clima de guerra fría de la década de 1950, pero que en el siglo XXI cobra una inusitada vigencia.

“Estamos acostumbrados a escuchar a los liberales decir que ‘mi libertad termina donde empieza la libertad del otro’, pero no se puede entender la libertad sin la libertad del otro. La libertad implica, entre otras cosas, riesgos”, dice con apasionamiento el maestro.

Con la mente despierta Mir trata de que su labor de maestro y de formador de futuros maestros vaya un poco más allá. Ve en la educación un terreno donde juegan aquellas fuerzas que moldean el futuro y advierte las amenazas.

A su juicio, uno de los mayores problemas es el paso de ciudadanos a meros consumidores en una sociedad organizada en torno al mercado. “El nuevo fascismo es el mercado”, sentencia.

Y esas son las principales líneas de trabajo tanto en su labor docente como en el programa de Eduy21 de aspiraciones reformistas. Mir cree que la necesidad de una reforma integral y profunda es del todo perentoria.

“Debemos asumir que tenemos que dejar de vernos como la Suiza de América. Tenemos que reconstruir un pacto, convertir a la educación en un servicio de calidad, manejar todas las herramientas educativas, tener un conocimiento de la producción, ser capaces de hacer políticas públicas de calidad y, sobre todo, lograr un clima de convivencia sana”, dice.

Convencido de que la escuela es una suerte de antídoto para la mayoría de los males, Mir sueña con un proyecto integrador. “En una sociedad fragmentada como la nuestra, donde hay decenas de miles de orientales que están excluidos de determinados marcos culturales y determinadas prácticas laborales (…) la escuela es un gran estructurador”, resume.

Una crisis, tal vez una de las peores de los últimos años, es para el maestro una oportunidad para volver a una escuela mejor y formadora de futuros.

Sus cosas

Cine "Noir". Es un cultor del cine negro clásico, el noir de la época de oro de Hollywood que legó joyas como El halcón maltés, Jungla del asfalto, El sueño eterno, A quemarropa, entre los más destacados de muchos títulos del género. “También me gustan las películas de terror”, confiesa, uno de los gustos juveniles que no ha perdido con la madurez.
​Lector voraz. “Leo mucho, en este momento los Escritos libertarios de Albert Camus, pero en la mesa de luz tengo siempre las obras completas de Shakespeare, la poesía de Borges”, confiesa Juan Pedro. El libro Escritos libertarios, de Albert Camus (Tusquets) reúne los principales ensayos políticos del Nobel de Literatura.
​Tango y jazz. “Escucho mucho tango, desde Piazzolla a Pugliese”, dice Mir. El tango clásico y moderno, pero también el jazz que escucha con mucha frecuencia. A veces lo hace mientras camina en plan de ejercitarse, otra de las actividades en tiempos de ocio a las que suele recurrir cuando se lo permiten las obligaciones académicas y laborales.

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