NOMBRES

Joaquin Phoenix, un hippie en Hollywood

Vio morir a su hermano por una sobredosis, se convirtió en actor de culto y también en estrella maldita.

Joaquin Phoenix
Foto: Shutterstock

Dice Joaquin Phoenix que cuando uno es joven tiene "esa rebelión y esa rabia de la juventud: ¡voy a hacer locuras!". Después, según sus palabras, pasa el tiempo y empezás a valorar cosas como tener un jardín o pasear con tus perros. De pronto, un día tenés 43 años. Y al ser preguntado sobre si se imaginaba su vida así a esta edad responde: "No. Es mejor de lo que nunca podría haber imaginado. Yo pensaba que 40 era como el fin. Y que los 60 eran como estar muerto". Sin embargo, lleva dos años "increíbles" desde que rodó Hombre Irracional con Woody Allen. "La meditación ha sido una de las claves, me encanta. Tomarme el tiempo de reconocer las cosas por las que estoy agradecido. Por lo que sea, soy un cínico crónico. Así que he hecho un esfuerzo por agradecer. Se hace más natural y cuesta menos trabajo cuanto más lo haces". Joaquin Phoenix parece feliz, relajado, encantado con su vida.

Con tres nominaciones al Oscar, es el eterno catalogado como mejor actor de su generación. Está sentado en una mesita junto a la piscina del hotel Chateau Marmont, un ícono vivo en Sunset Boulevard de todo lo bueno y lo malo que da de sí la vida en el mundo del espectáculo. Sobre la mesa, un paquete de American Spirit. Se fumará tres cigarrillos en una hora. Viste remera negra y jeans. Lleva el pelo largo peinado hacia atrás y una barba cuidada llena de canas. Parece en forma. Sus hipnóticos ojos verdes recuerdan a los del cartel de la película Ella (2013). De cerca, son exactamente así. Mira de frente cuando habla. Hoy va a hablar de todo.

La estela de su hermano

Joaquin Phoenix (Puerto Rico, 1974) lleva 37 años actuando. Es el mediano de cinco hermanos actores, hijos de unos padres que coincidieron en California con el momento más álgido del movimiento hippie, ingresaron en la secta Niños de Dios y recorrieron con ellos todo el país, México y Centroamérica.

Los niños se llamaban Río, Lluvia, Libertad y Verano (y Joaquin, que cambió su nombre durante un tiempo por Leaf, hoja). Al hablar sobre el primer capítulo de esta historia, recuerda que todo empezó porque el mayor, River Phoenix, era un genio. "Mi hermano tocaba la guitarra desde que tenía cinco años. Era un prodigio". Tras instalarse cerca de Los Ángeles, los padres decidieron meter a sus cinco hijos en el mundo del espectáculo. Empezaron a tocar y cantar todos juntos en shows callejeros por West Hollywood para cobrar propinas.

La madre de los Phoenix encontró un trabajo como secretaria del jefe de casting de la NBC, que les presentó a un par de agentes. Solo una aceptó representarlos a todos juntos, Iris Burton. Era la mejor agente de niños de los ochenta. Entre sus clientes, Henry Thomas, de E.T.; Kirk Cameron, las gemelas Olsen, Drew Barrymore y Fred Savage.

"Empezamos a ir a pruebas, pero cuando eres niño la mayoría de las cosas que te ofrecen son anuncios y nosotros teníamos limitaciones por ser veganos". Además, sus padres, por motivos ideológicos, decidieron que no harían publicidad para grandes empresas como Coca-Cola. "Eso hizo que nuestros trabajos fueran muy esporádicos".

"Mi hermano fue el primero en conseguir algo estable. Le dieron un papel en una serie que se llamaba Siete novias para siete hermanos. En uno de los episodios necesitaban un niño y una niña, y fuimos mi hermana y yo. Seguramente era la opción más barata".

Fue la primera vez. Asegura que se quedó enganchado a la interpretación allí mismo. La familia vivía al Norte de Los Ángeles, a unos 45 minutos de cualquier sitio. "Dejábamos a mi madre en el trabajo y luego íbamos a audiciones por todo Los Ángeles". Cuando él tenía 12 años, River estaba ya asentado en Hollywood. Había rodado Exploradores (1985), Cuenta conmigo (1986) y La costa de los mosquitos (1986). Joaquin consiguió su primer papel en una película en Florida, donde se había mudado con su padre. Estaba pasando. Eran actores.

Lo peor

El trabajo le llegó joven, lo mejor de Hollywood le llegó joven, y lo peor, también. La madrugada del 31 de octubre de 1993, la vida de Joaquin Phoenix cambió para siempre, en muchos sentidos. Vio de cerca la cara más oscura de la fama. Su hermano River tenía 23 años, y él, 19. Estaban juntos en The Viper Room, un club en Sunset Boulevard propiedad de, entre otros, Johnny Depp, a poca distancia de donde se celebra esta entrevista. Una mezcla de drogas acabó esa noche con la vida de River Phoenix, la mayor estrella juvenil de los ochenta.

Lo que pasó "no es algo que ocurra solo a los famosos", opina Joaquin antes de recordar aquella época. "Yo crecí en una familia muy alegre y optimista, y esa fue la primera vez que nos enfrentamos a la tragedia, pero son cosas que pasan a nuestro alrededor. La mayoría de nosotros no somos conscientes de la suerte que tenemos. Cuando piensas en la población de Medio Oriente, en los niños que ven morir a familiares constantemente…".

El lado oscuro de Hollywood, sin embargo, no fue la tragedia en sí, sino el circo del dolor que se montó alrededor de la muerte por sobredosis del joven, que hasta ese momento tenía cierta imagen de chico tímido y bueno. Joaquin Phoenix fue quien llamó a los servicios de emergencia para que fueran a salvar a su hermano. La llamada se filtró a la prensa y el mundo entero pudo oír la voz de un Joaquin desesperado diciendo entre sollozos que su hermano se estaba muriendo. "El interés de los medios de comunicación sí fue característico de lo que es Hollywood, e interfirió mucho en nuestro proceso de duelo y de aceptación de lo que había sucedido. Y fue la primera vez que me di cuenta de que la gente miente".

Si alguien tiene la sensación de que Phoenix está permanentemente en guardia con la prensa, es así. No interpreta el papel de estrella con tres buenas frases manufacturadas ni repite lo maravilloso que es trabajar con Fulanito.

"¡Por supuesto!", contesta cuando se le pregunta si aquel suceso cambió su relación con el mundo del espectáculo. "Yo siempre he sido una persona cautelosa por naturaleza, pero lo que pasó acrecentó mis miedos sobre lo que alguna gente es capaz de hacer. No solo los medios, sino personas que están a tu alrededor, que consideras amigos, y que de pronto están dando entrevistas y contando cosas que no ocurrieron. Dicen una parte de verdad y luego añaden otra que no lo es, y así parece todo cierto. Es muy doloroso, especialmente cuando eres muy joven y has pasado por una experiencia tan traumática. Además, mi hermano no se había comportado como un famoso. Nunca tuvo esa forma de ser. Salía en la tele, fue nominado a un Oscar, pero era una persona muy normal, lo que quiera que eso signifique. Un tipo con los pies en la tierra". 

20 AÑOS Y MUCHA HISTORIA

Villano, extremo y autobiográfico

Joaquin reapareció en la gran pantalla como veinteañero en Todo por un sueño, en 1995, con Gus Van Sant. Durante los siguientes cinco años se forjó una imagen para el público de personaje atormentado, con cierta oscuridad en la mirada. Hasta que, en 2000, el papel de villano en Gladiator le dio su primera nominación al Oscar. Había entrado en la categoría de estrella. "El éxito te da más oportunidades, pero no sé si me cambió. Lo de ser estrella no es tanto por el trabajo que uno hace, sino por la vida que lleva. Yo iba a clubes de moda en Nueva York en los 90, pero realmente no era mi vida. Nunca deseé tener las cosas materiales que vienen con la fama. No era lo que buscaba. Nunca quise ser rico y famoso, y eso no cambió".

Anunció que se retiraba a los 35 años como parte de un proyecto-parodia sobre la fama.

A partir de ese momento, Phoenix fue un rostro habitual en al menos una película importante al año. Estaba, oficialmente, en el club de los elegidos. En 2005, a los 30 años, a punto de estrenar Johnny & June: Pasión y Locura, en la que bordaba un personaje extremo como Johnny Cash, ingresó en una clínica de rehabilitación. "No se encontraba a gusto con la forma en la que estaba llevando su vida", dijo entonces su representante. Nadie se contuvo de meter en la misma noticia el precedente de la muerte de su hermano. Más de una década después, resume así aquel momento: "Simplemente… bebía demasiado". Ya lo había visto todo en el mundo de la fama. Los comienzos difíciles, el estrellato, una clínica de rehabilitación, dos nominaciones al Oscar. Quizá era el momento de contar en una película lo que sabía de ese entorno. Sería una parodia. En 2010, Joaquin Phoenix, especialista en hombres atormentados, creó uno de sus mejores papeles: él mismo, destruido por la fama. El resultado fue el episodio más extraño y genial de su biografía: El proyecto Im Still Here.

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