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Cómo hizo Darío Barassi para convertir el rezongo en rating

El actor argentino triunfa con su histrionismo y sus humoradas en la pantalla de televisión.

Darío Barassi
Darío Barassi.

Si es cierto que “lo mainstream” desapareció, alguien debería avisarle a Darío Barassi, una de las revelaciones de la televisión argentina en el rubro Conducción. Por lo visto, el actor y conductor del programa de preguntas y respuestas 100 argentinos dicen (que tendrá una versión uruguaya), no parece haberse enterado.

Como un huracán de histrionismo, carisma y gracia, el argentino llegó a la pantalla televisiva para reclamar, y conseguir, ese lugar de Estrella ATP (apta todo público), una figura que en realidad ya no existe pero que hasta hace algunos años nomás era a lo que muchos aspiraban: una presencia que acompaña a “la familia” desde la pantalla de la televisión abierta.

Hace poco, Barassi era amo y señor de un horario fuera del prime time (arrancaba a las 14.30), pero su éxito ya lo colocó en el espacio inmediatamente anterior al noticiero central del Canal 13. Si sigue así, en cualquier momento desbanca a Marcelo Tinelli, una figura cada vez más enclenque en la grilla televisiva.

¿De dónde salió este orondo y gracioso conductor? De la ciudad de San Juan (capital de la provincia del mismo nombre), una localidad cerca de la frontera con Chile y tierra privilegiada para la vitivinicultura. Parte de su familia fue, justamente, bodeguera. En algún lado, Barassi ha dicho que su origen es “conserva”, y que él mismo se considera así.

De ahí que tanto a su familia como a él le haya parecido importante realizar todo el ciclo educativo formal hasta culminar en un título universitario. Él cumplió con todo eso, se recibió de abogado y empezó a ejercer de tal.

Pero su vocación no eran las leyes. Él quería actuar, cantar. Mientras ejercía como abogado, estudiaba teatro y actuaba. En un momento, fue a probarse como movilero de un programa de televisión y aunque no llegó a realizar el casting propiamente dicho, un productor se percató de su presencia -mientras esperaba en cola junto a otros aspirantes al puesto, Barasssi empezó a hacer chistes y conversar animadamente con los demás- y le dio la oportunidad de empezar a salir al aire.

No era con lo que él había soñado y aunque no le fue mal, no se sentía demasiado a gusto. No tenía ni talante ni talento para el periodismo, ni siquiera el más light. “No preguntaba lo que había que preguntar”, dijo después.

Además de querer ser actor, también quería ser cantante, para poder actuar en una comedia musical. Se le presentó la oportunidad de viajar a Nueva York a perfeccionarse como performer de comedia musical, dejó el programa de radio y también tomó la decisión de dejar la abogacía para dedicarse al escenario. “Soy teatral para todo”, ha dicho también.

Cuando regresó de Estados Unidos, ya estaba jugado: lo suyo sería actuar. Pero por más que se declarara fan del teatro, fue la televisión en donde más se destacó. Desde 2008 a 2020 actuó en nueve ficciones, además de conducir cuatro ciclos televisivos. Mal no le iba.

Pero fue a partir del año pasado, cuando empezó a conducir 100 argentinos dicen, que despegó. En ese formato apareció el Darío Barassi masivo y popular.

¿Cuáles son las claves de su repercusión? En parte, su talento actoral y su carisma. Barassi es rápido, gracioso e ingenioso. Pero también hay otro rasgo que lo distingue. A diferencia de la mayoría de conductores, que casi siempre apuntan a hacerle sentir a los invitados la mayor comodidad posible, Barassi no se hace problemas en entrar en terrenos un poco más tensos y potencialmente conflictivos. En vez de una actitud lisonjera y demagógica, el conductor le recrimina a los participantes cuando estos dan una respuesta disparatada o que denota ignorancia.

Antes de pasar la mano por el lomo, Barassi rezonga. Pero casi siempre se detiene justito antes que su reproche pueda ser interpretado como agresivo o despectivo. Los rezongos de Barassi son a veces tan graciosos que hay quienes expresan deseo de ir al programa solo para que el conductor los regañe.

Pero Barassi no solo rezonga con gracia e ingenio a los participantes del programa. A veces, las diatribas van dirigidas a integrantes de su equipo (como cuando descubrió que gran parte de ese equipo había armado un grupo de WhatsApp sin él: “¡¿Cómo que está la encargada de vestuario y no estoy yo?!

Hay otro dominio con límites borrosos en los cuales Barassi se desenvuelve con soltura: el de la ambigüedad, en particular la que hace a la orientación sexual. Sin llegar a hacer una parodia de brocha gorda al amaneramiento que muchos asocian a lo gay o femenino, Barassi se anima a mostrarse así cada tanto, para el deleite de muchos. Sin embargo, una de sus principales fortalezas es la franqueza con la que él encara su condición corporal: se la pasa haciendo chistes o comentarios sobre sus kilos y alimentación. En los muchos videos que figuran en YouTube y que recopilan sus momentos más celebrados se puede ver cómo Barassi hace reír (y ríe él también) con alusiones a su cuerpo.

Aún así, no siempre toma su redondez para la chacota. En una reciente entrevista para La Nación, Barassi dejó de lado el humor para hablar en un tono muy distinto sobre su sobrepeso: “Mi cuerpo es un cuerpo enfermo, aunque no tenga problemas de salud. Si bien tengo un cuerpo real, es uno con un sobrepeso importante”.

Hay otra entrevista a Barassi, que puede verse en YouTube, donde él habla de su sobrepeso y que vale la pena buscar. Ahí, conversa con el comediante Migue Granados. Los dos se tratan de “gordo” constantemente, y ambos -también- paran en algún momento los chistes para abrirse y dejar ver cómo lidian con sus kilos.

Barassi: “Estoy un poco a la defensiva. Es lunes, no dormí tanto, me duelen las piernas, tengo sobrepeso, no me da el cuerpo para hacer todo lo que quiero”.

Granados: “Es un enemigo (se refiere a la gordura). Capitalizamos la gordura para la joda, pero hay una realidad que (...) caminar cuesta arriba con 20 kilos demás, no está bueno”.

Granados resume bien tanto su situación como la de Barassi: capitalizaron sus kilos, aunque a un precio que ellos, a veces, sienten como alto.

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