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La historia del último habitante de la Tierra

Dos autores canadienses, Darrell Bricker y John Ibbitson, sostienen que la población mundial comenzará a disminuir y de mantenerse esa tendencia, la humanidad podría desaparecer del planeta en algunos siglos.

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Foto: Shutterstock

La población mundial llegará a su tope máximo en 2100, pero nunca superará los 10.000 millones. Y si las proyecciones no cambian, seguirán extinguiéndose las poblaciones menguadas del resto del planeta. Eso siempre y cuando no intervengan otros factores que produzcan un nuevo cambio en las curvas de crecimiento analizadas por los demógrafos.

Hasta ahora, las predicciones más sombrías aluden a la superpoblación mundial y los problemas que ello generará en el futuro. Escasez de alimentos, mayor calentamiento global, mayor demanda de energía, sistemas sociales colapsados, gigantescas olas migratorias, guerras y epidemias son las siete plagas del futuro distópico. Sin embargo, los expertos en el análisis de población dieron con la paradoja de todos los tiempos: luego de llegar a un pico a fines del siglo XXI, los seres humanos comenzarán un lento declive.

Esta es la hipótesis central del libro El planeta vacío, de los autores canadienses Darrell Bricker y John Ibbitson, donde analizan “el shock de declive de la población mundial”. Para ello, los autores entrevistaron a varios demógrafos que están estudiando la evolución de las poblaciones, y cuyos estudios los han convencido de que —contrariamente a la temida explosión demográfica— lo que ocurrirá luego de llegar a ese máximo será una carrera descendente en la que no hay retorno.

A partir de esta publicación, el diario español El Mundo adelantó algunos pasajes, ya que la edición recién comienza a distribuirse en España y pasarán varios meses antes de llegar a estas latitudes.

Según datos del Fondo de Población Mundial de Naciones Unidas (Unfpa, por sus siglas en inglés) en el correr de este siglo pasaremos de los 7.000 millones a los 10.000 millones previstos para 2100, en una cifra que se estabilizará en ese guarismo. La población del planeta, aseguran los canadienses, llegará entre 2040 y 2060 a los 9.000 millones y a partir de entonces, luego de una etapa de crecimiento inercial comenzará el declive al final del siglo. “Una vez que comience el declive, nunca terminará”, sostienen.

Esta hipótesis, que parece contradecir la sostenida por la ONU, tiene en cuenta factores no analizados debidamente, sostienen Bricker e Ibbitson: “Porque no tiene en cuenta la aceleración de la urbanización en el mundo en desarrollo. El 55% de la población humana vive ahora en ciudades. Los niños han dejado de ser un activo para trabajar en el campo y se han convertido en una responsabilidad, en otra boca para alimentar”, explica Ibbitson, que es periodista del Globe & Mail de Canadá.

“En las ciudades, las mujeres tienen mayor acceso a la educación. La educación lleva al empoderamiento, y las mujeres empoderadas a menudo eligen tener menos hijos que sus madres. El poder de la religión y las presiones de los lazos familiares también se erosionan en los entornos urbanos”, argumenta.

Cuesta abajo

Daniel Macadar es demógrafo y asesor de Población y Desarrollo del Fondo de Población de Naciones Unidas. No sólo conoce esta hipótesis sino que la comparte. “Yo no leí el informe, pero es correcto”, responde enseguida.

Proyectar la población global del planeta es una operación extremadamente compleja. Entre los expertos comienza a ganar terreno la hipótesis de una suerte de homeóstasis —un proceso de autorregulación corriente en la biología— por el cual la curva de crecimiento llegará a una meseta y desde allí comenzará una caída.

“El mundo está experimentando un cambio en sus tasas de crecimiento porque los países han completado lo que los demógrafos llamamos ‘la transición demográfica’. Cualquier demógrafo que entreviste le va a decir que esto va a ocurrir. Incluso si uno mira las proyecciones de población de Naciones Unidas dicen que ya están decreciendo, como sucede en Europa”, explica Macadar.

Los demógrafos llaman al pasaje de un régimen de alta fecundidad y alta mortalidad a uno donde todavía se mantiene alta la fecundidad y comienza a ser baja la mortalidad “transición demográfica”. Ese es, precisamente, el punto en la historia en el que nos encontramos ahora. “Se produjo ese boom demográfico que todavía se da en algunos países”, señala el experto uruguayo.

Pero los índices comenzaron a revertirse: cada vez hay menos nacimientos y la esperanza de vida se ha ido alargando. En Uruguay, por ejemplo, el promedio ha llegado a los 78 años. “En una población cerrada es más sencillo proyectar la curva de crecimiento, porque hay que tomar las altas de nacimiento y las bajas de mortalidad, a eso se agrega el factor migratorio”, explica Macadar.

En efecto, el factor migratorio fue el que prácticamente echó por tierra los cálculos demográficos en el país. Las oleadas de migrantes provenientes de Venezuela, República Dominicana, El Salvador, y Cuba, principalmente, cambiaron en los últimos años todas las tasas.

Evolución

Precisamente el papel de la mujer en la sociedad es el dato clave para comprender la evolución demográfica y, aún, para poder proyectarla.

Las políticas de natalidad comienzan a ser miradas cada vez con mayor atención por aquellos países cuyas poblaciones comienzan a envejecer. Es el caso de la mayoría de los países europeos.

“Los países que han querido aumentarla no lo logran porque no hay políticas que cambien la conducta, con incentivos sostenibles. En países nórdicos lo que les da resultado es mejorar un poco cuando mejoran las condiciones de género, cuando hay equidad, cuando la mujer puede volver al trabajo en las mismas condiciones en que se fue, cuando se encuentra la corresponsabilidad para que los padres también asuman la crianza”, señala al respecto Macadar.

Y no es un dato nada menor. El mercado laboral es muchas veces adverso a las mujeres, sobre todo cuando pretenden tener hijos. “En el mundo actual retirarse del mercado para tener hijos, para muchas mujeres, es sinónimo de postergar su éxito laboral, su crecimiento”, consideró el experto.

En opinión del demógrafo, tampoco han funcionado los incentivos económicos para buscar un aumento de los índices de natalidad. Los sectores más vulnerables terminan buscando nuevos hijos tan sólo por el beneficio económico, pero sin salir de su situación de vulnerabilidad e incluso de extrema pobreza. “Los incentivos económicos, eso del ‘pan abajo del brazo’, como por ejemplo el que hizo España no sirvieron para nada, porque tienen uno de los niveles de fecundidad más bajos de toda Europa”, consideró.

Los autores canadienses, por su parte, creen que la única política que realmente ha contribuido a un crecimiento de la población es la aceptación de inmigrantes. “La inmigración es la única solución a corto y medio plazo. Pero muchos países consideran que la noción de tantos extranjeros en su tierra es inaceptable. Para ellos, el declive será inevitable. En cualquier caso, a medida que los países en desarrollo bajan sus tasas de natalidad, los inmigrantes podrían ser un día difíciles de conseguir”, señaló Ibbitson.

Otra paradoja: los países que más envejecen y corren serios riesgos de extinción son los que más se resisten a las corrientes migratorias.

Lo cierto es que, más allá de lo que ocurra fronteras adentro, la población mundial parece encaminarse de manera indefectible a una drástica disminución en un futuro no muy lejano.

El último coreano morirá en el año 2750

Entre las sorprendentes revelaciones del libro "El planeta vacío", de Bricker e Ibbitson, se encuentra el sombrío pronóstico para Corea del Sur. Según los autores, esta potencia asiática podría convertirse en el país más viejo de la Tierra. Y los canadienses agregan que, de mantenerse esta tendencia, el último surcoreano moriría alrededor de 2750. No pueden, en cambio, predecir con la misma exactitud qué ocurrirá con el resto de los habitantes de la Tierra. “Confiamos en que mucho antes de 2750, los patrones de población cambien, aunque no podemos predecir cómo ocurrirá. Tal vez la gente se sienta sola y comience a hacer muchos bebés nuevamente. Pero en este siglo, al menos, el declive de la población dominará la economía y la política del mundo desarrollado, y cada vez más también del mundo en desarrollo. China comenzará a perder población en pocos años. Sólo piensen en ello”, señaló Ibbitson al periódico español El Mundo. Por lo visto, nada está escrito.

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