Gonçalo M. Tavares: portugés, prolífico y prestigioso

Gonçalo M. Tavares
Nota a Goncalo Tavares, narrador, dramaturgo y poeta portugues, en hotel de Montevideo, ND 20220713, foto Juan Manuel Ramos - Archivo El Pais
Juan Manuel Ramos/Archivo El Pais

NOMBRES

Es uno de los escritores portugueses más difundidos a nivel internacional, con una vasta obra literaria desplegada en más de un género y también traducida a decenas de idiomas.

Gonçalo M. Tavares es un desconocido a nivel más o menos masivo principalmente en esta parte del mundo. En su país, Portugal, no será una estrella a lo Justin Bieber, pero es relativamente reconocido cuando sale a caminar por la calle. Su reconocimiento empezó a cimentarse cuando uno de sus admiradores, el Nobel José Antonio Saramago reaccionó como tantos consagrados cuando se topan ante un talento extraordinario: con perplejidad. Saramago dijo algo así como que no podía ser que alguien tan joven (en ese momento, Tavares tenía 35 años) escribiera tan bien. Y para rematar el elogio, dijo que tenía ganas de encajarle un sopapo. El talento, a veces, puede dar lugar a esas destempladas reacciones.

Hoy, Tavares recuerda esas palabras de Saramago con una sonrisa y con expresiones de agradecimiento hacia el autor de Ensayo de la ceguera y el Evangelio según Jesucristo. Además, Tavares goza de eso a lo que muchos creadores aspiran, por más que sea un intangible que no sirve para pagar las cuentas: el prestigio.

Hace poco estuvo por primera vez en Uruguay, para hablar de su obra y también algo de su vida. Lo que lo trajo al país fue la publicación de Enciclopedia (HUM), un libro tan difícil de clasificar como debe ser domar la cabellera enrulada que lo acompañó durante la mayor parte de su vida y que ahora empieza a ceder ante el paso del tiempo.

tapa libro Enciclopedia
tapa libro Enciclopedia

No se trata de una enciclopedia hecha y derecha, aun cuando en los textos puede haber un afán clasificador. Antes bien, se trata de a menudo reflexiones de vuelo poético sobre tres tópicos: ciencia, miedo y música.

Un ejemplo: “Las consecuencias profundas de la ciencia se observan en las costumbres de una ama de casa, de un niño de 6 años o de un viejo moribundo. Observa lo habitual en una sociedad, verás lo extraordinario a lo que ha llegado”.

La ciencia, tras la pandemia, cobró una clara notoriedad. En una charla con Revista Domingo, Tavares dijo que en su país también hubo una mayor preponderancia pública sobre el lugar que ocupa socialmente la ciencia. Pero agregó que la religión también fue muy importante para responder algunas preguntas que la ciencia no estaba en condiciones de contestar. “La pandemia trajo de nuevo a la ciencia al centro de la atención. Cuando empezó, yo comencé a escribir Diario de la peste, donde registraba mis sensaciones y pensamientos a raíz de lo que estaba pasando. Y vi que en muchos lugares, en Portugal también, la ciencia ocupó un lugar como de salvadora. Como un Cristo técnico. Pero la religión fue tal vez ainda mais importante durante la pandemia, porque la ciencia no puede dar respuestas a todo. Puede dar respuestas a cosas fisiológicas, pero no espirituales. La ciencia nos salva fisiológicamente. La religión, espiritualmente”. De ahí que no sorprenda encontrarse con que uno de sus muchos títulos es Cómo aprender a rezar en la era de la técnica.

Además, agrega, la ciencia necesita de un componente estético. “La ciencia bella es más seductora que la ciencia fea”, dice entre risas. “Durante la pandemia, muchos científicos estuvieron en televisión. Algunos presentaban gráficos muy feos y otros, muy bonitos. La estética importa, porque ese componente estético ayuda a comprender. No alcanza con el dato duro. A mí me encanta la matemática y la física, aunque no entiendo nada porque es muy difícil. La teoría del caos es muy complicada, pero si tenés una metáfora como la de la mariposa que mueve sus alas en una parte del mundo y en un lugar muy distante de ese mundo se produce un terremoto, eso ayuda”.

Más allá de la ciencia, la literatura de Tavares tiene tantas aristas que a veces puede resultar complicado seguirle el tren. En su obra hay novelas, ensayos, poesía, dramaturgia... El tipo escribe y escribe. Para él, escribir es una necesidad, dice. ¿Y leer? “No, leer es puro placer. Puedo pasar algún día sin escribir, pero no puedo dejar pasar ni un día sin leer. Y esto ha sido así en mi vida desde que tenía 15 años”.

Ha leído tanto que uno se pregunta si en algún momento todas esas lecturas no se amalgaman en una cacofonía de ideas, citas, párrafos, recuerdos. Dice que no, que siempre ha sido así y que él es un lector caótico. Que siempre anda con varios libros encima. Lee unas páginas de uno, luego pasa a otro y luego a otro. Tal vez todas esas lecturas hayan contribuido a gestar un escritor que no se casa con un género o estilo, sino que va de acá para allá, hibridando todo en su prosa.

Y tal vez sean todos esos híbridos que cimentan su estatura como escritor. Una estatura que entre otras cosas se sustenta en todos los idiomas a los que han sido traducidos varios de sus libros. Al respecto, Tavares comenta que actualmente están traduciendo algunos de sus libros al quechua.

¿Cómo se siente, como escritor, sabiendo que la lengua en la que escribe, es mucho más hablada fuera de su país? “Me encanta escuchar otro tipo de portugués. En Brasil, por ejemplo, la sintaxis no es siempre igual a la que usamos en Portugal. En Angola o Mozambique, el portugués tiene otro tipo de creatividad. Personalmente, me gusta mucho. Sé que hay otras personas que se sienten ‘guardianas’ de la lengua que le cae mal que eso ocurra, pero a mí no”.

Con una trayectoria que ya abarca tres décadas, múltiples premios y traducciones a muchos idiomas, ¿le parece que su estatus como escritor portugués ya está consagrado? “No soy la persona indicada para responder esa pregunta”, contesta primero, pero luego dice que efectivamente a veces lo reconocen por la calle, que le comentan cosas de sus libros.

Uno imagina que aquel elogio de Saramago, aún en su intempestiva reacción, debe haber sido un espaldarazo importante. Saramago incluso mencionó que Tavares podría recibir el Nobel. ¿No sintió en ningún momento que alguien tan reconocido como Saramago haya puesto la lupa sobre su escritura fue paralizante?

“No, fiqué muy contento y agradecido por esos comentarios. Yo soy un tipo tranquilo, y bastante estoico. Soy un gran lector de Séneca. Y uno de los postulados del estoicismo es tomar algo de distancia de las cosas tanto buenas como malas”, dice cuando la conversación se va desvaneciendo. ¿Sabía algo de Uruguay antes de arribar? Conocía la obra de algunos escritores como Onetti, pero lo que más tenía presente del país era que dejó afuera a Portugal en el Mundial de 2018.

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