MARÍA INÉS LORENZO
Viernes dos y media de la mañana: la pista de W Lounge se encuentra repleta de jóvenes que no paran ni por un instante de mover su cuerpo sucumbidos por la música electrónica que acapara cada rincón. Unos saltan y gritan compenetrados y otros bailan desinhibidos sobre las tarimas, tras el humo y bajo las luces blancas, violetas y verdes que otorgan especial color al ambiente.
"Es un momento de trance. No se piensa en nada ni en nadie. Desestresa y hace olvidar por un buen rato los problemas", resume en tono fuerte, Inés López (20), y luego saca del bolsillo un silbato y chifla entusiasmada.
La música electrónica o tecno, como también se la conoce, se impuso en Montevideo generando diversos espacios de interacción social entre miles de chicos. A diferencia del pop y el rock, por ejemplo, logró crear nuevas maneras de comunicación, de pensar, sentir, "otros valores", según considera un experto, el músico y antropólogo social Gabriel de Souza, autor del libro Montevideo electrónico (www.montevideolectronico.com)
Según estimaciones, son cerca de 5.000 los jóvenes que concurren a boliches electrónicos, unidos por el gusto hacia la música y el deseo de "escape" o "desestrés", según cuentan ellos mismos. Pero también abundan las diferencias en otros aspectos: la música tecno es una experiencia que "comparten muchas personas con distintos gustos", dijo de Souza.
El escenario de las discos o fiestas tecno (repleto de efectos visuales y sonidos vibrantes) es clave en el relacionamiento. Se trata de un lugar donde vale mucho lo estético: el color de las luces y el humo, por ejemplo. Asimismo, se vive el momento del baile de manera muy intensa, dejando a un costado los problemas que en la diaria angustian, molestan o no interesan, explica el antropólogo, a la vez que sintetiza que allí se incentiva el culto a lo distinto, es decir: a todo aquello que se aleja de lo que es considerado como "lo normal".
LIBERTAD. María Laura Abreu (18) y una de sus mejores amigas, Josefina Duarte (19), concurren prácticamente todos los fines de semana a boliches electrónicos. Entran alrededor de las dos o tres de la mañana a bailar y vuelven a casa como a las seis. Lo que más les gusta de esa movida es que pueden expresar tanto el baile como sus sentimientos con total libertad.
Si bien en las fiestas electrónicas por lo general no existe ningún paso dominante de danza, sí es común que los jóvenes se agrupen en círculos de a tres, cuatro y hasta más personas. Casi todos se mueven como si no hubiera nadie alrededor, y muchos cierran los ojos, alzan sus brazos y realizan excéntricos movimientos con el cuerpo. Otros saltan y recorren la pista y también aparecen en escena aquellos que son más osados y bailan arriba de sillas, tarimas o mesas.
Sin embargo, cada joven está en su mundo, pese a que comparten la misma pasión por la música tecno. "Es un momento íntimo que se trata de vivir al máximo y que sirve para conocerse a uno mismo. Por eso tampoco importa si el que está a tu lado es lindo, feo, gordo o flaco", cuenta Josefina.
Es más: en los reductos electrónicos no hay lugar para conquista alguna. En primer lugar, no se estila sacar a bailar a otra persona. Pero además, los jóvenes tampoco dialogan mucho entre sí porque lo impiden el volumen alto de la música y los efectos visuales y estéticos.
"¿Trabajás o estudiás?", "¿siempre venís acá?" o "mejor vamos a un lugar más cómodo" son frases que no se escuchan en esos boliches. Varones y chicas no concurren con el objetivo de "pescar" a alguna persona del sexo opuesto, como suele suceder con otro tipo de recintos bailables. Esto no quiere decir que no se formen parejas (ocasionales o no) con el punch-punch sonando en los parlantes, pero en general se trata de encuentros espontáneos, donde muchas veces no media el diálogo, sino una comunicación corporal, a través del baile.
Tal como expresa la Dj Paola Dalto, "ellos no van a intercambiar ni a compartir ideas, sino a distenderse y pasarla bien con sus amigos e incluso solos".
Entre luces blancas que no permiten distinguir los rostros, junto a la barra de la disco Kalú, se encuentra Federico González de 24 años, quien durante el día es empleado de una automotora. Observa minuciosamente su alrededor mientras disfruta de los sonidos fuertes de la música moviendo la cabeza de un lado a otro. ¿Su compañía? Un whisky con pomelo. "Vengo a bailar solo más de una vez". Lo que le interesa a Federico es que sus "vecinos" de pista compartan los mismos valores que él: paz, libertad y distracción.
"La música tecno induce a una experiencia que se construye para la mirada de aquellas personas que no comparten los mismos gustos o incluso ignoran esa manera de vivir", explica de Souza.
Se vaya solo o en grupo, allí dentro todos se encuentran unidos por el efecto "desestresante" que genera la música electrónica. En ese sentido es que, según de Souza, en los boliches tecno se proyectan subculturas under-ground donde se manifiestan valores distintos a las de una sociedad conservadora.
LENGUAJE PROPIO. Los chicos que concurren a las discotecas donde pasan música electrónica pertenecen en su mayoría a las clases media y media-alta, aunque también existen recintos para otros grupos sociales. Generalmente se observan más hombres que mujeres, de edades que varían entre 15 y 35 años.
Entre los habitués de los boliches tecno prácticamente no existen estereotipos de vestimenta o peinado, pero sí manejan ciertos códigos que los identifican como grupo, explica el antropólogo Gabriel de Souza.
Por ejemplo, se denominan insiders a aquellos que siempre van a bailar tecno y se conocen aunque sea de vista. Por otro lado se catalogan de outsiders a quienes no comparten la misma pasión por ese género musical aunque concurran al lugar.
"El afán por diferenciarse también tiene su precio en una sociedad que hace sentir en los espacios públicos la represión hacia las diferencias", explica de Souza, y agrega que otra de las características que distingue a los boliches electrónicos es "el respeto a las distintas identidades sexuales".
Juan Pablo Moreira, de 25 años, es homosexual. Mientras bebe un daikiri de durazno en Kalú, confiesa que las disco tecno son los únicos ambientes, además de su casa, donde se comporta tal como es.
"Nadie me juzga ni se mete en mi vida. Puedo estar de la mano con un chico o dándole un beso que está todo bien. Se ve como algo normal", dice naturalmente. Martín, uno de sus amigos gay, asegura que muchos hombres y mujeres encuentran en los ambientes electrónicos un lugar seguro y cómodo para expresar libremente los sentimientos.
Como analiza de Souza, la tolerancia que existe en las fiestas tecno con las distintas prácticas sexuales constituye una vía transitoria de escape de los lugares públicos, donde la homosexualidad se encuentra más reprimida y estigmatizada.
PREVIA Y DJ. "Preparar el clima es fundamental para disfrutar a full la noche", cuenta Inés López, mientras detalla algunos de los comportamientos más comunes que tienen las personas antes de comenzar a bailar.
Uno de los rituales de los jóvenes cuando entran a los boliches electrónicos, por ejemplo, consiste en saludar a las personas que ya conocen, aunque sea de vista, mantener alguna que otra conversación efímera con ellas, y luego observar al resto y marcar de alguna manera su presencia a través del baile.
"Primero hay que entrar en calor para conocer bien la pista, a su gente y sus movimientos", resume Inés. Y añade que una vez que se logra un ambiente íntimo la noche cambia por completo.
En ese instante llega el momento ansiado por todos: la música atraviesa el cuerpo y la razón reposa durante un rato fuera del boliche.
El discjockey juega un papel clave para generar un ambiente distendido, pero que a la vez provoque euforia.
De hecho, el éxito de la fiesta depende de él; es el responsable de transmitir los Beats (golpes graves y fuertes que marcan las secuencias rítmicas de cada canción) a través de la música.
Así como los jóvenes necesitan entrar en calor para distenderse y sentir la música en la piel, el Dj también realiza un reconocimiento y observa comportamientos, para luego hacer "explotar" la pista con los Beats.
Esa suerte de "explosión" es un momento esperando ansiosamente por todos, y aparece en escena cuando los habitués ya tienen incorporada la música en el cuerpo, por lo que se sienten más preparados para disfrutar de las vibraciones electrónicas.
De ahí que la comunicación entre los Dj`s y los chicos sea absolutamente interactiva. Se genera un continuo feedback, dice el Dj Gustavo Bravetti.
ESTIMULANTES. "Si no se toma alcohol o algo que estimule, y si tampoco hay efectos visuales, no se disfrutan tanto las vibraciones de la música electrónica", confiesa sonriendo Sofía, de 20 años, quien solicita que no se mencione su apellido.
El consumo de alcohol, energizantes, drogas, y el volumen alto de la música, las luces, y los distendidos movimientos que adopta el cuerpo a lo largo de la noche, reflejan el escenario en donde estar estimulado parece ser indispensable para mantenerse en pie hasta altas horas de la madrugada, asegura de Souza.
Si bien la mayoría de los consultados señalan que tanto el alcohol como los energizantes ganan terreno a pasos agigantados en el momento de ingerir alguna sustancia para divertirse, también admiten que las drogas están presentes, aunque no todos las consumen.
"Hay muchos, como yo, que fuman marihuana antes de entrar al boliche, pero también están aquellos que adentro ingieren químicos y quedan muy volados", cuenta Sofía, al tiempo que asegura que eso se da de igual manera tanto en hombres como en mujeres.
Según el antropólogo de Souza, las sustancias que se asocian con las fiestas electrónicas son las llamadas "drogas de diseño". Se tratan de químicos sintéticos muy costosos como las anfetaminas, bolas, ketaminas, cartones del tipo LSD, éxtasis o MDA, que a diferencia de la marihuana, por ejemplo, generan un "cuelgue total" o un "viaje", en el que se altera la conciencia de la persona a tal punto que se llega a perder la noción del tiempo y el espacio.
Independientemente de lo que los jóvenes elijan o no para vivir de manera intensa las vibraciones de la electrónica, existe un motivo que los impulsa a actuar de esa manera y guarda relación con una sola palabra: libertad.
En palabras de de Souza: "Ellos encuentran en la noche un escenario ideal para liberar tensiones porque ni Dios ni las instituciones modernas parecen mirarlos. El control lo impone cada uno".
Internet es centro de gran movida tecno
Si bien los jóvenes escuchan y bailan con frecuencia la música electrónica en discotecas, la vinculación que ellos tienen con el género no se limita únicamente a esos espacios nocturnos, explica la Dj Paola Dalto.
Sin ir más lejos, Internet se ha convertido en uno de los medios preferidos por los fanáticos del punch- punch a la hora de buscar un momento de recreación o des-estrés, asegura Dalto.
Cientos de jóvenes navegan por la web diariamente, buscan e intercambian distintos materiales sobre la movida tecno. Sofía, de 20 años y María Laura Abreu, de 18, por ejemplo, bajan de Internet más de tres veces a la semana distintas fotografías y materiales escritos de sus Dj`s favoritos.
"En la web existen distintos foros y sitios interactivos a través de los cuales ellos pueden intercambiar no sólo canciones electrónicas sino también infinita cantidad de textos informativos: desde fechas de eventos musicales, hasta el origen del estilo, desarrollo y mucho más", expresa Dalto.
A través de Internet, en los últimos diez años, se ha formado una suerte de comunidad virtual que ha creado nuevos códigos de lenguaje que, por cierto, influyeron bastante en los gustos musicales de los adeptos al género.
"Actualmente, las nuevas generaciones tienen cada vez más orientada su sensibilidad hacia la música electrónica, cosa que antes no pasaba tanto, y ello se relaciona con solamente un aspecto y es el desarrollo que ha tenido la sociedad", dice Dalto.
En definitiva, y según el Dj Álvaro Quartino, la música electrónica crece en la medida en la que avanza la tecnología.
Boliches con onda electro
Los reductos para mayores de 18 años más reconocidos donde se baila música electrónica en Uruguay son:
La pista electrónica de la disco W Lounge, que se encuentra en la Rambla y Sarmiento (Parque Rodó).
Key (ex Milenio). Boliche 100% electrónico ubicado en Ciudadela 1467.
Kalú, en Juan Carlos Gómez 1323; Love, en Mercedes 753; Lotus, que se encuentra al pie de la Torre Uno de World Trade Center; Central, en Rondeau 1383 y Sonic, en Buenos Aires 584.
Esas discotecas están abiertas todos los fines de semana y el precio de las entradas varía de acuerdo a la noche, es decir, si hay performances de Dj`s especiales y si incluyen o no consumición de bebida. Por lo general, el costo mínimo es $ 70 y el máximo $ 200.
Space, La Morocha y Crobar. Están ubicadas en Punta del Este, abren en verano y el precio de las entradas oscila entre $ 200 y $ 300.
La cifra
5.000 Cantidad estimada de personas mayores de 18 años que concurren por fin de semana (viernes y sábado) a discos que pasan música tecno.