Este uruguayo desafía las aguas heladas de Europa y salió tercero en campeonato mundial

Sergio Bianchini nada en aguas cuya temperatura es de 5 grados o menos; se prepara para mejorar aquella posición en el próximo torneo en Estonia

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Sergio Bianchini, nadador de aguas heladas

"A veces hasta perdés lasganas de nadar”, se ríe Sergio Bianchini (59). Es entendible. Está acostumbrado a bracear en aguas que espantarían a cualquier uruguayo. Pero él no es cualquier uruguayo ni cualquier deportista. Es quien puso 3 minutos 51 segundos en una carrera de 200 metros para llevarse la medalla de bronce en el último campeonato mundial de natación de hielo (o de aguas heladas) en la categoría 55-59 años y actualmente entrena para mejorar esa posición en el próximo a disputarse en marzo en Estonia. ¿A cuánto estará la temperatura del agua? El reglamento de la International Ice Swimming Association (IISA) indica que no puede superar los 5 grados.

Sin embargo, Bianchini, sanducero de nacimiento y residente en Suiza, ha estado en aguas al borde de la congelación por mucho más tiempo y dice que, si se entrena, es tolerable; pero la diferencia con una carrera de 100 —en la que llegó cuarto aunque en la clasificación había llegado tercero— o 200 metros es la velocidad por lo que no hay tiempo para acostumbrarse. “Ni siquiera sentís si estás braceando. Los últimos 150 metros los nadás por inercia, para salir y sobrevivir”, cuenta a Domingo.

El nadador dice que, por cuestiones de seguridad, una persona sin entrenamiento solo puede permanecer un minuto por cada grado de temperatura del agua. Y vale aclarar que parte de la gracia es no utilizar traje de neopreno. “Es sentirse vivo. Quedás todo el día con una energía increíble”, promete para el que se anime a seguir el ejemplo.

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Sergio Bianchini, nadador de aguas heladas

La prueba más extrema que completó hasta el momento fue darle la vuelta al lago Lemán (el mayor lago de Europa occidental, compartido entre Suiza y Francia). Ya lo había cruzado —aproximadamente 12 kilómetros— en 4 horas y 50 minutos, pero rodearlo implica nadar unos 170 kilómetros. La travesía la completó en 11 días —dos de ellos tuvo que esperar en tierra por una granizada que bajó aún más la temperatura del agua y lo obligó a usar neopreno— con periodos de nado de hasta ocho horas ininterrumpidas. “Salía para comer y dormir y, al otro día, me tiraba al agua en el mismo punto”, relata. Él cargaba su propia alimentación. Bianchini confiesa que, al final de la hazaña, tuvo que apurarse porque tenía que volver al trabajo.

Solo una vez se sintió mal. Y eso que el agua no estaba “tan” fría, dice. Nadó dos horas con una temperatura de 12,3 grados (se cuentan las décimas porque importa cada una de ellas) pero tuvo que salir porque estaba padeciendo un principio de hipotermia (esto sucede cuando la temperatura corporal desciende por debajo de los 35 grados; en un caso leve, por ejemplo, puede caer hasta los 32 grados). Tuvo escalofríos y temblores intensos. Afortunadamente, fue solo un susto. Aunque fue suficiente para empezar a nadar con un acompañante que lo vigila desde la costa, en particular, cuando se enfrenta a las temperaturas que requiere un entrenamiento para participar del campeonato del mundo. “Salgo cuando empiezo a no sentir ni las manos ni los pies”, aclara.

REGLAS DE UN DEPORTE QUE QUIERE SER OLÍMPICO

La natación en hielo o en aguas heladas consiste en nadar en un agua (lagos, ríos, océanos o piscinas) con una temperatura máxima de 5°C sin ninguna ayuda para soportarla; es decir, el nadador solo puede usar un traje de baño estándar, un par de lentes y un gorro de silicona. No se permite usar traje de neopreno en una competencia oficial.

La temperatura se mide no más de 30 minutos antes del inicio de la prueba y se utilizan tres dispositivos.

El desafío no consiste solo en nadar una distancia determinada a la mayor velocidad posible, sino también en afrontar las duras condiciones, luchar contra el frío y superar los límites de la fuerza física y mental. La International Ice Swimming Association (IISA) cubre distancias desde los 50 metros hasta los 1.000 metros (aunque hay eventos específicos más largos pero sin fines competitivos) en todos los estilos y en las categorías masculina, femenina y especial. Se considera que una prueba es de mayor riesgo si presenta al menos uno de los siguientes factores: la temperatura del agua es de 2°C o menos; la sensación térmica es de -15°C o menos; la distancia es superior a los dos kilómetros; o la altitud es de 2.440 metros.

Uno de los objetivos de esta asociación es que este se transforme en un deporte olímpico. La IISA, además, organiza pruebas polares.

Con frío y calor.

Bianchini dice que no hay que olvidar que el agua puede ser traicionera. El primer minuto en contacto con el agua helada provoca un gran impacto en el cuerpo y en la mente pero asegura que, luego de ese shock inicial, “te vas a sentir realmente confortable” —en el siglo XVIII se recomendaba esta terapia para tratar el raquitismo y la fiebre— y ahí es cuando hay que prestar atención. “Vas a estar tentado de quedarte un poquito más porque pensás que estás bien pero ahí es cuando llegan los temblores y estos serán peores cuando salgas a un medio que está más caliente”, explica. Uno de los riesgos en el agua fría es que la persona aumente rápidamente la velocidad de su respiración, lo que incrementa las posibilidades de que trague agua y de que disminuya el flujo sanguíneo que llega al cerebro, lo que causa desorientación.

Lo más curioso es que la vez que se sintió peor fue por nadar en las condiciones contrarias. Un verano, en uno de sus últimos viajes a Paysandúpara visitar a su familia, se sumó a la travesía a nado por el río Uruguay desde la Meseta de Artigas hasta la capital departamental, es decir, unos 100 kilómetros. Nadó 50 y un poquito y tuvo que recibir ayuda. El calor le provocó hipertermia. “Nadé en condiciones que no eran las mías y exploté de calor”, cuenta a Domingo. Se rehidrató y recién al día siguiente pudo completar el recorrido.

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Sergio Bianchini, nadador de aguas heladas

Otra prueba extrema que realizó fue el cruce de las islas de la Salvación hasta la costa de Guyana que son los mismos 11 kilómetros que nadó Henri Charrière, más conocido como Papillon, para escapar de la cárcel ubicada en la isla del Diablo, enfrentándose a poderosas corrientes. La historia fue adaptada al cine en dos ocasiones. Bianchini fue el primer uruguayo en lograrlo tras seis horas de nado.

También ha cruzado el Estrecho de Gibraltar y el Canal de la Mancha.

Bianchini practicó deportes toda su vida. Pasó por el fútbol, básquetbol, artes marciales y waterpolo. En esta última disciplina fue dos veces campeón nacional con el Club Remeros Paysandú. Curiosamente, dejó de nadar cuando se mudó a Suiza en 1988. No volvió a meterse a una piscina hasta 2004 cuando lo hizo obligado como parte de una rehabilitación tras una cirugía de rodilla.

Un día, cerca de su ciudad, organizaron un evento benéfico por el que había que nadar 24 horas seguidas. Se anotó para nadar 100 metros —el mínimo— y terminó haciendo cinco kilómetros. Al año siguiente se inscribió de nuevo y nadó 14 kilómetros; al otro año, 27 kilómetros; y al siguiente, 39 kilómetros. Entonces alguien le habló del cruce del lago Lemán y fue la primera vez que probó el agua helada. Todos los días nada entre tres y cinco kilómetros y aumenta la distancia cuando se aproxima una competencia.

Hoy entrena para disputar su segundo campeonato mundial en Estonia, donde se enfrentará a las temperaturas más bajas de su vida: se calcula que el agua estará a unos 2 grados. De su reciente visita a Uruguay se lleva una gorra de silicona con la bandera nacional.

Bianchini lidera desde hace unos años un grupo de natación de vecinos que van todos los días a pegarse un chapuzón sin importar la temperatura del agua. “Cuando mi cerebro me dice ‘estás loco, está frío, hoy no salgas’, es cuando voy sin falta”, asegura.

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