"Es un show business nerd"

Gonzalo Frasca es uno de los capos uruguayos en videojuegos, y su trabajo es reconocido a nivel mundial. Sostiene que hay futuro en el país para este campo gracias a que la industria tiende hacia los "casual games".

 20110326 679x600

LEONEL GARCÍA

La oficina de Gonzalo Frasca (38), en su empresa Powerful Robot Games, podría ser un museo o un santuario para todos aquellos que alguna vez se fanatizaron con un joystick. Hay un muñeco del erizo Sonic de Sega y del bigotudo Mario de Nintendo. También hay un mini Homero Simpson, un Reverendo Alegría y un Gremlin. Hay un afiche del videojuego La guerra de los clones, uno de los orgullos de esta compañía uruguaya. Hay posters de las Chicas Superpoderosas y de los Monty Phyton. Hay cuadros con dibujos del Pac Man y del Tetris hechos a mano por sus respectivos creadores, Toru Iwatani y Alexey Pazhitnov. Hay varias consolas -pequeñas, coloridas, de aspecto frágil y latoso- que harían parecer al venerable Atari 2600 como un artilugio de última generación. "Las encontré en una volqueta, por la calle Palmar. Cuando las estaba sacando pasó un carro: `Flaco, vos estás más desesperado que nosotros`, me dijeron".

Gonzalo -barba prolija y canosa; lentes de armazón grueso; gorra que gusta ponerse "para las fotos"; remera de "Castro Boy", como el niño robot japonés pero con barba, habano y sombrero revolucionario- recuerda la anécdota con una sonrisa. Su empresa ha tenido, y tiene, entre sus clientes a Warner Brothers, Disney, Cartoon Network, Pixar, LucasFilms y la BBC. En otras habitaciones de la casa, sobre la calle 21 de Setiembre, nueve empleados, todos veinteañeros, muchos de ellos autodidactas, están concentrados en tres proyectos: uno para Inglaterra y dos para Estados Unidos. "Trabajamos para varios estudios, varios proyectos, videojuegos para películas que se están por lanzar...".

A ese nivel, cuando los clientes son multinacionales del entretenimiento reconocibles aún para quien tenga la vida de un monje tibetano, los contratos de confidencialidad llegan a los centenares de páginas. Por eso, cuando el fotógrafo se acerca a esas habitaciones, Frasca vigila bien qué es lo que se ve en las pantallas. "Yo tengo que estar al lado para supervisar bien qué es lo que pueda salir, así sea un grafiquito. Para trabajar con ciertas compañías hay que ser medio paranoico". ¿Podría el socio fundador y director creativo de Powerful Robot decir de qué películas se trata? "Podría, pero luego tendría que matarte", ríen él y Castro Boy. "Estamos terminando la producción de uno, comenzando la de otro y haciendo preproducción del tercero. De empresas, la única que puedo nombrar es Warner".

futuro. Frasca -catedrático de la Licenciatura en Animación y Videojuegos de la Universidad ORT; licenciado en Comunicación en la Universidad Católica; con una maestría en Información y Tecnología en el Georgia Institute of Technology, EE.UU; doctorado en Videojuegos en la IT Universidad de Copenhague, Dinamarca- dice que lo suyo se mueve en tres dimensiones: tecnología, arte y negocio. Y sobre este último factor, afirma que hay futuro en Uruguay si se le añade mentalidad emprendedora.

Hay tendencias mundiales que juegan a su favor, asegura. Si bien seguirán existiendo juegos de gran tamaño para consolas o computadoras cada vez más sofisticadas, en el mercado está creciendo el atractivo por los llamados casual games, aplicaciones pequeñas para teléfonos celulares o Internet (muy frecuentes en las redes sociales). Estos han ayudado a un aumento del número de jugadores entre la población adulta y femenina. "Ya no es más `la Barbie de la nena y el Nintendo del varón`, como canta el Cuarteto de Nos", sostiene.

"Básicamente se está tendiendo hoy hacia juegos más chicos. Juegos online y para celulares, arcades, puzzles, que salen `monedas`. Juegos sociales en Facebook, para entretenerse con tus amigos, tus conocidos, tomarse revancha en un jueguito de fútbol con aquél que te cagaba a goles en la escuela... Yo creo que hay un cambio de cabezas. Es como lo que ocurrió en la década del 50 con la televisión y el cine. En ese momento se pensó: `uy, qué terrible, se acaba el cine`. Y no fue así. Hoy como que se está `televisando` el mundo de los videojuegos. Y eso es bueno, a países como nosotros -donde no hay miles de personas trabajando en este rubro- les sirve", explica.

Como ejemplo, un juego pequeño para iPhone, calcula, puede valer entre 10 mil y 20 mil dólares e insumir de uno a seis meses de trabajo.

moverse. Frasca nació en 1972. Señala que en ese mismo año salió a la venta el Pong, sencillísimo y (entonces) adictivo simulador de un tenis de mesa que muchos consideran el primer videogame de la historia. Entre sus favoritos de la infancia recuerda al Tank y al Phoenix, una versión mejorada del mítico Space Invaders. "Yo llevo los videojuegos en la sangre".

Gonzalo vivió, estudió y trabajó en Estados Unidos y en Dinamarca. En 2002, fundó en Uruguay Powerful Robot junto a su socia Sofía Battegazzore. En aquel entonces, algún empleado le confesó sufrir el recelo familiar por eso de ganarse la vida diseñando macaquitos, software basado en la animación y en los cómics. Muchos megabytes pasaron bajo el puente. Los juegos oficiales para Internet de la serie La guerra de los clones de La guerra de las galaxias son suyos; los relacionados a la nueva serie de Scooby-Doo, actualizados online semanalmente junto a los capítulos, también. Esta empresa solo trabaja para el exterior. De hecho, la página web (www.powerfulrobot.com) está en inglés.

Para este diseñador, el mercado del videojuego en Uruguay va para arriba por una simple razón: es pequeño y son pocos los quijotes ("habrá cien, no más") que están friéndose los sesos creando. No siente que haya diferencias entre un profesional local y uno extranjero. "Lo único que te hace falta es conocimiento técnico y que te guste hacerlo. Es un laburo muy particular. Hacer videojuegos es una especie de show business nerd. Es parte negocio, parte tecnología y parte arte. Tenés que cazar estas tres dimensiones y ponerle garra, ¡como en el fútbol!".

Gonzalo -amante de series de tevé como Misfits; admirador de Alfredo Zitarrosa y Johnny Cash, "que creo son la misma persona"; DJ ocasional en La Ronda; capaz de leerse de un tirón un libro de 500 páginas sobre la tecnología para hacer escarbadientes, "tal es mi nivel de locura"- sí cree que en Uruguay "aún falta cabeza de negocios". No en vano, de sus varias facetas -docente, diseñador, investigador, conferencista, bloguero y columnista- coloca la de empresario en un rol preponderante. "En este país eso parece mala palabra, pero es fundamental. Como los clientes están afuera, contactarse con uno te sale miles de dólares en viajes, alquilar autos. Es mucho dinero. Y yo voy a Hollywood a buscar laburo".

No cree en quedarse quieto esperando la oportunidad. Sí cree en políticas como el Plan Ceibal para familiarizar en la informática a las futuras generaciones. También en apuestas académicas como la Licenciatura en la ORT (iniciada en 2010) de la cual es catedrático, además de otros proyectos tecnológicos en la Universidad de la República. También tiene fe en el Concurso Nacional de Videojuegos, que él mismo coorganiza, y que este año va por su sexta edición. Nota movimiento. "Cuanto más gente haya con inquietudes, más fácil vas a conseguir gente mejor formada. La competencia interna sirve y es bienvenida. Hace falta más masa crítica".

prejuicios. Aunque daría en el pysique du rol del típico nerd que tanto hizo difundir Hollywood, aunque relacione a su negocio con ese estereotipo, Frasca prefiere el término geek (anglicismo que habla de alguien fascinado con la ciencia y la tecnología). "Aunque ser nerd ahora está de moda. Pero ya marché, ya no estoy soltero".

Ser nerd estará de moda, pero los prejuicios existen. Está el del tipo imbecilizado frente a una consola, o -más aggiornado- el adicto al Farmville del Facebook. Persiste el concepto de juegos violentos y nocivos para los usuarios. Frasca le pone el pecho a las balas, aunque sean las de un mercenario de algún software de first person shooter (tirador en primera persona), aquellos videojuegos que, dice, siguen siendo los más populares en Occidente.

"Los prejuicios existen. Unos están fundados y otros no. Hoy, a nivel cultural, los videojuegos son importantes y nadie lo puede negar. No creo que existan videojuegos peligrosos sino parámetros. Hay algunos que, aunque a mí me gusten, no se los daría a un niño, de la misma manera que no le dejaría ver una película de Tarantino. Pero de ahí a que haya un videojuego malo de por sí, no creo. Y el miedo al adicto existe, pero es como el Quijote, hace 500 años, que enloqueció leyendo libros de caballería. Vos no te volvés loco por un juego, por un libro o por un disco. Es un prejuicio que existe desde hace años pero que ha cambiado mucho. Es que ni bien esta industria comenzó a hacer plata (N. de R. Varios expertos calculan que para 2015 este mercado alcanzará a nivel mundial los US$ 90.000 millones)... los seres humanos son muy hipócritas".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar