GABRIELA VAZ
"¿Qué pensás de la nueva pareja de tu mamá?" "¿Cuál? ¿El pendejo?" El diálogo, entre risas y guiños cómplices, tuvo lugar hace unos días en el living televisivo de Susana Giménez, donde la siempre descontracturada Sofía Gala hacía referencia al último novio de su madre, apenas cuatro años mayor que ella. Es que Moria Casán (55 años) no se cansa de contar que está saliendo con un chico de 23 años, a quien ha bautizado su sex toy (chico juguete). Puede sonarle a antojo farandulero, pero lo cierto es que la vedette argentina es un ejemplo más de una suerte de moda mundial que en Hollywood se viene plasmando en varias duplas: Demi Moore, de 42 años, y su marido Ashton Kuthcer, de 27; Mira Sorvino, de 38, y su esposo Chris Backus, de 24; o Madonna, de 46 años junto a su compañero Guy Ritchie, de 36.
Las parejas con gran diferencia de edad -o "intergeneracionales", como prefiera llamarlas- no son un tema privativo de los famosos, ni mucho menos. Por el contrario, muchos aseguran que se trata de una tendencia general cada vez más fuerte. Y si bien los ejemplos mencionados son todos de mujeres con hombres más jóvenes -que la prensa estadounidense ha tildado maliciosamente sex toys-, ello es noticia porque tal situación carga con un peso social negativo y era muy poco frecuente, mientras que un hombre salga con una mujer menor es normal a ojos de terceros, aún cuando la diferencia de edad sea abultada.
BÚSQUEDAS. Para algunos, en esto se encuentra la explicación de que tanto hombres como mujeres se quejen de no conseguir pareja porque "no hay" suficientes solteros del sexo opuesto. Sí, hay, el problema radicaría en saber hacia dónde mirar, teniendo en cuenta un mayor desfasaje de edades: cuarentones con veinteañeras, treintañeros con cincuentonas, y todas las combinaciones que imagine, con distancias de 15 ó 20 años entremedio.
Pero, ¿se trata realmente de una tendencia o tan sólo ahora se ven más casos que antes? Para el psicólogo de parejas Álvaro Alcuri es difícil establecer un patrón. No obstante, asegura que decididamente han aumentado las uniones informales, y en ese marco puede haber un incremento de parejas intergeneracionales. "Hay más parejas desparejas, de todo tipo y color, porque no tienen un objetivo en la vida definido o muy formal. No calibramos diferencias porque no nos preocupa mucho qué va a pasar después, el destino ulterior. Te conocí, me gustaste, tengo un romance y vivamos el momento", define el terapeuta.
¿Qué busca una persona cuando inicia una relación amorosa con alguien con quien mantiene una notoria diferencia de edad? ¿Los motivos de esa unión difieren mucho de los de una pareja de la misma generación? Muchas veces estas relaciones se sustentan en el anhelo por lograr el contacto con las vivencias de la etapa que transita el otro, afirma la sexóloga Carolina Villalba.
"La persona mayor puede gustar de las características del joven: mirar al futuro, la agilidad física, el manejo más libre frente a los problemas, la espontaneidad, el idealismo fervoroso y la mayor energía sexual. No es raro buscar contagiarse de eso, porque se necesita recuperarlo, o porque nunca se vivió", reflexiona Villalba.
A su vez, destaca que al joven le puede atraer la experiencia, el mayor realismo, más solidez en las ideas y concepciones de vida, más estabilidad emocional, más compañerismo y una sexualidad más enriquecida. "Los mayores tienen una construcción más erótica de la sexualidad, que aporta otros juegos y otros tiempos, lo que puede resultar atractivo frente a la impulsividad del joven".
De hecho, la especialista aclara que los problemas sexuales no son especialmente más frecuentes en este tipo de parejas. Incluso vale apuntar que, desde el punto de vista de la libido, mientras el hombre tiene su mayor potencia sexual a los 17 años, la mujer vive su "pico" a los 40. "Si hay atracción, buen nivel de deseo y seducción, el sexo no varía por la edad de los integrantes de la pareja".
Algunos entendidos señalan que detrás de estos vínculos suele haber necesidades psicológicas no resueltas. Por ejemplo, desde el lado de los más jóvenes, una mujer buscaría una figura paterna que la proteja o un hombre necesitaría entablar una relación edípica que lo dirija.
Pero también asumen que eso se ajusta sólo en ciertos casos, y para nada puede generalizarse, ni mucho menos establecer un patrón.
Moda o tendencias aparte, la verdad es que esas uniones generan mucha curiosidad y dudas en el entorno. ¿Por qué él está con ella? ¿Qué hace ella al lado de él? Se ven bien, se ven mal. La mirada del afuera puede ser determinante en el desarrollo de una relación.
"En ocasiones tener el entorno en contra se vuelve un desafío que alimenta y fortalece la pareja. Incluso a veces es la lucha con el medio lo que la mantiene unida. Cuando el afuera no los mira más, dejan de encontrar motivos para estar juntos", dice Villalba.
Los otros son importantes, pero no decisivos, opina el terapeuta Alcuri. "El contexto social está presente, no vivimos en una isla desierta, pero incide menos. Cada vez más, las parejas se establecen por criterios más individuales, menos vinculados a grupos de pertenencia. Influye menos la opinión de la familia, por ejemplo".
DISTINTOS. En realidad, los principales escollos que deben enfrentar son sus propias diferencias. Aunque varios creen que estas relaciones están destinadas a ser transitorias y no estables, su futuro depende nada más -ni nada menos- de coincidir en un proyecto de vida.
Con eso resuelto, las distancias son salvables. "El éxito o fracaso de una pareja cualquiera se puede deber a diferencias que no son percibidas cuando iniciamos la relación. Al principio, aunque uno viva en la selva y el otro sea esquimal, pensamos que va a estar todo bien, por esa creencia romántica de que las diferencias -sociales, culturales, económicas, de edad- no van a afectar el enamoramiento. Pero después, cuando queremos encaminar una vida compartida, cuesta conciliar esas diferencias".
Ser capaz de entrar en el círculo social del otro, comprender sus hábitos, acompañar sus costumbres, dejarle sus espacios y tener proyectos en común son algunas de las claves.
Claramente un hombre de 50 años que ya no está interesado en tener hijos no podrá mantener una relación duradera con una chica de 25 que se proyecta con un bebé.
En las relaciones con diferencia de edad, las personalidades y la etapa que transita cada uno suele ser el principal atractivo para el otro. Sólo es preciso saber armonizar objetivos y tolerar las distancias. "La liberalización de las costumbres es fantástica. El tema es ver si resulta", concluye Alcuri.
A las mujeres también les gusta desafiar la edad
Demi Moore le lleva 15 años a Ashton Kutcher (27), con quien se casó en terceras nupcias. De su relación con Bruce Willis, quien opinó que el matrimonio de su ex es "estupendo", tiene tres hijas. Los allegados aseguran que Kutcher se lleva muy bien con ellas.
Los 25 años de distancia entre Michael Douglas (62) y Catherine Zeta Jones (37) no parecen impedimento alguno. La pareja formalizó en el 2000 y tienen dos hijos, un niño de 6 años y una niña de 4. Es el segundo matrimonio de él, por el cual es padre de Cameron, de 26 años.
Luego de la promocionada relación con su entrenador personal, con quien tuvo una hija, Madonna (46) se fijó en Guy Ritchie, un director de cine 10 años menor con quien se casó en el 2000. Lo más difícil para él fue congeniar con la niña de 5 años que tiene la cantante.
Son sólo algunos de las más conocidas parejas intergeneracionales, que tampoco faltan por aquí. La uruguaya Natalia Oreiro (30) y su marido Ricardo Mollo (49), líder de la banda Divididos, son uno de los ejemplos más famosos por estos lares.
No aceptar la madurez puede causar sufrimiento
El llamado "síndrome de Peter Pan" -sufrido por aquellos que no pueden evitar el culto a la eterna juventud, y así se comportan más allá de su edad- puede ser, para algunos, motivo para la búsqueda de una pareja mucho menor. ¿Cuáles son sus características? La psicóloga Natalia Trenchi explica que en este grupo entran muchos tipos de personas. "Algunos son simplemente adultos jóvenes que por determinantes funcionales o económicas siguen viviendo en la casa paterna y/o materna, lo que les prolonga su rol como `hijos`, manteniendo ciertas áreas de inmadurez. Otros son `esclavos de la juventud` que no toleran la idea del paso del tiempo y luchan por seguir siendo eternos adolescentes. Esta situación implica una gran carga de tensión, angustia y frustración ya que es una meta imposible de cumplir. La no elaboración del crecimiento y la maduración genera dolor, gasta energía y conduce inevitablemente a grandes sufrimientos, de no mediar un cambio interno".
Modelos de los niños
Los hijos pequeños suelen ser los primeros afectados por los conflictos, vaivenes y condiciones generales de una pareja. ¿Incide en algo para el desarrollo de un niño que exista una diferencia abultada de edad entre sus padres?
Para la psicóloga infantil Natalia Trenchi, dado que se trata de los adultos más significativos en sus vidas, de ellos les afecta todo. "Son sus modelos, voluntaria o involuntariamente. Lo que realmente importa es la disponibilidad emocional de sus padres, la calidad del encuentro afectivo, la seguridad sobre su amor incondicional. El factor edad poco tiene que ver con eso. Si los padres logran generar ese clima óptimo, sus hijos se desarrollarán emocionalmente de la mejor manera posible. Algo clave es cómo vive la pareja su diferencia de edad, porque eso será lo que le trasmitan a sus hijos. Si pesa en contra, lo van a percibir. Si logran la felicidad independientemente del almanaque, los niños aprenderán que la edad no es más que un número".
Algo parecido sucede cuando, luego de separarse, alguno de los padres forma pareja con alguien de otra generación. "Si la separación es bien manejada, se respetan los tiempos de adaptación de los niños y la nueva pareja se basa en el amor y la madurez, la edad podría pasar a un segundo plano. Si por el contrario, la diferencia marca la `adolescentización` brusca de alguno de sus padres que busca compañía excesivamente joven, o la búsqueda de seguridad económica o de cualquier tipo en una persona significativamente mayor es muy probable que los niños estén expuestos a situaciones que no los favorecen".