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Doscientos años de la primera declaratoria de independencia: ¿por qué no se la recuerda?

Fue producto de una "breve y mal organizada" revolución; historiador explica este momento de la Provincia Oriental

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<i>Como muere un oriental</i>, de Juan Manuel Blanes

El 29 de octubre es la declaración de independencia olvidada”, decía el mensaje de José María Olivero, jefe de la División Historia del Departamento de Estudios Históricos del Estado Mayor del Ejército. La efeméride era más interesante: hoy se cumple el bicentenario. ¿Doscientos años de un hecho histórico no merecen un feriado (de preferencia mañana)? El historiador rompió la ilusión enseguida pero empezó un relato más que interesante: “Fue una revolución fracasada que no servía para la gloria del mito de los orientales imbatibles”. ¿Qué pasó ese día para que Olivero diga que no hay “ámbito oficial ni académico que recupere su recuerdo”?

El principio de esta historia es el 7 de setiembre de 1822. Ese día, el príncipe Pedro de Braganza establece la independencia del entonces Imperio del Brasil. Y fue un chispazo para un sector de la población oriental que quería dejar de vivir bajo el dominio extranjero. Pero, a juicio de Olivero, eligieron un mal momento para una “breve y mal organizada intentona revolucionaria”.

Había varios factores en su contra. Uno era que las Provincias Unidas del Río de la Plata no hacían gala de su nombre (con una pica importante entre Santa Fe y Entre Ríos) y no se contó con su apoyo tal como sí sucedió en 1825. Otro fue que tampoco había adhesión a la interna. Por ejemplo, el brigadier Fructuoso Rivera prefirió seguir con sus fuerzas jurando fidelidad al nuevo monarca de Brasil (años después Juan Antonio Lavalleja le recriminó la traición). Por otra parte, el Cabildo de Montevideo, que encabeza la campaña, era abiertamente antiartiguista por lo que no contó con el apoyo de aquellos que habían seguido al Jefe de los Orientales. No obstante, compartían un propósito que quedó firmado en la declaratoria de 1823 y ratificado en la de 1825: el deseo de pertenecer a las Provincias Unidas.

Con todo, el 29 de octubre de hace 200 años, el Cabildo de Montevideo tomó una trascendente resolución que, a la larga, quedó como un ensayo de lo que se volvió a hacer el 25 de agosto de 1825. Promulgó tres artículos votados por unanimidad: el primero declara írritos, nulos y criminales los actos de unión a Portugal, el segundo declara nulas y sin valor las actas de incorporación de los pueblos de la campaña al Imperio del Brasil realizados por la fuerza, el tercero establece que la Provincia Oriental no podía pertenecer a otro poder que al de las Provincias Unidas. Todo quedó en los papeles. El gobierno de Buenos Aires no respondió, dado que no consideraba posible una guerra con semejante enemigo. El 28 de febrero de 1824 ingresaron las fuerzas brasileñas en Montevideo y la Provincia Cisplatina pasó a ser oficialmente una de las 20 estrellas de la bandera y escudo imperial del Brasil. “Fue una revolución derrotada”, resumió Olivero en diálogo con Domingo.

Parte del “olvido” en la difusión de estos actos en la historia se debe al rol que jugó Rivera y al uso de la figura de Artigas. El futuro primer presidente del país eligió permanecer “con los opresores”, recordó Olivero, por lo que décadas después no se eligió promover la importancia de una revolución que, además de fallida, “dejaba mal parado al fundador del Partido Colorado. Respecto al prócer, no se lo ensalzaba por lo que no servía para la construcción de su figura de héroe nacional.

La razón del fracaso y, en consecuencia, del olvido del primer intento de declaratoria de independencia fue el timming.

Otra fue la historia en 1825. Para ese año se consiguió el apoyo de las Provincias Unidas y el esfuerzo revolucionario se realizó desde el interior del país hacia las ciudades (Montevideo y Colonia) repitiendo la experiencia artiguista. Por otra parte, se evitó mencionar en forma expresa la figura de Artigas y que Buenos Aires no ejerciera su oposición centralista.

Con todo es lógico cuestionar si realmente era necesario el levantamiento de 1823. La respuesta de Olivero es que les mostró a los participantes que era importante superar sus diferencias para finalmente proceder en conjunto. Y, en este sentido, el historiador cree que la pintura Así muere un oriental, de Juan Manuel Blanes (foto principal) resume el espíritu de este intento independentista que merece ser recodado 200 años después a pesar del resultado. “En ese cuadro uno no sabe quién el soldado ni se sabe a qué momento de la revolución pertenece; pero es el oriental dispuesto a morir para vencer a su enemigo. Y eso marca el triunfo de su revolución”, concluyó Olivero.

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