EL PERSONAJE 

Diego Presa: "Compongo canciones casi todos los días de mi vida”

Tras cuatro años de intensas giras con El Astillero y el parate por la pandemia, el músico sacó su cuarto disco solista y, también, una colaboración con la actriz argentina Julieta Díaz.

Diego Presa
Foto: Marcelo Bonjour.

Diego Presa abre la puerta de su casa, ubicada en el Centro, cerca de donde vive Jorge Nasser. Invita un café tan intenso como a veces es su voz cuando canta. Es cantante y compositor casi desde que arrancó a tocar la guitarra, cuando tenía 16 años. Y a pesar de que tiene varios e importantes logros musicales en su haber, para muchos sigue siendo un artista “de culto”, lo cual muchas veces equivale a prestigio antes que a fama.

Puede que en eso influya el hecho de que allí donde pone sus melodías, letras y voz —sea como parte de un proyecto colectivo o por su cuenta— queda flotando en el aire un aroma a introspección, melancolía y seriedad.

Él mismo parece ser un tipo medio "seriote", más allá de que nunca alguien es una sola cosa. Pero repasemos. Presa llegó a la música no de manera espontánea, sino como resultado de un proceso. Cuando arranca la conversación, menciona que hace unos días fue a ver en vivo a Martín Buscaglia: “Me gusta mucho lo que él hace, es muy talentoso. Y me puse a pensar que él nació en una familia con tradición artística, con padres y amistades de sus padres que se dedicaban a eso. Es como que su vocación estuvo signada por esos factores y de alguna manera eso se nota en el universo que él construyó”.

Él, en cambio, llegó a la música luego de un camino que califica como “lento”. Aún así, hubo una figura familiar que fue referencia: “Mi abuelo era músico, uno semiprofesional, que también componía sus propios tangos y milongas”, rememora. De ese abuelo, piensa, pudo haber “heredado” el impulso de autor, el hecho de componer sus propias canciones. Si se iba a dedicar a la música, el de la composición sería el camino.

De todas maneras todavía no había tomado, en los hechos, esa decisión. Eso llegó cuando ya había cursado los años liceales (en tres liceos diferentes) y estaba en el segundo año de la Facultad de Psicología. Abandonó esa carrera porque se dio cuenta de que su mundo sería el de la música, no el de la psicología.

La primera banda que integró se llamó La Banda Barroca, que se separó tras unos pocos años (“Tocábamos bastante”, recuerda). ¿Cuál sería el próximo paso? “Con amigos de la escuela y del barrio, empezamos a pensar en hacer algo juntos, algo que nos obligue a mantener nuestra amistad a lo largo del tiempo. ‘Compartamos un proyecto’, fue más o menos lo que nos dijimos. Y así nació Buceo Invisible”.

Buceo Invisible (él es originalmente de ese barrio) fue, precisamente, un “proyecto” durante casi 10 años. No hacían conciertos. Hacían “muestras”. No era, estrictamente, una agrupación musical sino que abarcaba otras disciplinas como la poesía. Y no era un colectivo que se esforzara demasiado por estar en ciertos lugares, ni difundir lo que hacían de manera más o menos convencional. Como él mismo dice ahora, él y sus amigos estaban acostumbrados a que nadie les prestara demasiada atención y parecían contentos con eso.

Pero en un momento decidieron abrir la cancha, invitar a más gente al mundo que estaban construyendo. Eso requería un cambio de actitud, otra manera de vincularse con el afuera y no fue traumático. De ese cambio de actitud surgió el primer álbum de Buceo Invisible, Música para niños tristes, publicado en 2006. Fue, dentro de lo que era y es nuestra escala, un “terremotito”, una revelación.

tapa disco Buceo Invisible
Primer disco de Buceo Invisible.

Presa acota que por supuesto nunca se había imaginado que el debut discográfico de Buceo Invisible sería tal. De repente, se vieron en ese lugar al cual no estaban acostumbrados.

Esa repercusión obligó a ese colectivo musical-artístico a comportarse de otra manera. “Empezamos a prestarle atención a otras cosas, a ensayar más, a tocar más en vivo, a intentar sonar cada vez mejor...” En otras palabras, el disco los conminó a ponerse los pantalones largos, madurar rápidamente y comportarse de manera más unida y profesional.

Pero aunque pueda no parecerlo, Presa tiene también un espíritu inquieto, que no se queda demasiado tiempo en un mismo lugar sin moverse.

Cuando la banda empezó a andar por un camino de mayor escrutinio público, él comenzó a sentir que mover esa estructura acorde a sus ritmos internos no iba a dar los mejores frutos, ni para él ni para el grupo que integraba.

“Siempre escribí mucho y soy riguroso a la hora de hacerlo. La composición de canciones es algo que está presente prácticamente todos los días de mi vida”, cuenta. Ese “output” de canciones no iba a entrar en Buceo Invisible así como así y seis años después de “Música para niños tristes”, presentó su primer trabajo en solitario, titulado con su nombre. De ahí en adelante, sacó tres discos más.

En total, entonces, tiene ocho discos: cuatro suyos y cuatro con la banda en la que es la voz principal.

Esa voz es, también, instantáneamente reconocible. Nunca tomó clases de canto y para él sigue siendo un misterio por qué su voz suena como suena, por qué el cantar se le ha dado de una manera que parece tan natural. Eso, dice, sigue siendo un enigma.

Diferente es el caso del escenario. Recuerda que era frecuente que, antes de cada concierto, se pusiera nervioso y se apoderara de él una “angustia sin nombre”, opaca e indescifrable. Pero de unos años a esta parte, esas angustias empezaron a ausentarse cada vez más de sus estados de ánimo antes de salir a encontrarse con el público. “De vez en cuando, una vez cada tanto, me vuelvo a poner nervioso, pero cada vez menos. No sé si hubo un momento decisivo en el cual eso empezó a cambiar. Fue más un proceso, me parece, que se dio en los últimos años”, explica y desde afuera no es difícil imaginar que en todo eso puede haber tenido que ver el éxito que tuvo el trío El Astillero, que integró junto a Franny Glass y Garo Arakelian desde 2016 a 2020 

Cuando se encontraba en lo que sería la recta final del trío, llegó la pandemia y Presa se encerró a componer y grabar Cuarto, su más reciente trabajo y un cambio de rumbo para él. Sonora y autoralmente, “Cuarto” es otro Diego Presa aunque él aclara que cambiar por el mero hecho de hacerlo no le interesa. El cambio, para él, tiene un propósito, un sustento artístico firme.

tapa disco Diego Presa
tapa disco Diego Presa

Pero eso no quiere decir que haya un cálculo más o menos “comercial”, para llegar a cierto público. Pero aunque no lo haya calculado, lo cierto es que en algún momento se topó con una oportunidad extraordinaria: hacer música junto a la actriz argentina Julieta Díaz, como chiquicientas veces más famosa que él, con muchos papeles en televisión y cine. Un verdadero batacazo que redundó en el EP (seis canciones) titulado “El revés de la sombra”.

tapa disco Julieta Díaz - Diego Presa
Canciones a dúo.

“Por supuesto que quiero que se escuchen mis canciones y por supuesto que sabía que ella es muy famosa, pero tampoco es que yo supiera que es una gran cantante, ¿no? Porque supongamos que luego de empezar a hablar por redes sociales —ella había descubierto la música de El Astillero y lo que hice en otras oportunidades, y me contactó— la hubiese escuchado cantar y no era buena cantando... No hubiésemos colaborado. Pero tiene una voz preciosa y escribe letras muy buenas. Lo que se plasmó en ese EP está muy bien y tenemos planes de hacer más en el futuro, porque luego de que salió seguimos componiendo juntos”.

Ahora, está deseando poder viajar a Buenos Aires para seguir colaborando con Díaz y, en algún momento, presentar en vivo esas canciones que nacieron durante la pandemia en un ida y vuelta entre Montevideo y Buenos Aires. “Es a lo que aspiramos, a tocar estas canciones en vivo”, dice antes de despedirse y cerrar la puerta de su casa, en la que ven la luz muchas de las canciones que lo definen como artista.

Sus cosas

una guitarra
La del abuelo
“Esa”, dice y agarra una que está en la cocina contra la pared. Cuenta, es la primera que hizo el luthier Manuel Ameijenda (papá de otro luthier, Ariel Ameijenda), y que el primero hizo para el abuelo de Presa (“Mirá”, dice, “ahí está el número: 01”) y data de 1957. Con ella compone y graba habitualmente.
un escenario
Teatro Solís
Luego de haber tocado en prácticamente todos los escenarios más importantes del país, el cantante y compositor elige uno que es especial para él, tal vez porque ahí hizo uno de los primeros conciertos de El Astillero: “El Solís. Tiene una fuerza especial. Es como que resuena la ciudad. Es la historia de Montevideo también”.
Un libro
"2666", de Roberto Bolaño
“Una genialidad, un viaje duro pero de una belleza impactante”, dice como motivación para su elección. También dice que la obra poética de Bolaño es superlativa. Otro de sus escritores favoritos es Leonard Cohen, y recomienda con fervor no solo escucharlo sino leer las dos novelas del canadiense.


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