Incidente en Las Piedras volvió a poner a los "patovicas" en el ojo de la tormenta. En Renaemse la definen como una tarea "de contención física y no de agresión".
LEONEL GARCÍA
La ley los denomina como prestadores de seguridad privados. A nivel empresarial, es común que se usen palabras como "guardias", "control" o la aggiornada security. Pero para el argot callejero y nocturno son y serán los "patovicas" de las discotecas, un término de origen argentino, de inocultables connotaciones peyorativas.
"No es una actividad fácil", dice el inspector mayor Juan Carlos Vázquez Román, director del Registro Nacional de Empresas de Seguridad (Renaemse), entidad dependiente del Ministerio del Interior que registra y controla esta actividad. "Es una tarea de contención física y no de agresión", agrega. Empresarios y trabajadores del sector opinan igual, y sostienen que usar la psicología y el sentido común son condiciones fundamentales para cumplir esa tarea, considerada útil y necesaria para que miles de personas puedan gozar de la noche.
Pero todo aquel que haya tenido más noches que un seminarista ha conocido o presenciado (o incluso sufrido) situaciones de violencia que los ha tenido como protagonistas. Aquí salta a la luz la peor cara de los patovicas y tal vez la más difundida: la de "ursos" problemáticos y agresivos, que arremeten primero y preguntan después; si es que en algún momento preguntan.
"Esas situaciones han pasado y no nos sirve. Como en todas las profesiones, hay gente que trabaja muy bien y de las otras. Y por estos últimos casos es que esta profesión está mal vista", señala John Medina, un security y custodio con 15 años de experiencia, que compensa sus 1,68 metros de altura con 101 kilos de peso de pura masa muscular. "Tus límites son muy claros. No podés agredir, lesionar o golpear a una persona. No podés trabajar sino tenés mucha psicología".
Un reciente suceso que puso a los patovicas en el ojo de la tormenta: ocurrió en la madrugada del sábado 30 en la discoteca Oz, de Las Piedras. Como resultado, un joven de 20 años, Joaquín Berrondo, quedó con el pómulo izquierdo a la miseria tras un incidente con un guardia de seguridad (ver nota aparte).
acción. "A mí, como al 90% de los que estamos en esto, me contactaron en un gimnasio donde hacía pesas y artes marciales; fue un compañero que ya trabajaba en seguridad que me vio `pasta`", afirma Medina. Los responsables de las empresas del ramo -ex securities en su gran mayoría- coinciden en que las recomendaciones de gente de confianza son la principal forma de "reclutamiento".
"Nosotros buscamos gente que no sea agresiva, con sentido común, cintura, que no vaya al choque, que dialogue, que sepa resolver situaciones evitando sacar a una persona", agrega Pablo Santos, gerente de operaciones de Sildan Trading, una importante empresa del ramo que tiene a Inn, Lotus y W entre su clientela.
Tanto en Sildan como en Ronin, otra empresa que "abastece" de guardias a unos 15 boliches de Montevideo y Canelones, aseguran que en su staff son muy apreciados los individuos con conocimientos en artes marciales. "Son gente con disciplina, la cabeza más centrada, saben `trabar`, conocen los puntos de presión para inmovilizarlo, no toman anabólicos como varios de los típicos `brazos gordos`, que muchas veces tienen fuerza y nada más", afirma Óscar Cúneo, asesor de seguridad de Ronin.
Para estar habilitado a cumplir esta tarea, un security debe aprobar un curso teórico de 21 horas de duración (sobre marco legal, primeros auxilios, relaciones públicas, legítima defensa), debe pasar un test psicológico y no tener antecedentes penales. Todo esto es revisado por Renaemse. La habilitación es por un año, luego del cual debe ser renovada. Tener un físico privilegiado no es un requisito exigido, pero es una necesidad que se cae por su propio peso, sobre todo como elemento disuasorio que imponga "respeto".
En la noche cualquier chispa puede encender un incendio. Se toma como un axioma la expresión "donde hay alcohol, hay problemas". Pero también puede ser una mirada "de pesado", un empujón que tira un vaso al piso, pasarse de listo con la novia de otro y un largo etcétera. La droga y sus efectos es un factor unánimemente señalado.
"Por decirlo de alguna manera, y sin querer discriminar, donde hay más `planchas`, hay más problemas", afirma Marcelo Arias, jefe de seguridad de Coyote y con experiencia en numerosos boliches. Pero ninguna clase social está a salvo de tirar la primera piña. En la ya desaparecida Montevideo News -nada plancha- John Medina sufrió una golpiza a manos de un equipo de rugby.
Una palabra a tiempo puede calmar a las fieras. "A veces he sacado a gente muy nerviosa afuera, les hablo, los calmo y me terminan dando la mano y diciéndome que soy un caballero", cuenta orgulloso Arias, quien trabaja para Ronin. Jura y perjura que jamás dio un golpe, lo que no deja de ser tranquilizador ya que sabe boxeo, defensa personal y hace pesas.
Pero otras veces el diálogo no sirve de nada. Cuando una persona se descontrola, la orden de las empresas es inmovilizarlo y retirarlo. Vázquez Román, de Renaemse, habla del "uso progresivo de la fuerza": "No pueden agredir. Si hablando no logran traer la calma, hay que contener a la persona desacatada a través de los brazos y las manos, ¡pero sin lastimarlo!" Llegado el caso, la defensa propia está permitida "como con cualquier persona". Claro que ahí puede intervenir la Justicia y con ella, la posibilidad para el guardia de perder el empleo. No son pocos los casos de trabajadores agredidos, incluso por una repentina "alianza" entre los mismos dos parroquianos que segundos atrás se estaban dando a mansalva. La teoría es una cosa; la realidad, otra.
"Hay que partir de la base que sacar a una persona de un boliche ya es un hecho violento", indica Cúneo, consciente que siempre serán vistos como los malos de la película. "Si sacamos a tu amigo, por el motivo que sea, somos los culpables; y si alguien se hizo el vivo con tu hermana, y nadie vio nada, también".
Pablo Santos, de Sildan, grafica la dificultad de definir la delgada línea roja entre las limitaciones a su accionar y lo que puede ocurrir en las noches: "Siempre estamos al filo de la cornisa".
controles. La necesidad de mayores inspecciones por parte de Renaemse es unánimemente reclamada por las empresas, sobre todo debido a la competencia informal. "Donde no hay controles, todas las situaciones peligrosas se multiplican", afirma Pablo Santos. Un experiente guardia consultado para esta nota asegura que en diez años jamás recibió una inspección.
Según Vázquez Román, en Renaemse hay registrados "entre 350 y 400" guardias de seguridad en discotecas en todo el país. El número parece muy exiguo, más si se toma en cuenta que según calculan las empresas, debe haber uno cada cien asistentes a un local bailable. Una nota del suplemento El Empresario, de este mismo diario, del 20 de noviembre de 2009, decía que semanalmente salen a bailar 121.351 jóvenes de entre 15 y 35 años solo en Montevideo. Definitivamente, hay números que no cierran. "Debería haber más gente habilitada", reconoce el director de Renaemse.
Vázquez Román asegura que han mejorado los controles que ha hecho este organismo. "De marzo, cuando asumí, a hoy, aumentamos de 19 a 42 funcionarios, lo que nos permite hacer inspecciones nocturnas, aleatorias y sorpresivas, que antes no hacíamos".
En total han detectado de 30 a 40 irregularidades semanales, aunque aclara que estas situaciones refieren a todo lo vinculado a las distintas empresas de seguridad y no solo a las que trabajan en discotecas. Las fallas más notorias que detectaron en estos últimos casos es el guardia no habilitado o con una habilitación vencida. "Sí he notado más voluntad de blanqueo, una mayor afluencia de empresarios registrando a sus trabajadores", afirma el funcionario.
Pese a ello, admite varias carencias. Según el director, hacen falta 50 efectivos más para mejorar los controles. Vázquez Román reconoce que, a falta de un sistema informático adecuado, tienen un gran déficit en el tema estadístico. Es por eso, asegura, que no tiene contabilizadas las denuncias a patovicas por uso excesivo de la fuerza ni las altas y bajas por ese motivo.
También considera poco exigente el curso teórico que se imparte a los aspirantes a guardias. "Tiene una carga de solo 21 horas, es algo muy elemental".
VIOLENTOS. Hay otro elemento en el que coinciden las empresas de seguridad: una habilitación de Renaemse no es una garantía definitiva. "Muchas veces te comés la pastilla: el tipo sorteó el control psicológico y a la hora de trabajar, salta la liebre", asegura Santos. Ahí, el "uso progresivo de la fuerza", la "contención", se transforma en violencia lisa y llana. Los malos de la película pueden pasar a serlo en la vida real.
El filtro, en estos casos, son las evaluaciones internas, la supervisión y el control a cargo de sus funcionarios de confianza. En el caso de Sildan, Medina es uno de ellos. Hoy es encargado de seguridad del Club Orensano, pero supo trabajar en lugares tan disímiles como W, el Interbailable y Tres Perros. "Si habré conocido gente a la que le gustaba pelearse. Si una persona no habla, va al choque enseguida, no usa la psicología, ya no sirve".
El director de Ronin, Fernando Cáceres, también se basa en sus encargados para que una persona permanezca en el staff. Es que la prueba de fuego es en el lugar de trabajo. "Si yo llamo al encargado y me dice que Fulano es medio nervioso, que no agota las alternativas previas, que en alguna situación se portó de manera violenta, lo terminamos echando".
Llamémosle Federico. Mide casi dos metros y pesa unos 120 kilos. Durante tres años trabajó como guardia, sobre todo en boliches de la Costa de Oro. Y ha sido testigo de situaciones que alimentan las peores versiones de los patovicas.
"Uno de mis compañeros tenía tendencias muy violentas. Los tests decían que era una verdadera `bomba de tiempo`. Y seguía trabajando, y teniendo líos", cuenta. Sus encargados le decían que tenían prohibido pegar en caso de problemas en los bailes. "Pero obviamente, había gente que pegaba. Y si eso pasaba se hacía una contradenuncia. ¿Cómo eso eso? Un seguridad X le pega a una persona, luego se hace pegar por un seguridad Y, y se deja una marca. Y se hace la denuncia diciendo que el cliente pegó primero". También vio a algunos de sus ya ex colegas vender drogas dentro de los establecimientos. Los controles que tuvo en Renaemse fueron mínimos. Federico dejó esta actividad, a la que no piensa volver.
"Lamentablemente, por la actitud de algunas personas la gente no simpatiza con nosotros. Siempre hay manzanas podridas", concluye Medina.
"Me tomó del cuello y perdí el conocimiento"
Una radio a pilas, un celular y un Play Station portátil hicieron más llevadera la semana y media que Joaquín Berrondo (20) pasó en el Hospital Pasteur. La cara destrozada de días atrás, producto de múltiples fracturas, ya mostraba signos de desinflamación. Hoy ya está en su casa. La cirugía plástica que estaba prevista fue aplazada. En su lugar, se le hará un seguimiento en la Policlínica del Pasteur. Y cuenta qué le pasó en la madrugada del 30 de octubre, en la discoteca Oz de Las Piedras.
"Estaba en la barra de afuera con dos amigos, tomando cerveza. Y viene el patovica éste con otros y dice que nos vayamos, nos empuja. No sé por qué, al lado nuestro había algunos fumando porro, pero nosotros no. Yo le digo que no me empuje, que sé caminar, y me daba igual contra la gente. A mis dos amigos los sacan por adelante, pero a mí me llevan para el fondo. `Seguro, ahí me vas a pegar`, le digo. `¿Estás de vivo?`, me dice. Ahí me toma del cuello con el brazo, me asfixia y pierdo el conocimiento. Me desperté en la ambulancia".
El resto lo sabe por lo que le contaron sus amigos. "Me dijeron que los patovicas me dieron contra unas chapas de hierro, me caí al piso y me daban patadas en la cara". La nota de El País del 3 de noviembre indica que en la propia discoteca los responsables del lugar le limpiaron las heridas. De eso, él no recuerda nada.
Desde la empresa encargada de la seguridad de Oz, Ronin, la versión no es la misma. Óscar Cúneo, asesor de seguridad, dice -aclarando que se basa en lo que le contó su personal- que eran Joaquín y sus amigos quienes estaban fumando marihuana, y que éste se desacató a la hora de pedirles que se retiren. "Entonces comienza un forcejeo con el guardia, lo traba con los brazos y se tropiezan. Cuando van cayendo, el security lo suelta y ahí el chico se lastima". Asegura que se le prestó al joven asistencia a las heridas y que no tiene información sobre las denunciadas agresiones en el piso o contra chapas de hierro.
El parte médico de Joaquín señalaba: "Fracturas multifragmentarias a nivel de las paredes anterior y postero-externa del seno maxilar, arcada cigomática y pared externa de la órbita izquierda. Ocupación parcial del seno maxilar por sangre". Al cierre de esta edición, el caso está en la etapa de presumario en el Juzgado Penal de Las Piedras.
Ingreso extra de dinero
Un trabajador en regla percibe entre 256 y 600 pesos la noche, de acuerdo al lugar, su experiencia o su cargo; uno "en negro" puede ganar mucho menos ("y la relación precio-calidad es notoria", señala Pablo Santos, de Sildan). Es considerada una entrada complementaria de dinero. Ergo: nadie vive de esto. El grueso de los guardias tiene entre 25 y 45 años. No hay plata "extra" por persona retirada de la discoteca.
La mayoría de los guardias son funcionarios de empresas de seguridad. A ellas, Renaemse les pide un seguro de responsabilidad civil de 50 mil dólares, y un seguro para fianzas de 1.500 UR.
En líneas generales, se entiende que en un baile con público veinteañero los problemas son más numerosos pero más controlables; si los asistentes andan por los 30 es más tranquilo, pero si se arma es en serio. Si la que se desacata es una mujer, solo puede ser retirada por una guardiana. En caso de no haber ninguna, se llama a la Policía.