COMPORTAMIENTO 

La asexualidad, la cuarta orientación sexual

La asexualidad define como la falta de atracción por el sexo y hoy es entendida como una orientación sexual en sí misma. 

La asexualidad se considera una orientación sexual
La asexualidad se considera una orientación sexual

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Para él siempre fue un problema pensar en tener relaciones sexuales con otra persona. El sexo no le interesaba en absoluto. No tenía ninguna intención de practicarlo e incluso, cuando sus amigos en la adolescencia hablaban de eso, él prefería cambiar de tema. Nada de eso le preocupaba hasta que tuvo a su primera novia formal. Ella quería tener relaciones sexuales, y eso a él no le llamaba la atención. “Antes de conocer sobre la asexualidad, creía que esto que me sucedía era algo que solo yo padecía. Si bien no me molestaba porque era algo que no me interesaba para nada, sabía que me iba a traer problemas a la hora de formar una pareja y una familia. Y definitivamente eso sucedió”, dice Juan (nombre ficticio), 39 años.

No es algo de lo que se hable con frecuencia y, en general, quienes son asexuales suelen pensar que tienen un problema o una enfermedad que no les permite tener relaciones hasta que deciden consultar con especialistas. La asexualidad es, de acuerdo a la AVEN (Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad), la falta de atracción sexual, definida como “la intención de mantener contacto sexual con otra persona”, explica Santiago Cedrés, médico internista, sexólogo y miembro de la Academia Internacional de Sexología Médica.

Es necesario, dice Cedrés, diferenciar la falta de atracción de la falta de deseo, entendida esta última como “la ausencia de interés por recibir estimulación sexual”. En ese sentido, agrega, “algunas personas pueden tener deseo sexual pero tiene que ver con una descarga fisiológica. No sienten deseo sexual en el sentido de una relación que implica a otro. Pueden manifestar excitación sexual y respuesta sexual física, aunque hay ausencia de un aliciente a nivel psicológico que motive en interés por ejecutar conductas sexuales”.

Santiago Cedrés, médico internista y sexólogo
Santiago Cedrés, médico internista y sexólogo

Actualmente la asexualidad es entendida como una orientación sexual en sí misma. “Se plantea que es la cuarta orientación sexual, siendo las otras tres la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad. Aunque también se la define como la falta de orientación sexual”, sostiene el sexólogo.

De acuerdo a un estudio realizado por el psicólogo canadiense Anthony Bogaert, entre 1 y 3% de la población mundial es asexual. “A esta cifra habría que sumarle todas las personas que no se declaran asexuales, más aquellas que no conocen la existencia de tal condición y por lo tanto aún no saben qué es lo que les sucede”, dice Cedrés.

En Uruguay, en tanto, “son pocas las personas que declaran ser asexuales. Muchas llegan a la consulta sin haber oído nunca sobre la asexualidad”.

Cuando Juan se puso de novio con una chica, decidieron consultar con un especialista sobre el problema. “Al principio de la relación, ella se frustraba mucho y yo tenía miedo de perderla”, cuenta. “Estuvimos mucho tiempo sin tener relaciones hasta que decidimos encarar el tema porque nos estaba distanciando”. Desde entonces todo fluye con normalidad.

“Lo más importante es la comunicación en la pareja. Al respecto, cuando nos decidimos a consultar, fue un antes y un después. La verdad creía que sería el fin, suponía que vendrían consultas y tareas sexuales que me complicarían la existencia y terminaría quedando solo. Pero afortunadamente me equivoqué y resultó que ahora me conozco más y disfrutamos de mayor intimidad con mi pareja”, cuenta.

Las personas que se definen como asexuales sienten atracción física, estética y romántica por los demás. La diferencia, explica Cedrés, es la “falta de interés en las experiencias sexuales específicamente de tipo genital. Quienes se describen asexuales se plantean capaces de tener pareja y disfrutar de la misma, disfrutar de caricias, besos, abrazos, etcétera. Pero se mantienen alejados de las prácticas sexuales genitales, ya que las mismas no existen como una necesidad”.

Los prejuicios y la falta de información sobre el tema genera que, muchas vecesm a las personas les cueste reconocerse como tales o que crean que tienen una patología, trastorno o trauma reprimido.

“Cuando era chica, nunca me gustaba nadie. Cuando, entre compañeritas, nos confesábamos de quién gustábamos, yo mentía. Decía que me gustaba el mismo que a la mayoría para que no me miraran raro (...) Cuando llegó la pubertad y toda la revolución hormonal eso se me hizo más evidente. Me gustaba algún chico, pero lo mío no pasaba por el deseo voraz de querer tocarlo o besarlo, sino de compartir tiempo con esa persona. Los hombres podían atraerme intelectualmente, artísticamente, sentimentalmente, pero eso no se traducía en algo físico. Sentía la presión de ser sexual, claro, pero genuinamente no tenía tanta curiosidad ni la obsesión que veía alrededor por el tema”, contó Cecilia, argentina, en una entrevista con la revista Ohlalá, de La Nación. “Las veces que me relacionaba con varones que querían tener lo que para mí era demasiado sexo, terminaba por sentirme rara y presionada. De hecho, en la adolescencia, algunos me recomendaban que fuera al médico porque para ellos, lo que me pasaba no era normal. ‘Los seres humanos somos animales y los animales tienen el instinto de reproducirse’, me decían. A veces parecía que yo era menos que un animal”, agregó.

La asexualidad no tiene que ver con una “aversión al sexo”. “Tiene que ver con el desinterés”, agrega Cedrés. Y dice, respecto a los prejuicios, que se fundan en lo que siempre se han sostenido: “Sucede lo que ha sucedido a lo largo de la historia con la sexualidad cuando se aparta de lo esperable, de lo ‘normal’. Ello implica que sea considerado como no adecuado”.

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